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Los últimos días de Ana González, la incansable mujer que murió buscando

Autor: Michel Nahas

La muerte de la emblemática dirigenta (93 años) de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos sorprendió al mundo de los derechos humanos. Su legado deja en el recuerdo el dolor que sufrió en 1976 producto del asesinato de su marido, dos de sus hijos y su nuera que estaba embarazada. Desde ese día, Ana entendió que no dejaría de luchar.


“Mi abuela Ana está internada, en urgencia, y como no hay camas la dejan hospitalizada en la camilla de la ambulancia. Por la cresta, cero dignidad para nuestros viejos …”, fueron las desesperadas palabras de Lorena Díaz, nieta de Ana González (93 años), la histórica dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Algunas horas después, el mundo se enteraría de la muerte de la mujer que dedicó más de cuatro décadas a la defensa de los derechos humanos.

Oriunda de Tocopilla le tocó resistir a uno de los episodios más crueles ocurridos durante los años de Pinochet. El 29 de abril de 1976, agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) detuvo a dos de sus hijos, Luis Emilio y Manuel, a su nuera Nalvia, esposa del mayor y quien se encontraba embarazada en ese momento, y al día siguiente a su marido, Manuel Recabarren. Ninguno de ellos volvió con vida.

Ese cruel golpe no amilanó su decisión de seguir luchando contra el gobierno. Un año antes ya había participado en la fundación de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos y tras un periodo de exilio, dedicó sus días a exigir la defensa de los derechos humanos en el país.

Imborrable fue la carta abierta que en 2007 le escribió al entonces comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, donde le pide que esa institución entregue información sobre el destino de los desaparecidos durante el régimen militar. “Cuando niña, aprendiendo de nuestra historia patria, se me grabó el gesto del Almirante Miguel Grau, al devolver a la viuda de nuestro héroe Arturo Prat, sus cartas y pertenencias. Qué nobleza, y era el enemigo. ¿Por qué a nosotros no nos devuelven los huesos de nuestros amados, chilenos que fueron masacrados por otros chilenos? Le aseguro que el país avanzaría por el camino del honor, la grandeza y la recuperación de su salud mental. Me niego, como ciudadana de este país, a que tanto crimen siga en la impunidad, a que nuestro dolor siga ignorándose y se nos niegue lo más elemental: Verdad y Justicia, nada más pero nada menos. En Santiago, a 19 días del mes de Abril de 2007, a tres días de cumplirse el 31 aniversario de la detención y desaparición de los míos”, decía González en uno de los párrafos de aquella misiva.

Pese todo el dolor que cargaba, Ana González nunca escondió una sonrisa para quien buscaban en su compañía un gesto de apoyo. “Siempre estuvo presente, irradiaba mucha esperanza, mucho cariño, a pesar de la tragedia que tenía como persona”, recuerda Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares Ejecutados Políticos (Afep).

La directora del INDH, Consuelo Contreras, destacó el legado que deja la ex dirigenta.  “Reconocemos en Ana González los más altos valores como son la dignidad humana, el amor y la solidaridad con las miles de víctimas de la dictadura. Dedicó su vida para conocer la verdad y para no dejar impunes los crímenes de los que fue víctima en carne propia. Como INDH sentimos profundamente su partida y reconocemos su legado”.

Sin cama

En diciembre de 2016, Ana fue internada en el Hospital San José por una insuficiencia respiratoria. Desde entonces su salud fue un motivo de preocupación constante.

“Recuerdo haber estado unos meses atrás en su casa, seguía siendo la misma luchadora inclaudicable en búsqueda de la verdad y la justicia”, añade Lira. Pero no estaba bien.

Anoche se produjo la última crisis. La familia la trasladó inicialmente al Hospital Barros Luco, donde no encontró cama disponible. Posteriormente y tras una atención en urgencia, debieron volver a casa, como lo detalló su nieta en redes sociales. “Luego de eternas horas de espera en urgencia acaba de ingresar a hospitalización. Dentro de todo está bien. Gracias por el cariño, la fuerza y la preocupación por ella”. Horas más tarde, precisaría que ya estaban en casa. “esperando hospitalizarla otra vez”. Después de eso llegó al Hospital San José, donde falleció finalmente.

Desde la familia informaron que el velatorio tendrá lugar en la casa de la ex dirigente, en el paradero 16 de Santa Rosa.

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