Kirk Douglas: su lado humanitario y político

Fallecido a los 103 años, el legendario actor de Espartaco creó una fundación junto a su esposa y aportó al fin de la caza de brujas anticomunista en Hollywood.




Versátil y vital como pocos, Kirk Douglas (1916-2020) se ganó hace largo un lugar destacado en Hollywood interpretando a tipos duros, a luchadores tenaces o a hombres derechamente infames. Pero tuvo también inquietudes de otra índole -políticas y humanitarias, por lo pronto-, algunas de las cuales dejaron una huella importante y han sido rescatadas tras la muerte del actor y director, que se produjo ayer en su casa de Beverly Hills.

Filántropo consumado, este hijo de ruso-judíos fundó en 1964 The Douglas Foundation junto a Anne Douglas, su segunda esposa, junto a quien vivió hasta el fin de sus días. Considerada hoy una de las mayores entidades de su tipo en EEUU, el norte de la fundación es "ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos", enfocada como está en "fomentar la educación y la salud, impulsar el bienestar y desarrollar nuevas oportunidades para los niños, cuyo futuro está en sus manos".

Douglas y su esposa realizaron importantes donaciones a instituciones sin fines de lucro, como escuelas, hospitales, centros infantiles y otros. Asimismo, viajaron a más de 40 países, a sus expensas, para oficiar de embajadores de buena voluntad para la Agencia de Información de EEUU: a quienes quisieran escucharlos, les hablaron acerca de las virtudes de la democracia y de la libertad. En 1980, Douglas voló a El Cairo, donde sostuvo una conversación con el Presidente egipcio, Anwar Sadat. Por este tipo de esfuerzos, Jimmy Carter le confirió al año siguiente la Medalla Presidencial de la Libertad, ocasión en la que destacó la modestia de alguien que "no buscó crédito personal" en estas acciones.

Una mano a Trumbo

En lo político, se le consideró la contraparte demócrata del muy republicano John Wayne. En esa línea, desafió las "listas negras" de filocomunistas que Hollywood elaboró tras la "caza de brujas" iniciada a fines de los 40, y comandada a partir de 1950 por el senador Joseph McCarthy.

Uno de los afectados por esta persecución –uno de "Los Diez de Hollywood"- fue el guionista Dalton Trumbo, quien se negó a divulgar sus adhesiones políticas y fue encarcelado por desacato al Congreso de EEUU, pasando su nombre a integrar las señaladas listas de personas inhabilitadas para trabajar en la industria. Y ahí intervino Douglas.

Creador de la productora independiente Bryna, el actor había reclutado al joven director Stanley Kubrick, bajo cuyas órdenes estelarizó el libelo antibélico Senderos de gloria (1957). Y más tarde, se metió a producir y estelarizar Espartaco (1960), también con Kubrick como director, tras el despido de Anthony Mann. Pero faltaba un guionista que adaptara la novela de Howard Fast. Ahí asomó "Sam Jackson", seudónimo usado por Trumbo para seguir trabajando en tiempos complicados.

Así fue como Trumbo/Jackson entregó un guión que no satisfizo del todo al futuro realizador de Lolita y 2001, quien se dedicó a reescribirlo en el mismo set. Indignado, el libretista presentó su renuncia, según cuenta Douglas en su libro I Am Spartacus!: Making a Film, Breaking the Blacklist (2012), con prólogo de George Clooney, otro abanderado del Partido Demócrata. Y la solución que encontró este último fue ofrecerle a Trumbo poner su verdadero nombre en los títulos, lo que terminó ocurriendo a pesar de los temores del estudio Universal en cuanto a que esta decisión fomentaría "una revolución en la industria".

En los hechos, este fue el comienzo del fin de las listas negras en Hollywood.

https://www.youtube.com/watch?v=HcIMY1Ah3aw

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