Chilezuela  

Sebastián Piñera

En cualquier momento Juan Guaidó empieza a marcar en la Cadem. Desconocido en su país – por el bloqueo mediático de la dictadura – el Presidente "encargado" se ha convertido en un actor político más de nuestro país, al ser citado, alabado e incluso entrevistado para dar cuenta de la oposición política en Venezuela.




Durante los últimos 90 días, Santiago es lo más parecido a Caracas que se puede encontrar en Sudamérica. No sólo porque ya hay más de 300 mil venezolanos viviendo en Chile, sino que porque en las últimas semanas nuestro debate político ha sido capturado por la discusión sobre la crisis que afecta a Venezuela y sobre el desenlace que podría ocurrir en los próximos días.

En efecto, en cualquier momento Juan Guaidó empieza a marcar en la Cadem. Desconocido en su país – por el bloqueo mediático de la dictadura – el Presidente "encargado" se ha convertido en un actor político más de nuestro país, al ser citado, alabado e incluso entrevistado para dar cuenta de la oposición política en Venezuela. También ha habido enfrentamientos en las calles cercanas a la embajada de Venezuela – entre comunistas nostálgicos y venezolanos de verdad-, marchas masivas en la Plaza Italia, y decenas de debates, columnas y opiniones que no dejan a nadie indiferente. Venezuela ya es parte de Chile, no sólo por los miles de hermanos venezolanos que ya son parte de nuestro día a día, sino porque su lucha se ha transformado en una causa mundial y nosotros jugamos un rol fundamental en el futuro que se viene.

Por eso la izquierda está incómoda: les molesta Chilezuela. A más de un año de la elección que perdieron por paliza, el resurgimiento de esa palabra y de ese sentimiento los conecta con las emociones que llevaron a muchos chilenos a elegir a Sebastián Piñera y a rechazar a la izquierda. "A mí no me gustaría tener un país como Venezuela", dijo la entonces candidata a diputada Erika Olivera, buscando representar el sentir de muchos chilenos. No lo hizo, por cierto, para menospreciar al pueblo venezolano, su riqueza o su cultura. Al contrario, lo hizo para reforzar el fracaso de la revolución bolivariana y el caos social, político y económico al que había llevado a ese país. Los chilenos rechazaron el socialismo fracasado de la izquierda latinoamericana y eligieron una alternativa que caminaba precisamente en sentido contrario.

Por lo mismo, hoy se alzan las voces en contra del viaje del Presidente Piñera a Cúcuta. Porque más allá de la ayuda humanitaria, ese viaje representa el deseo de muchos chilenos de enfrentar con decisión a Maduro y de poner fin a la dictadura en Venezuela, que de lograrse, implicaría la derrota definitiva del socialismo en el cono sur. Al igual que Lula, Cristina, Rafael Correa y la propia Michelle Bachelet, la caída del Chavismo terminaría por dejar asentado que ese sueño de la Patria Grande, no fue más que una pesadilla y que la libertad volverá a triunfar en Latinoamérica.

¿Con qué argumentos se critica al Presidente Piñera? Eso es lo más curioso de todo. Se usa la gestión de las emergencias y la política exterior, como los flancos supuestamente débiles de la actual administración.

Primero, habría que tener un poco de pudor para hablar de gestión de emergencias desde la Concertación o la Nueva Mayoría. Las muertes del Tsunami de 2010 aún son muy recientes (y el video de la desorganización de la Onemi sigue estando en internet), como para venir a dar lecciones. Pero no sólo eso, sino que los fracasos en la emergencia y reconstrucción de cada uno de los terremotos que ocurrieron en el mandato de Michelle Bachelet y los incendios que asolaron Valparaíso y el sur de Chile, son la prueba viva de la inexperiencia e incapacidad de mando de la izquierda para afrontar estas circunstancias. Sin duda las cosas se pueden hacer mejor, pero ambos Gobiernos del Presidente Piñera en esta materia nunca han fallado. Además, si hay algo que se puede cuestionar a la figura presidencial es su excesivo involucramiento en estas instancias y no su ausencia, como busca establecer la oposición en estos días.

Segundo, el fracaso de la política exterior. Argumentando que el viaje es un error en el contexto multilateral y que roza el populismo, al sumarse a un espectáculo de carácter político y no humanitario, la oposición ha cuestionado que el Presidente asuma esta causa de manera personal. Nuevamente, la oposición cae en una contradicción profunda, cuando precisamente la política exterior de los últimos 8 años de Gobierno no fue sino una causa personal de Michelle Bachelet, guiada por la ideología y no por el multilateralismo.

Solo por recordar, sus dos Gobiernos terminaron con viajecitos de placer a Cuba. El primero, para salir corriendo a saludar a Fidel; el segundo, para darle un abrazo de despedida al retirado Raúl Castro. Durante 8 años, los Gobiernos de izquierda fueron cómplices pasivos del auge y consolidación de Chávez y Maduro, y nada hicieron por cuestionarlos ni menos enfrentarlos. Finalmente, los únicos logros a nivel internacional, fueron el posicionamiento de personal de algunos de sus líderes en cargos de relevancia, pero salvo el honor nominal, con escaso impacto para país o su política internacional.

Si la izquierda quiere criticar al Presidente Piñera por su cruzada en contra del régimen de Maduro en Venezuela, va a tener que buscar una mejores argumentos que los exhibidos hasta ahora. Ni la gestión de emergencias ni la política exterior son activos en el patrimonio de la izquierda y sus emplazamientos son ineficaces, considerando el tremendo tejado de vidrio que cubre sus cabezas.

Al contrario, si persisten en ese camino, el fantasma de Chilezuela seguirá rondando y alejándolos aún más de la posibilidad de volver a La Moneda el 2022, porque los chilenos seguirán teniendo una prueba viva del fracaso del socialismo y del modelo que no quieren ver en Chile ni ahora ni siempre.

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