Irvine Welsh, autor de Trainspotting: “El Brexit es una estafa a las clases trabajadoras”

El escritor escocés Irvine Welsh, autor de Trainspotting.

El escritor escocés es uno de los invitados al Festival Puerto de Ideas Valparaíso, que este año se realizará en forma virtual entre el 4 y el 9 de noviembre. A más de 25 años de la novela que le dio celebridad y que tuvo una exitosa adaptación al cine, el autor habla de su trayectoria, de la influencia de la música en su vida y de la contracultura en la escena actual.




Irvine Welsh (1958) viene de vuelta. En 1996, luego del éxito de la adaptación al cine de Trainspotting, su primera novela, el autor escocés decidió escapar del Reino Unido. Desde entonces que Welsh ha vivido en Ámsterdam, Barcelona, Chicago, San Francisco y Miami. Esta última ciudad fue su hogar final en Estados Unidos, antes de regresar a Inglaterra, un poco antes de la pandemia. “Todavía tengo una casa en Miami. Me gusta pasar temporadas ahí”, dice Welsh desde Londres. “Aunque ya no sé qué sucederá en estos tiempos”. El autor de Trainspotting, eso sí, cuenta que su vida en Miami era pasiva. Muy pasiva pese a que uno de sus amigos era también uno de sus héroes musicales: Iggy Pop. “Iggy es un gran tipo. Es una de las personas más inteligentes que he conocido”, cuenta. “Bien leído. Casi un ratón de biblioteca. Muy diferente a lo que es en el escenario”.

Irvine Welsh responde estas preguntas en vísperas del próximo Puerto de Ideas Valparaíso, que se realizará de manera virtual entre el 4 y el 9 de noviembre. En el contexto del festival Welsh tendrá una conversación digital el 7 de noviembre (a las 20.00 h), que podrá ser vista gratuitamente en puertodeideas.cl. En ella hablará sobre sus comienzos, su relación con la música, el estado de la contracultura en la actualidad, y sobre los libros en que explora el mundo de Trainspotting. Un mundo que se complementa con una secuela (Porno de 2002), una precuela (Skagboys de 2012), así como un spin-off (The Blade Artist del 2006).

Nacido en Edimburgo, a los 16 años Irvine Welsh abandonó el colegio y trabajó un tiempo reparando televisores. Eran los años 70 y Margaret Thatcher recortaba el estado de bienestar en Inglaterra. Con ese telón de fondo Welsh dejó Escocia y llegó a la Londres punk. Aquella de los Sex Pistols y The Clash. Fue guitarrista y vocalista de una banda que recibió más escupos que aplausos. Luego pasó por las drogas. Se rehabilitó. Fue a la universidad y encontró un trabajo más bien burocrático. Así, por las noches Welsh era un DJ que mezclaba post-punk (bandas como Joy Division y New Order) con la incipiente música electrónica house. Mientras que durante el día se vestía de camisa y chaqueta para trabajar en una oficina, uno de esos trabajos que en Trainspotting se parodian (“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas”).

Sin embargo, en 1993 todo cambió: aquel año Welsh publicó Trainspotting. Su novela se ocupaba de la vida de un grupo de jóvenes heroinómanos, hedonistas, borrachos y adictos al fútbol, sexo y rock and roll. Tres años más tarde el director Danny Boyle la llevó al cine con Ewan McGregor como protagonista, y con una banda sonora que incluía a Iggy Pop, Blur, Underworld y Pulp.

“Me alegré de que se publicara. Esperaba que tuviera algún tipo de impacto local, tal vez incluso escocés, pero no global”, recuerda Welsh sobre sus expectativas al publicar Trainspotting. “Como escritor no se debe esperar que los libros, o hasta las adaptaciones, tengan impacto o no. No es algo que debería preocuparte mucho en el momento de escribir. La prioridad es producir algo que sea bueno porque eres tú quien va a vivir con ese libro para siempre”.

Su madre trabajaba como mesera y su padre en el puerto y luego como vendedor de alfombras. Usted ha definido su infancia como una postal de la clase trabajadora escocesa. ¿Había libros en su casa?, ¿qué significado tenía leer en su familia?

Vivíamos en un pequeño departamento municipal, del Estado, por lo que no había espacio para estanterías. Pero mis dos padres eran lectores y por eso circulaban libros de amigos y vecinos. Además heredé los de mi tío Jack, de un programa del gobierno para incentivar la lectura, y así me convertí en fan de Evelyn Waugh.

Para muchos lectores sus libros son como un paseo por el lado oscuro de la humanidad. Digamos que la contraparte de lo que dan a leer en el colegio. ¿Significaba leer algo similar para usted?

Sí, leer siempre fue subversivo para mí. Leer me transportaba a otros lugares y aprendía ideas diferentes y conocía a nuevos personajes. Leer me hizo querer viajar y odiar los límites de lo “socialmente aceptable”. Siempre es bueno encontrar cosas que no incluirías en las listas de lectura de la escuela o la universidad. La mayoría de estas listas es literatura conservadora y percibida como aceptable y decente por personas sin imaginación.

Trainspotting tuvo una exitosa adaptación al cine en 1996, dirigida por Danny Boyle y protagonizada por Ewan McGregor.

¿Y diría que ese ha sido su mantra creativo desde entonces?

Claro. La literatura debe desafiar, no afirmar, los preceptos burgueses perezosos.

De alguna manera usted tomó la energía y el impulso de la cultura punk y post-punk y la usó para la literatura. ¿Qué tan importante ha sido la música en su carrera de escritor?

Vital. La energía de la música punk y house fue crucial en mi vida y lo sigue siendo. Además el punk y el house necesitaban una literatura que estuviera a la altura de ese entusiasmo y yo me esforcé en proporcionarla.

Trainspotting es un libro sobre la clase trabajadora escocesa. O sobre los hijos de la clase trabajadora. Y en estos días mucha gente de esa clase vota por una derecha populista. ¿Qué sucedería con Mark, Sick Boy, Begbie y Spud?, ¿qué harían con Boris Johnson y el Brexit los personajes de Trainspotting?

No en Escocia. En Escocia todos creen que Johnson es un cabrón. Y en cuanto a mis personajes, todos pensarían lo mismo que yo. Que el Brexit es una estafa para que los ricos engañen aún más a las clases trabajadoras.

¿No cree que Donald Trump, y hasta cierto punto Boris Johnson, usan algunos elementos que también el punk y post-punk usaron? Me refiero a la sátira, la parodia, la ironía, e incluso lo ‘punk’ como fuerza transgresora. ¿La contracultura ha sido secuestrada por la derecha populista?

No. Hoy no existe la contracultura. Esos políticos que mencionas han adoptado las tácticas de “shock”. Pero solo lo han hecho por dos razones. Uno, porque la “izquierda” se ha convertido en un grupo de “moja-cama” de clase media. Y, dos, como te dije, porque no hay contracultura. Hoy no existe la cultura callejera. Solo la mediática. Por eso políticos como Johnson pueden sentarse en sus pasillos de Oxford e inventar mierda racista, clasista y sexista, y hacerla pasar por “subversiva”. Y ya que no existe la cultura callejera, la cultura de masas callejera, ahora no necesitan que nadie los apruebe. Ahora todo es por las redes sociales y estas se pueden falsear. Lo sé. Todo esto suena como una pésima comedia de Bernard Manning de los años 70. Una recitada con regocijo por esos ricachones conscientes de las divisiones de clases, y distribuida entre esas masas atontadas y atónitas que ellos mismos oprimen.

Ha vuelto a Trainspotting para una precuela, una secuela y también para un spin-off. ¿Por qué regresa a ese mundo una y otra vez?

Por los personajes. Mark, Sick Boy, Begbie y Spud. Quiero saber qué sucede con sus vidas.

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