“Los Beatles son mejores que los Rolling Stones” y “Gilmour se cree dueño de Pink Floyd”: los clásicos del rock reviven sus cuentas pendientes en cuarentena

El confinamiento saca a relucir la intimidad y vocación solidaria de los íconos de la música popular, pero también los trapos sucios. Waters dispara contra David Gilmour y saca al baile a la esposa de éste; Paul McCartney y Mick Jagger compitiendo por la popularidad de sus grupos, y los hermanos Gallagher reviviendo su eterna pelea de egos. Incluso Jorge González profundizó en su antiguo triángulo amoroso con Claudio Narea. Las polémicas llegan también al mundo del pop, con las últimas declaraciones de Lana del Rey.




A falta de conciertos, el planeta musical sigue girando a punta de nuevos lanzamientos pero también en base al archivo y el recuerdo. Expuestos al encierro y a la impostergable auto-revisión, el mundo busca consuelo en el pasado inmediato -lo prueba el revival de los clásicos según los últimos balances de Spotify, mientras los artistas hacen lo propio hurgueteando en su memoria y abriendo el baúl de cachivaches, del que han salido valiosas grabaciones que acumulaban polvo -como los últimos singles de Bob Dylan y los Rolling Stones-, una que otra autobiografía, enjundiosas entrevistas con frases para el bronce y, en general, un constante flujo de declaraciones y ejercicios de memoria que han sacado más de un trapo sucio a relucir.

"El ocio corrompe al cuerpo humano, como se corrompen las aguas al estar quietas", aseguraba Ovidio hace más de dos mil años. Y hoy, cuando el tiempo parece congelado y el tedio y la angustia hacen su parte, los íconos de la cultura popular le vuelven a dar la razón al poeta romano. No es exagerado afirmar que en los últimos tres meses hemos conocido más de la intimidad de las estrellas de la música que en toda una vida. Y así como la cuarentena ha vuelto a demostrar el lado solidario de los artistas, siempre rápidos a la hora de sumarse a las causas colectivas y los covers benéficos, también se ha aflorado esa humanidad que usualmente cubren las luces y la lógica corporativa. Y varias cuentas pendientes.

Ejemplo de todo lo anterior es el caso de Roger Waters (76), el más activo de los sobrevivientes de Pink Floyd, quien ha aprovechado los días de confinamiento para trabajar en el lanzamiento digital de la película Us + Them -con extractos de su última gira, con lo que se presentó en Chile hace dos años-, versionar a Víctor Jara desde su casa y también para presentar una nueva versión grabada "a distancia" con sus músicos de Mother, uno de los himnos de The wall (1980). En ese último proceso, el británico terminó por revivir la vieja rencilla con su ex camarada David Gilmour.

"Ante la pregunta de por qué este video no está disponible en un sitio web que se hace llamar el sitio de Pink Floyd, la respuesta a eso es porque nada de mí está en el sitio web. David Gilmour me prohibió el acceso al sitio web", reveló Waters en un video de Twitter. "David cree que es el dueño. Creo que piensa eso porque dejé la banda en 1985. Entonces se siente que es dueño de Pink Floyd, que es Pink Floyd, que soy irrelevante y que debería mantener la boca cerrada".

En su extensa declaración, el músico reveló que intentó acercar posiciones con sus excompañeros hace un año, pero que la reunión "no dio frutos". E incluso sacó al baile a Polly Samson, la esposa de Gilmour, para ejemplificar por qué se siente desterrado de la web oficial de su grupo madre. "Hay rumores en las filas que me dicen mis amigos que siguen estas cosas, y algunas de las preguntas que se hacen son: ¿Por qué tenemos que sentarnos y mirar a Polly Samson durante un año? Y, sin embargo, no llegamos a escuchar nada de lo que Roger está haciendo. Ninguno de sus trabajos es publicitado".

Y si se trata de antiguas rivalidades, imposible saltarse aquella que por años enfrentó a los Beatles con los Rolling Stones. Un antagonismo que durante décadas se mantuvo oculto bajo declaraciones políticamente correctas y sarcasmo británico, y que con el tiempo fue quedando relegada al subterráneo, casi como un mito urbano o un invento de la prensa de la época de oro de las dos mayores grupos de rock inglés. ¿Cuánto había de verdad en esa pugna? Sus dos protagonistas dieron luces bastante claras a fines del mes pasado, en paralelo a sus respectivas reapariciones en el festival virtual One World, luego que el propio Paul McCartney (77) dejara de lado la falsa modestia y declarara sin rodeos que "los Beatles eran mejores que los Stones".

"Los Stones son un grupo fantástico. Son una gran banda, son grandiosos. Pero ellos tienen sus raíces en el blues. Cuando escriben, se basan en el blues. Nosotros tenemos más influencias. Keith (Richards) una vez me dijo: ‘Eres un tipo afortunado, tienes cuatro cantantes en tu banda, nosotros tenemos uno solo’. Hay muchas diferencias. Yo los amo, pero coincido contigo, los Beatles eran mejores”, profundizó Mccartney en una extensa entrevista para The Howard Stern Show.

Y aunque admitió que había "admiración mutua" entre ambas bandas y que esta suerte de rivalidad "era cool", el cantante y bajista no tuvo problemas en afirmar que durante los años 60 los Fab Four sentían que sus colegas iban repitiendo sus pasos. "En un momento empezamos a notar que cualquier cosa que nosotros hiciéramos, los Stones lo hacían poco tiempo después. Fuimos a Estados Unidos y tuvimos un gran éxito. Y luego fueron ellos. Hicimos Sgt. Pepper y ellos hicieron su álbum psicodélico. Hubo mucho de eso. De todos modos, éramos grandes amigos. Y todavía lo somos. Nos admiramos mucho", detalló.

La réplica llegó rápidamente por parte de Mick Jagger (76). En una entrevista para Apple Music, el frontman disparó de vuelta, apelando al capital artístico donde su grupo aventaja con creces a los de Liverpool. "Obviamente no hay competencia", dijo. "La gran diferencia, y no es menor, es que The Rolling Stones es una gran banda de concierto, en otras décadas y otras áreas, cuando The Beatles nunca hizo una gira de arenas, un Madison Square Garden con un sonido decente”.

Luego profundizó: “Ellos se separaron antes de que ese negocio comenzara, el negocio real de las giras. Esa industria comenzó en 1969 y The Beatles nunca la experimentaron (...) Esa es la verdadera gran diferencia entre estas dos bandas. Una es increíblemente afortunada de seguir tocando en estadios, y la otra no existe".

Corazones y combos

Siguiendo con las polémicas del rock británico, la pandemia volvió a encender un enfrentamiento que, en rigor, nunca se ha enfriado. A través de su cuenta de Twitter, Liam Gallagher deslizó hace algunos días la posibilidad de volver a reunir a Oasis para recaudar fondos para el sistema de salud británico, "con o sin" Noel Gallagher. Su hermano, con quien no se hablan desde 2009, respondió corto y al hueso: "¡Sinceramente espero que no!".

Los hermanos Gallagher.

A esto se sumó en los últimos días una vieja pelea entre el vocalista del grupo y el cantautor estadounidense Mark Lanegan, surgida a partir del libro de memorias que éste último publicó durante la cuarentena. Allí, el ex vocalista de Screaming Trees asegura que él fue el motivo por el cual Liam Gallagher se devolvió a Inglaterra en el medio de una gira de Oasis por Estados Unidos en 1996. En la reciente autobiografía, Lanegan explica que el cantante abandonó el tour de un momento a otro para escapar de una pelea a puño limpio programada entre ambos.

“Liam Gallagher era un fanfarrón, un bully de jardín infantil. Y como todos los bullies, también era un cagón absoluto. Típico. Ese idiota arrogante se orinó en sus pantalones y se volvió a casa antes de que yo tuviera la oportunidad de solucionar esto por mi cuenta”, escribió en el libro.

A nivel local, esta semana también fue de revelaciones importantes. En el marco del aniversario 30 de Corazones, Jorge González se refirió por primera vez en extenso a la tormentosa relación que sostuvo por ese entonces con la pareja de Claudio Narea, que inspiró la totalidad de uno de los mejores álbumes de la música chilena.

"Yo estaba enamorado. Mucho. De un amor imposible. El mejor", declaró el cantautor a La Tercera. "Nunca quise más. Con lo que había era feliz. Estoy contento de que cagáramos así. Romántico. Muy apropiado", agregó sobre el trágico final de Los Prisioneros, antes de su reunión una década después.

“Si hubiese sido por plata o cansancio, qué fome. Vulgar. En cambio, por faldas…”, explicó.

Jorge González y Claudio Narea.

Aguas revueltas en el pop

Mientras los clásicos del rock resucitan sus diferencias durante el acuartelamiento y Jorge González hace lo propio con la génesis de la obra maestra del pop chileno, el panorama entre las estrellas pop anglo, las grandes protagonistas de la música popular de los últimos años, está lejos de la armonía total.

La encargada de incendiar el prado fue la estadounidense Lana del Rey, quien ayer, a través de su Instagram, anunció un nuevo disco para septiembre -sucesor del excelente Norman Fuckin Rockwell (2019)- y aprovechó de aclarar algunos puntos que involucran a sus compañeras de profesión.

“Ahora que Doja Cat, Ariana Grande, Camila Cabello, Cardi B, Khelani, Nicki Minaj y Beyoncé han alcanzado varias veces el número uno con canciones que hablan de estar sexy, de no llevar ropa interior, de tener sexo, de engañar a tu pareja y demás… Por favor, ¿puedo volver a cantar sobre sentirme bien solo por estar enamorada, incluso si la relación que tengo no es perfecta, sin ser crucificada o acusada de tener una visión romántica del abuso?”, parte diciendo la cantante en su posteo.

“Estoy cansada de escuchar a compositoras y cantantes que dicen que glamorizo el abuso cuando en realidad solo soy una persona glamorosa que canta sobre las relaciones basadas en el abuso emocional. Algo que todos sabemos que está muy presente hoy en día en la sociedad”, continúa la solista, en un mensaje que ha revolucionado las redes y dividido al público, desatando muestras de apoyo pero también críticas y llamados a dejar de escuchar su música.

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Lana del Rey.

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