“Lo siento mucho por la próxima ciudad”: las señales de despedida del último concierto de Chris Cornell

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La noche del 17 de mayo de 2017, en el Teatro Fox de Detroit, el músico dio su último recital junto a Soundgarden sólo horas antes de su suicidio, en la madrugada del día siguiente. Los asistentes al show vieron a un artista errático, efusivo y que envió diversos mensajes antes de una de las mayores tragedias de la música de este siglo.




Quienes estuvieron presentes en el concierto de Soundgarden del 17 de mayo de 2017 en el Teatro Fox de Detroit, el último de Chris Cornell y sólo horas antes de su suicidio en una pieza de hotel de esa ciudad, dicen que la performance del cantante y guitarrista durante aquella noche no fue como cualquier otra.

Según las crónicas aparecidas esa semana, poco después de una de las mayores tragedias del rock y de la música popular de este siglo, el artista -de entonces 52 años- se comportó distinto sobre el escenario ese día, ante las cerca de 5 mil personas que llegaron al recinto para presenciar un show que partió con Ugly truth y Hunted down, dos clásicos de la primera época del grupo de Seattle, aquella que cruzó de fines de los 80 a la explosión grunge de comienzos de la década siguiente.

“Mi primera impresión fue que Chris estaba más feliz de lo que lo había visto antes”, dijo a la revista People el fotógrafo Ken Settle, quien desde los años 70 saca imágenes de recitales en el circuito musical de Detroit y sus alrededores.

“Él siempre había sido, especialmente en los primeros días, un cantante algo inquietante, más introspectivo, muchas veces mirando su guitarra la mayor parte del tiempo con el pelo en la cara. En este espectáculo fue todo lo contrario”, dijo.

Una visión que compartió la reportera Ashley Zlatopolsky en su crónica para USA Today, aunque en su caso sus impresiones fueron distintas, y lo que vio esa noche fue a un artista que envió diversas señales durante el concierto de que algo no andaba bien.

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“A menudo se tambaleaba de un lado a otro del escenario y parecía débil en sus movimientos. Con solo una o dos canciones, era como si la energía hubiera salido de su cuerpo, y lo que quedaba era el caparazón de un hombre luchando por hacer su trabajo”, aseguró la periodista.

“No es que el espectáculo de casi dos horas en sí fuera malo, pero parecía que Cornell no estaba mentalmente presente”.

De acuerdo a Zlatopolsky, el comportamiento del cantante fue derechamente errático aquella noche, dándose palmadas y golpes de puño. “Olvidaba palabras, a veces en bloques enteros, dejando que la multitud completara las partes de las canciones. Nadie se quejó, de hecho, a la audiencia de alrededor de 5000 personas pareció gustarle la idea”.

Y agregó: “Cornell estaba visiblemente agitado a veces. Salió del escenario durante varios minutos antes de tocar Been away too long, lo que provocó que la banda comenzara de nuevo y los dejara tocando instrumentos para llenar el vacío. Cuando volvió al escenario, hizo un movimiento de ‘muévete’ con la mano”.Según la reportera, Cornell parecía molesto, irritado y a ratos poco conectado con sus compañeros. “Su voz a menudo se retrasaba, no iba en sincronía con la música. A veces dejó de cantar por completo y se rindió durante varios segundos antes de ponerse al día con sus compañeros de banda”.

En algún momento, antes de bis, el concierto dio un giro aún más oscuro y el cantante tomó el micrófono para lanzar algunas ideas sueltas. “Puedes quemar cruces en tu césped, no me importa una mierda. Puedes quemar tu casa. ¿A quién le importa? A mí no, siempre y cuando no prendas fuego a la casa de otra persona”.

Donde sí coinciden los relatos es en la empatía y satisfacción que mostró Cornell por estar de vuelta cantando en vivo en la llamada “ciudad del rock”. Parecía genuinamente contento de estar ahí. “Lo dijo con mucha sinceridad, esto de que ‘le he estado diciendo a la gente lo grandioso que es realmente el público de rock de Detroit’. Lo dijo en serio”, recordó Settle.

En ese punto el artista lanzó una frase que luego se interpretó como un presagio: al referirse a las bondades de la audiencia de Detroit, agregó algo así como “Lo siento mucho por la próxima ciudad”. “Dijo que la próxima ciudad no se compararía con el espectáculo que ofrecerían en Detroit. En retrospectiva... sonaba casi como si no fuera a aparecer en la siguiente ciudad”, dijo Settle.

Una frase en apariencia inocua y parte de la dinámica habitual de este tipo de espectáculos, pero que para Zlatopolsky escondía algo más. “Fue el único momento del show en el que pareció realmente emocionado. Habló sobre Detroit Rock City, cómo la audiencia no tenía paralelo, de lo que le encantaba tocar allí a la banda. Reconoció a la multitud en el balcón y les pidió que se pusieran de pie. También le pidió a la multitud frente al escenario que animara a esas personas.Luego dijo eso de ‘Me siento mal por la próxima ciudad’, Ahora esa frase tiene un significado mucho más profundo y desgarrador”.

Para el cierre del recital, tras despachar un par de éxitos como Burden in my hand, Blow up the outside world y Rusty cage, Soundgarden se despidió con Slaves & Bulldozers, de su disco Badmotorfinger (1991), que incluye frases que parecen una despedida, como “Todo lo que he dado es lo que necesito” y “Cada palabra que dije es lo que quiero decir”.

La sensación de epitafio en vida cobró más sentido cuando acto seguido interpretaron una parte de In my time of dying, de Led Zeppelin, con ideas decidoras como “Cuando yo me muera no quiero que nadie esté triste, todo lo que quiero que hagas es llevar mi cuerpo a casa”.

Señales que anticiparon lo que vino solo horas después, cuando Cornell fue encontrado ahorcado en su pieza de hotel, durante la madrugada del 18 de mayo. El músico ya había hablado públicamente sobre su lucha con la depresión, el aislamiento y los pensamientos suicidas que lo acosaron a lo largo de su vida, que según él lo volvieron más introvertido y ansioso, sobre todo durante sus últimos dos años de vida.

Tras su muerte, se comenzó a hablar más en serio de la salud mental de los grandes artistas e incluso su hermano, Peter Cornell, inició una campaña para crear conciencia sobre la depresión y la prevención del suicidio.

Esa noche en Detroit, al menos, las señales fueron evidentes.

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