Desmenuzando el round Damon versus Taylor: una lectura completa

El hombre de Blur dijo en una entrevista que la estadounidense no escribía sus canciones; ella salió a responderle vía twitter que eso era falso. Recibió el apoyo hasta del presidente electo de Chile, Gabriel Boric. ¿Qué tanto sustento hay en lo que dijo Damon Albarn? ¿Cuánto de la obra de Taylor Swift ha sido coescrita con otros músicos? ¿Cuánto de esta polémica tiene que ver con un titular arrojado como anzuelo? Aquí, un par de respuestas.




Sucedió hace unos días con Bono. Según los titulares, el líder de U2 odia su voz, el repertorio y el nombre del conjunto. En una época como esta, donde la avalancha informativa obliga a vuelos rasantes sobre encabezados sin detenerse en lecturas detalladas -crecen así polémicas donde pocos se toman la molestia de repasar la noticia íntegra-, el caso de Bono era ejemplar, sumado a la eterna necesidad de la prensa por vender contenidos con titulares provocativos.

Lo que realmente dijo fue a) le incomoda su interpretación en el debut Boy (1980) b) Miss Sarajevo es su canción favorita c) el nombre U2 entusiasmaba más al manager.

Ayer sucedió algo parecido tras la réplica vía Twitter de Taylor Swift a las declaraciones de Damon Albarn en Los Angeles Times. El líder de Blur, veterano de la guerra del britpop donde la prensa montó un perfecto campo de batalla para batirse con Oasis -o sea, sabe de bravuconadas vía periodistas-, lanza una pachotada, y se lee pasado de rosca en un ambiente poco propicio para el viejo estilo confrontacional del rock: Taylor Swift, una de las estrellas pop más grandes de los últimos 15 años, “no escribe sus propias canciones”. En escasas horas, el asunto se convirtió en tendencia y cisma generacional entre la Generación X, millennials y centennials, involucrando al presidente electo Gabriel Boric.

El tema lo sacó a colación el crítico musical Mikael Wood a cargo de la entrevista, citando el nombre de la cantante como ejemplo de “una excelente compositora”. Cuando Wood corrige al británico por negar el crédito a Swift -“coescribe”, le apunta-, Albarn detalla los matices entre la composición solitaria y el trabajo compartido.

A los 53 años y con tres décadas como profesional de la música de clase mundial, ha escrito en ambos formatos con Blur, Gorillaz y como solista, entre diversos proyectos que lo distinguen como un artista insoslayable.

En sus dichos, Albarn reconoce que no es una condición indispensable ser autor para la calidad de un cancionero.

“Eso no significa que el resultado no pueda ser realmente bueno”, argumenta. Luego cita el caso de Ella Fitzgerald. “Nunca escribió una canción en su vida”.

Damon se quedó corto. Elvis Presley y Frank Sinatra tampoco componían sus canciones.

Lo evidente en la entrevista que versa sobre otros asuntos como el nuevo álbum The nearer the fountain, more pure the stream flows, la vida de Albarn en Islandia donde ahora tiene ciudadanía, sus impresiones sobre Los Ángeles y los 25 años de Blur, el álbum homónimo que les dio su único gran éxito en EE.UU. -Song 2-, es que no le entusiasma mayormente la obra de Taylor Swift.

Se queda con Billie Eilish.

“Es más oscura, menos optimista”, sentencia.

***

“Escribo TODAS mis propias canciones”, retrucó la aludida, furiosa y desilusionada.

Tiene razón, aunque Damon Albarn no faltaba completamente a la verdad.

Con nueve álbumes desde el debut con solo su nombre de 2006, que reportan 114 millones de unidades en el planeta, Taylor Swift figura en absolutamente todos los créditos de sus canciones. La gran mayoría está coescrita, cierto. Pero su apellido siempre va primero.

Speak now (2010), el tercer título de su discografía, es una excepción y podría sonrojar a Damon Albarn por sus dichos, que lo dejaron como ejemplo de rockero demodé para las nuevas generaciones, clamando por su cabeza en el paredón de las redes sociales, junto con preguntar quién diablos es este hombre cisgénero fosilizado, dinosaurio de otros tiempos, como ayer se leía. A los 21 años, la cantante compuso exclusivamente en solitario aquel álbum, porque el calendario de gira no le permitía trabajar con colaboradores, como es su costumbre desde siempre.

Sin embargo, en cada título de estudio -menos Reputation (2017), coescrito en su totalidad-, Taylor Swift siempre incluye cortes sin otras firmas, aunque sea un sólo tema, como ocurre en los últimos trabajos, los elogiados Folklore y Evermore, ambos de 2020.

La mitad del exitoso Red (2012), por ejemplo, considerado como su debut oficial en el pop, no considera colaboradores en la escritura.

Por otro lado, ha coproducido sus discos desde el segundo, Fearless (2008), cuando aún no cumplía 20 años.

Las palabras de Damon Albarn resuenan a ninguneo sin querer queriendo.

“No estoy odiando a nadie”, explicó, cuando hizo las distinciones entre escribir por cuenta propia y junto a otros.

“No tomes en serio a los chicos que necesitan insultar o mentir para llamar la atención”, posteó el futuro mandatario Gabriel Boric a la cantante, confirmando el favoritismo de la fanaticada swiftie, acostumbrada a arrasar ante cualquier disidencia sobre la princesa del pop, como caballero medieval evangelizando tierras equivocadas en su fe.

¿Habrá leído el Presidente la entrevista completa o se quedó con el titular? ¿O la efervescencia y ligereza del pop en pleno verano permite licencias?

Por mientras, los créditos y los números confirman que Taylor Swift, con o sin participación de terceros, canta lo que escribe.

En este episodio con tintes de desprecio del artista británico a la mayor figura del pop estadounidense, se anidan ecos de una vieja rencilla. El britpop se alzó como una reacción del rock inglés a la invasión del grunge, cuando Nirvana iba y tocaba en los más grandes festivales.

En cambio, ninguna banda de aquel movimiento cargado de chovinismo logró mayor repercusión en Estados Unidos, incluyendo Blur. Odiaban girar por allá en los tiempos de las gruesas leñadoras, ese tipo de prenda atemporal que luce Taylor Swift en la portada de su exitoso último álbum.

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