Cristián Valenzuela

Cristián Valenzuela

Abogado.

La Tercera PM

Sentencia Previa

Eduardo Frei Montalva

Luego de analizar el fallo, tengo dudas que el Juez Madrid pase a la historia como el juez que desenmarañó el caso Frei y nos iluminó con una investigación excepcional que nos llevó a descubrir una verdad deliberadamente ocultada.


“En nombre de la División de Pre-Crimen, está bajo arresto, por el futuro asesinato de Sarah Marks y Donald Dubin que ocurrirá hoy, 22 de Abril a las 8.04 horas”

En 2002 se estrenó Minority Report o cómo fue conocida en español: Sentencia Previa. En ella, Tom Cruise lideraba un escuadrón de policías que, en base a tecnología de última generación y la ayuda de unos psíquicos, logran ver el futuro y tienen algunos minutos para anticiparse a la ejecución de los crímenes. De esa manera, evitan los delitos y apresan a los victimarios sin proceso ni condena previa.

El miércoles pasado, y luego de más de 17 años de investigación (y a 37 años de su muerte), el juez Alejandro Madrid sentenció que el expresidente, Eduardo Frei Montalva, fue asesinado por su médico, el chofer y otros cómplices y encubridores. De ser cierto lo sentenciado por Madrid y ratificado por las distintas instancias que aún restan, la muerte de Frei Montalva se transformaría en el crimen más grave de nuestra historia política y convirtiendo este potencial magnicidio en un hito fundamental, condenable y vergonzoso de nuestra época reciente.

Sin embargo, luego de analizar el fallo, tengo dudas que el Juez Madrid pase a la historia como el juez que desenmarañó el caso Frei y nos iluminó con una investigación excepcional que nos llevó a descubrir una verdad deliberadamente ocultada. Al contrario, lo veo más cercano al Tom Cruise criollo que, antes de partir su investigación, ya tenía la sentencia redactada y que dedicó un largo tiempo a tratar de justificarla. Una suerte de chef que tenía que seguir las instrucciones de un menú de justicia a la carta.

Por cierto, en este caso el Juez Madrid no pudo anticiparse al crimen y evitar la lamentable muerte de Eduardo Frei. Pero tuvo 17 años para anticiparse a la sentencia y buscar, afanosamente, vincular las complejas hebras del caso para justificar un resultado que aparentemente tenía zanjado desde un principio. ¿Podía esperarse acaso un resultado distinto? ¿Qué otra familia chilena tiene el privilegio de contar con un juez con dedicación exclusiva por tanto tiempo y no esperar sino un resultado favorable?

Las primeras reacciones no se hicieron esperar: homenajes, velatones y sentidos discursos que volvieron a traer el pasado hacia el presente. Titulares grandilocuentes que responsabilizaron directamente a Pinochet, a la dictadura, al envenenamiento masivo y tantas otras especulaciones sobre lo que decía y no decía el fallo gigantesco que había sido liberado hace pocos instantes. Pero con las horas, las aguas se comenzaron a aquietar, y luego de la lectura meditada del fallo, los abogados se empezaron a inquietar.

No se comprobó el envenenamiento por talio o gas mostaza, ya que los estudios que lo sugirieron fueron descartados en el curso de la investigación. Al contrario, una comisión de expertos confirmó que el escenario era más compatible con una muerte por shock séptico. El médico sentenciado como autor, por su parte, es condenado por solo por homicidio simple por considerarse que su desempeño médico en este caso contrariaba las reglas de la medicina y terminó por crear un peligro mortal que escapaba de los riesgos aceptables en estos casos. Tampoco se comprobó la autoría intelectual del hecho, la planificación que supuestamente hubo detrás ni tampoco órdenes directas o indirectas de Augusto Pinochet de asesinarlo, como afirma el expresidente Lagos. Al contrario, en un estilo casi novelesco, se busca construir una hipótesis basada en espionaje, seguimiento e información de inteligencia que ameritaría suponer, más allá de toda duda razonable, que el expresidente había sido ejecutado por el régimen militar.

Con estos elementos, se descarta el homicidio calificado porque no hubo forma de probar el veneno, la alevosía o la premeditación en cualquiera de estas circunstancias. Sería un homicidio simple, donde lejos de ser la consecuencia de una conspiración metódicamente planificada, es mas bien el resultado, en el peor de los casos, de una negligencia médica mal llevada.

¿Qué podemos esperar hacia el futuro con respecto a este caso? Es todo muy incierto. En teoría, las cortes debieran razonablemente dudar de las convicciones que tuvo el juez para condenar. Es lo que correspondería, más allá de lo cargado que se ve el ambiente de opinión pública que rodea este caso. Por un lado, la verdad comunicacional que ha ido construyendo a lo largo de décadas un resultado condenatorio; por otro, la verdad judicial, que hoy también se anota un éxito favoreciendo la condena, pero que deja más dudas que certeza en el camino recorrido para llegar a ella.

Afirmar que Eduardo Frei Montalva, Pablo Neruda o Miguel Enríquez no fueron asesinados no implica no reconocer que en Chile se violaron derechos humanos o que en el régimen militar se cometieron errores y horrores indescriptibles. Al contrario, proponer una verdad alternativa es el deber indispensable de aquellos que creemos en el sentido común y que buscamos defender, aún a contra corriente, principios tan básicos como el estado de derecho, el debido proceso y el de las sentencias justas.

En Chile, hubo violaciones a los derechos humanos y en muchos casos, personas fueron ejecutadas sin esas garantías y sus sentencias de muerte, redactadas de manera previa. Precisamente, en nombre de esa historia, no cometamos el error de igualar situaciones que pueden no ser iguales, simplemente porque la corrección política nos obligue a ello. Como nunca, hoy es necesario esperar la sentencia ejecutoriada para evitar quedarnos solo con la sentencia previa.

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