Insunza y Ortega, especialistas en Legionarios: “En Chile actuaron con O’Reilly tal como lo hicieron con Maciel”

Andrea Insunza y Javier Ortega, periodistas y autores de libro “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder”.

"Maciel fue sancionado porque Ratzinger tuvo la voluntad que Wojtyla no", subrayan los periodistas y autores de "Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder" (2008) luego que El Vaticano reconociera tardíamente que tenía papeles sobre la historia pederasta del fundador de la Legión desde los '40. "Para Juan Pablo II, además, los abusos sexuales eran antes un pecado que un delito", explican. Y apuntan que el recientemente expulsado irlandés de nacimiento aún es visto como inocente por algunos, pese a su condena por abusos sexuales.


Hace 21 días, el 14 de diciembre, John O’Reilly debió salir del país, expulsado tras cumplir una pena por abus0 sexual contra una alumna del Colegio Cumbres. La escena final de la caída de una de las piezas principales de Los Legionarios de Cristo -que en la cúspide su era de gloria gozaba de fuertes redes entre empresarios y políticos- fue sucedida a los pocos días de otra, vinculada a numerosos escándalos de pederastía protagonizados por el fundador de la orden, Marcial Maciel Degollado: El Vaticano reconocía recién que existían documentos sobre ello desde la década de 1940, que se habían ocultado.

Los periodistas Andrea Insunza (AI) y Javier Ortega (JO) integran el Centro de Investigación y Publicaciones de la Universidad Diego Portales. En 2008 publicaron el libro “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder”. Como especialistas en el tema y en base a su trabajo en él, acá detallan a La Tercera PM que “los escándalos persiguieron desde siempre” a Maciel; que el Papa Juan Pablo II y su secretario de Estado, Angelo Sodano, fueron sus encubridores, y que acá en Chile, la Legión actuó de forma similar para proteger a O’Reilly.

-Ustedes investigaron el historial de redes de poder que tenía Maciel en El Vaticano. ¿Qué tan sorpresivo es que la Iglesia reconozca ahora que había documentos sobre él ya desde la década del ’40?
JO: El reconocimiento es sorpresivo, pero no la existencia de esos antecedentes. A Marcial Maciel lo persiguieron los escándalos y rumores de abuso sexual desde siempre, incluso desde antes de la fundación de los Legionarios de Cristo, en 1941. Cuando era novicio lo expulsaron de un seminario clandestino en México, cuando tenía 18 años, en circunstancias al menos extrañas. Lo mismo ocurrió meses después en un seminario jesuita en Estados Unidos. Algo parecido ocurrió en 1946 en España, cuando lo expulsaron de una mansión de verano en Santander. Los escándalos lo persiguieron desde siempre.

-Han descrito la forma en que tejió estos nexos durante décadas, tanto allá como en Chile. Este nuevo “dato” asumido por El Vaticano, ¿cierra un círculo que explique por qué Maciel libró tantas veces de ser investigado y castigado?
JO: No lo creo. Si algo hemos aprendido de Marcial Maciel en todos estos años es que sus escándalos y tropelías parecen infinitos. Ni siquiera hay un recuento oficial de todas las víctimas de las que abusó durante décadas.

-¿Cuáles son los hitos principales en su historial de impunidad en La Iglesia?
JO: Una es la primera investigación que el Vaticano abrió en su contra en 1956, por su adicción a la dolantina, un derivado de la morfina. Según varios testimonios, en 1956 un cardenal ese año lo descubrió en Roma completamente drogado y la Congregación para la Doctrina de la Fe abrió una investigación canónica en su contra. Lo separaron de su congregación y le prohibieron ver a sus seminaristas. Entrevistamos a un ex legionario, José Barba, a quien le contaron el episodio de la dolantina tres testigos directos. Incluso, el propio Barba y otros seminaristas fueron interrogados en la investigación. Pero como Maciel tenía varios cardenales amigos, en octubre de 1958 fue restituido en su cargo y la investigación se frenó. Ojo, que eso ocurrió justo cuatro días después de la muerte del Papa Pío XII y dos semanas antes de la entronización de su sucesor, Juan XXIII. O sea, no había Papa que pudiera restituirlo. Tampoco había funcionarios de la curia posibilitados para hacerlo, porque cuando muere un Papa automáticamente todos los funcionarios curiales cesan en sus cargos.

La segunda es la investigación que abrió la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1999, a cargo de Joseph Ratzinger. Fue la investigación que frenó el cardenal Angelo Sodano, bajo el argumento de que Maciel era alguien demasiado querido por Juan Pablo II. Le preguntamos al cardenal Jorge Medina, el chileno que ha llegado más alto en El Vaticano, si le parecía factible esa versión, ya que él era muy amigo de Ratzinger. Nos dijo que le parecía “bastante plausible” y reconoció el cariño que Juan Pablo II tenía por Maciel. Ratzinger solo pudo reabrir la investigación en diciembre de 2004, cuando la vida de Juan Pablo II ya se estaba apagando y el mismo Ratzinger sonaba fuerte como “papabile”. Entonces, el poder de Angelo Sodano tenía fecha de vencimiento. Esa fue la investigación que permitió desterrar a Maciel del sacerdocio en 2006, cuando Juan Pablo II ya había muerto y Ratzinger se había convertido en Benedicto XVI.

“Sodano, tal como Juan Pablo II, fue uno de sus encubridores”

-También han descrito la amistad que trabaron Maciel y Angelo Sodano, el ex secretario de Estado de la Santa Sede ¿Qué tan gravitante fue su figura en el blindaje a Maciel y a la Legión?
AI: Al menos desde fines de los 80, Sodano fue un aliado clave de Maciel en El Vaticano y, tal como Juan Pablo II, fue uno de sus encubridores. Sodano y Maciel se conocieron en Chile a mediados de los 80, en plena dictadura, cuando el mexicano visitó el país. Sodano, que era nuncio desde el 78, tenía una relación muy fluida con los Legionarios y el Opus Dei en Chile. Un ex ministro de Pinochet nos dijo que Sodano consideraba que esos movimientos eran un “oasis” en una iglesia donde se enfrentó al cardenal Raúl Silva Henríquez. Ya en El Vaticano, Sodano intervino directamente para detener una investigación contra Maciel. A fines de los 90, nueve ex legionarios acusaron a Maciel de abuso sexual. La Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces encabezada por Joseph Ratzinger, acogió la denuncia en 1999. Pero la investigación no avanzó. En 2002, algunos de los acusadores viajaron a Roma. “Esto no avanza porque Sodano está presionando por encima a Ratzinger”. En ese momento, Sodano era secretario de Estado -el número dos en El Vaticano- y, además, era cardenal miembro de la CDF. Y nada podía avanzar sin el acuerdo de esa instancia.

-Sodano tiene 91 años y aparentemente no ha pagado grandes costos por este caso. ¿Cómo se puede explicar?
AI: Probablemente esto responde a una mezcla de razones. Por un lado, la Iglesia todavía es errática respecto de qué hacer ante las denuncias de abuso sexual. Por otro, siempre han sabido que castigar a los encubridores podría no tener fin si se abre esa puerta. Tercero, Sodano -que fue número dos en El Vaticano- siguió teniendo una cuota de poder importante después de la muerte de Juan  Pablo II. De hecho, es muy probable que siga teniendo el apoyo de no pocos cardenales.

-¿Hay cierto consenso, o aún está en disputa, el rol del Papa Juan Pablo II en la protección a Maciel? Ha quedado para el registro que la amistad del fundador de la Legión con él fue clave para que no fuera sometido a un proceso.
JO: Al menos para los que han investigado el tema, de que lo protegió no hay ninguna duda. Juan Pablo II era un Papa de la Guerra Fría, surgido en la Polonia comunista. Para él era muy importante contar con una congregación como los Legionarios, con un fuerte sesgo anticomunista, que le entregaba a la Iglesia muchos recursos económicos y decenas de vocaciones sacerdotales. Además, los legionarios habían surgido en México, el segundo país con más católicos luego de Brasil, y que limitaba con Estados Unidos, donde producto de la migración los católicos eran cada vez más importantes. Juan Pablo II creía que la Iglesia Católica estaba asediada por sus enemigos, especialmente de la izquierda. Pienso que para él era mucho más intolerable un cura comunista que un cura abusador de menores. Juan Pablo II viajó cuatro veces a México durante su papado. Marcial Maciel fue parte de su comitiva al menos en el primer viaje, porque hizo posible la gira. Y cuando ya las denuncias sexuales eran públicas, porque estaban en la prensa de Estados Unidos, lo nombró oficialmente “guía eficaz de la juventud”.

AI: Para Juan Pablo II, además, los abusos sexuales eran antes un pecado que un delito. Y creía que se trataba de un asunto que no debían ventilarse. Se negó a todas las propuestas que fueron surgieron en la medida que el tema provocó crisis en distintos países: no estuvo dispuesto a autorizar un “fast track” para separar a los abusadores del sacerdocio; tampoco a que los casos fueran investigados por la justicia penal. Él tenía una frase para esto: “Cada casa tiene habitaciones especiales que no están abiertas para todos los visitantes”. Y todo esto se sabía cuando fue canonizado.

-¿Es un tema tabú la responsabilidad del Papa Juan Pablo II? Estamos hablando de un Pontífice canonizado.
JO: No sé si tabú, sí poco conocido entre muchos fieles. Pero que los escándalos de abusos sexuales de la Iglesia a nivel mundial fueron enfrentados tardíamente por la Iglesia Católica fue en gran parte responsabilidad de Juan Pablo II. Un ejemplo: solo en abril de 2002, después de los escándalos de la Arquidiócesis de Boston, narrados en la película Spotlight, Juan Pablo II se reunió con los 12 cardenales de Estados Unidos y aceptó que los abusos sexuales eran crímenes y no simples pecados. No hizo un mea culpa por el encubrimiento sistemático y le dejó una pesada herencia a su sucesor.

-Si Maciel ya fue blindado, el que Juan Pablo II haya sido canonizado, ¿impide una revisión sobre su papel en esta historia o no?
JO: Por supuesto que no, especialmente para el periodismo. Tan solo un año después de su muerte, en 2006, el periodista británico David Yallop escribió una biografía muy crítica sobre su persona. Y Yallop sabía como reportear el Vaticano: escribió antes una famosa investigación sobre la muerte de Juan Pablo I. Entre otras cosas tuvo acceso a los archivos soviéticos de la Polonia comunista, de los años en que Wojtyla era cardenal. Lo retrata como un Papa forjado en las pugnas de la Guerra Fría, muy buen político para esa lógica, pero incapaz de lidiar con temas como los abusos sexuales. En el fondo, Juan Pablo II no entendía bien -o no quiso entender- cómo funcionaba la democracia y la prensa libre.

-En el caso del sucesor de Wojtyła, el Papa ‪Benedicto XVI‬, relatan que experimentó un giro respecto a la culpabilidad de Maciel. ¿Cómo se explica eso? ¿Fue decisivo o no para lo que vino después?‬‬‬
AI: Maciel fue sancionado porque Ratzinger tuvo la voluntad que Wojtyla no. Ratzinger acogió la denuncia de los nueve ex legionarios en 1999, pero esa investigación no avanzó hasta fines de 2004. En diciembre de ese año, Ratzinger le anunció a la abogada de los ex legionarios: “Vamos a llegar al fondo de este asunto”. Ellos nos contaron que esa fue una sorpresa para ellos, la primera señal de que las cosas podían cambiar. Es muy probable que a esas alturas Ratzinger estuviese convencido de la culpabilidad de Maciel. Lo clave, en todo caso, fue que la salud de Juan Pablo II ya se había deteriorado al punto de que no tendría cómo frenar al jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

-Entonces, ¿Maciel perdió de forma decisiva poder con el fin de la era de Juan Pablo II?
AI: En El Vaticano, sí. Maciel renuncia en enero de 2005 a la dirección de la Legión, pero deja a un hombre de su extrema confianza a cargo. Ese gesto es más bien interpretado como un último intento de Maciel por zafar de la investigación. Pero a esas alturas, Ratzinger ya había nombrado fiscal para esa investigación a Charles Scicluna, su hombre de confianza, el mismo que estuvo acá investigando el encubrimiento en el caso Karadima. En abril de 2005, muere Juan Pablo II y eligen a Ratzinger como Papa. Ahí Maciel pierde toda influencia en Roma. Un año después, Maciel es sancionado a una “vida de oración y penitencia” (la forma en que castiga la iglesia que, por cierto, es muy discutible). En principio, esa sanción quedaría en secreto, pero el vaticanista John Allen la filtró en The National Catholic Reporter. Y entonces la sanción se hizo pública. Así y todo, dentro de la Legión, esto fue resistido hasta 2010: recién ese año, y cuando ya se había hecho público que Maciel había tenido una vida paralela -mujer, hijos, todo pagado por la Legión- reconocieron formalmente que había sido un abusador. A esas alturas, él ya estaba muerto. Una cuestión que los fieles deberían aprender es que un abusador triunfa cuando ellos se niegan a ver quién es.

“Todavía hay quienes creen que O’Reilly es inocente”

-Ustedes recibieron testimonio del cardenal Jorge Medina. Más allá del perfil público que ha tuvo en Chile, ¿cómo definirían su actitud frente a este caso?
AI: Medina era cardenal miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En 2004, vivía en Roma. Entonces recibió a un ex legionario chileno, Patricio Cerda, quien le entregó un dossier de 300 páginas, que incluía testimonios de cuatro jóvenes de Irlanda y España que habían sido abusados por sacerdotes o consagrados de la Legión. Ese dossier mostraba cómo en la Legión el abuso sexual era una cultura amparada por una estructura que protegía a los victimarios y, en cambio, dejaba a las víctimas en el desamparo. Según nos contó Patricio Cerda, al escucharlo, Medina se descompuso. Le consiguió una audiencia con Ratzinger, que también recibió el dossier. Luego, como cardenal miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Medina integró el grupo que en 2006 tuvo que decidir si sancionar a Maciel o no. La votación es secreta y revelarla es castigada con la excomunión. Él no quiso revelar cuál fue su posición. Pero si nos basamos en sus acciones hasta ese momento, todo indica que estuvo a favor de sancionar a Maciel.

-Sin perjuicio de todo lo que sabe y ustedes saben sobre este caso, ¿está cerca o muy lejos de agotarse en materia de nuevos antecedentes o sorpresas? ¿Qué preguntas pendientes ustedes aún se hacen?
JO: Todavía quedan muchos secretos por saber de Marcial Maciel, porque el tipo era un depredador sexual de marca mayor, que actuó impunemente durante décadas. Construyó un imperio económico, que era a la vez una congregación religiosa, en buena parte para tener a víctimas indefensas de las que abusar. Creó a los Legionarios a su imagen y semejanza: con un fuerte culto a su personalidad y secretista, donde el disenso y la crítica interna eran acallados por el llamado “cuarto voto” o “voto secreto”, que impedía denunciar los abusos de los superiores. Maciel era considerado un santo en vida y nadie podía cuestionar sus órdenes.

-La expulsión de John O’Reilly de Chile, ¿qué simboliza para el poder que tiene o tenía la Legión acá? ¿Se puede hablar del fin de una era?
AI: La Legión en Chile perdió parte de su poder en 2009, cuando se conoció la doble vida de Maciel, y luego en 2010, cuando la orden reconoció oficialmente que el mexicano había sido un abusador sexual. Ese fue un golpe reputacional importante, y desde entonces el rol público de la orden quedó opacado, sobre todo porque después de la sanción de 2006, los Legionarios siguieron alegando públicamente que Maciel era inocente. La cara de esa defensa en Chile, fue O’Reilly. Y, por lo mismo, hubo un momento en que la orden lo destinó a otras tareas y lo sacó de la vocería. Luego vino la denuncia y la posterior condena en su contra por “abuso reiterado” de menores. Desde fuera, esto podría parecer un golpe mortal. Pero los Legionarios actuaron con O’Reilly tal como lo hicieron con Maciel: en su minuto la fiscalía se quejó de que el colegio Cumbres no colaboró con la investigación, fueron los legionarios los que hicieron pública la identidad de la denunciante como forma de intimidación y todavía hay quienes creen -y esto es importante, creen- que O’Reilly es inocente. De nuevo, mientras las personas vinculadas a la Legión -sacerdotes, laicos, apoderados, donantes- estén dispuestas a tapar el sol con un dedo, una orden como esta va a sobrevivir.

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