La izquierda melancólica

Presidenta del Partido Socialista participo de homenaje a Direcci—n Clandestina del PS

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

Quizás sea hora de asumir las derrotas y los intentos fallidos –e incluso violentos– con que la izquierda intentó poner en práctica su punto de vista, y meramente, imaginar otro proyecto. Un proyecto que logre hacer sentido a los tiempos que vivimos y un proyecto que, a la vez, sea lo suficientemente deseable como para que queramos ir a construirlo.


El historiador Enzo Traverso en su libro Melancolía de izquierda sostiene que la izquierda mundial vive una época de nostalgia ante las derrotas vividas durante el siglo XX: el triunfo del nazismo, los socialismos reales, la caída del Muro de Berlín, la dictadura (podríamos señalar acá), etcétera. Una seguidilla de revoluciones de izquierda que han terminado trágicamente (como la mayoría de las revoluciones, por cierto). Además, el término del fordismo y del capitalismo industrial terminó con los lugares de trabajo donde los obreros sociabilizaban y se vinculaban entre ellos.

Esto implicó un cambio hacia estructuras de trabajo más individualistas debido a la precarización y a la flexibilización del trabajo. El mundo obrero que copó las calles luchando por sus reivindicaciones y formó espacios políticos pareciera no existir más. En fin. Traverso afirma que de un tiempo hasta esta parte los proyectos políticos de la izquierda se han establecido desde la melancolía de tiempos pasados, siendo uno de sus objetivos recuperar algo de la antigua épica obrera, de la revolución, de los movimientos antifascistas y anticolonialistas que lucharon con bastante ímpetu por la construcción de un nuevo mundo.

Sin embargo, nuestra sociedad contemporánea es bastante líquida –como señala Baumann–, y hoy parecieran no tener sentido las luchas por conquistar el futuro, sino que todo ha quedado en una lucha reivindicativa que se ha parcializado en miles de movimientos distintos. Por un lado, las feministas luchando por el fin de la violencia hacia la mujer; los ambientalistas por cambiar las formas de producción a unas menos contaminantes; la comunidad LGBTQ con leyes de protección; y la izquierda con una idea un poco pastosa sobre conseguir igualar la cancha.

¿Y cuál es el proyecto político, la utopía de mundo por la que nos movemos? Traverso señala que un mundo sin utopías mira inevitablemente hacia atrás. Y está bien en parte –y lo dice una historiadora–, pero el futuro no se construye necesariamente desde la nostalgia por el pasado o por la pérdida de fe que implica su conocimiento. La idea de futuro se construye siendo imaginativos y proponiendo un camino que le haga sentido a la mayoría, una posibilidad de vivir de otra manera. La filósofa Hanna Arendt señalaba que sin la imaginación somos incapaces de generar empatía, porque solo saliéndose de uno mismo mediante la creatividad es con lo que podemos ponernos en el lugar de otro. Y entenderlo.

Quizás a la izquierda le ha faltado esa imaginación o no ha querido salir del auto flagelante pasado. Y hoy en día, en el contexto de Chile, la idea de igualdad retumba por cada una de sus calles. La igualdad que es el centro político de las izquierdas. Quizás sea hora de asumir las derrotas y los intentos fallidos –e incluso violentos– con que la izquierda intentó poner en práctica su punto de vista, y meramente, imaginar otro proyecto. Un proyecto que logre hacer sentido a los tiempos que vivimos y un proyecto que, a la vez, sea lo suficientemente deseable como para que queramos ir a construirlo. Las temáticas se repiten en la historia, pero no siempre las formas. No por nada ganó Parasite en los Premios Oscar.

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