Sergio Bitar (PPD): “Hoy veo al socialismo chileno muy huérfano de pensamiento”

Sergio Bitar

"Todo es puro corto plazo", advierte Bitar sobre la política actual.

Acompañado de Lagos y Bachelet, el histórico líder del PPD presentó hoy un libro que agrupa las experiencias “fracasadas y exitosas” de socialismo que ha habido en América Latina en este siglo. El objetivo, dice Bitar, es “dar luces” a las nuevas generaciones, entre ellas, las que hoy gobiernan.


A mediados de 1971, el joven economista sueco Claes Brundenius viajó a Chile a conocer in situ la experiencia del socialismo en democracia, liderado por Salvador Allende que, por esos días, llamaba la atención en distintas partes del mundo. En su visita, conoció a Sergio Bitar, quien se abría paso en la izquierda chilena. Nunca perdieron contacto.

Cincuenta años después, en plena pandemia, Brundenius le propuso a Bitar escribir un libro que recogiera artículos de distintos expertos sobre las experiencias de socialismo que ha habido en América Latina en lo que va de este siglo.

El libro, que incluye artículos sobre Cuba, Venezuela, Chile (escritos por José Antonio Viera-Gallo, que cubre desde la Unidad Popular hasta hoy), Perú, Uruguay, Paraguay y Bolivia -además de la experiencia sueca, que, a juicio de Bitar, es la “madre de la socialdemocracia en el mundo”-, fue presentado hoy por el exministro. Lo hizo con una cuota de nostalgia, ya que el académico sueco falleció de cáncer hace un mes, días después de recibir el libro enviado por Bitar.

“El libro muestra un mosaico de experiencias latinoamericanas, unas fracasadas, otras exitosas y otras parcialmente exitosas en algunos momentos, que buscan ser un aporte para las nuevas generaciones. Hoy veo al socialismo chileno muy huérfano de pensamiento: ni analiza bien el pasado, porque se queda en rencillas, ni estudia bien cómo hacer las cosas viables para que den resultados a la gente, ni está pensando el futuro. Hay que aprender de la historia, mirarla con serenidad, y este es un recorrido que ilumina lo que es posible y lo que no es posible”, dice.

¿Cómo definiría el socialismo en nuestro continente en este siglo?

Hasta aquí uno puede definir dos caminos. Uno, llamémoslo revolucionarismo infértil, con cuestionamientos a la democracia y radicalización que, en general han fracasado todos. El ejemplo más dramático es Cuba, que terminó sin democracia, sin economía, sin progreso y sin nada. Y luego el de Venezuela, que es otra experiencia fracasada que termina con un debilitamiento enorme de la democracia y de los derechos de las personas, con una economía en el suelo. Y el camino que podemos llamar como socialismo democrático, progresismo, socialismo liberal, liberalismo igualitario, centroizquierda, etc., en que la Concertación en Chile -que llega hasta 2010, entra al siglo XXI y se proyecta en la Nueva Mayoría-, el Frente Amplio uruguayo y la experiencia brasilera de los ocho años de (Fernando Henrique) Cardoso y los ocho años de Lula, son las más destacadas.

¿Cuáles son, a su juicio, los grandes desafíos hoy de ese socialismo democrático en Chile?

El cambio climático y la inteligencia artificial que está cambiando las relaciones humanas. En ambos temas no veo una capacidad de análisis prospectiva y de estrategia futura. Todo es puro corto plazo. También conciliar el respeto al desarrollo personal en libertad y el mérito con un proyecto colectivo de sociedad. La derecha hace solo lo primero y algunos sectores de izquierda hacen solo lo segundo. Un cuarto desafío que creo es relevante, es saber gobernar. Soñar el futuro es más difícil que defender el presente.

¿Por dónde pasa el gobernar bien?

Tienes que tener equipos de gente preparada. Por ejemplo, uno de los desafíos de este gobierno es desarrollar un gran sistema de cuidado personal y una gran reforma a la salud, naturalmente, que son prioridades. Pero ¿será capaz de hacerlo, tiene la gente preparada para ello? Esa es una pregunta que está vigente hoy en Chile.

El académico sueco Claes Brundenius, coautor del libro con Bitar, falleció el pasado 1 de octubre.

¿Cuáles son hoy los principales adversarios políticos del socialismo democrático?

Una derecha cerrada que acumula tensiones hasta que explota y una izquierda radicalizada que sueña con imposibles y fracasa, y a veces trata de arrastrar a un izquierdismo iluso a sectores de centroizquierda más moderados. Esos dos puntos hay que transferirlos a las nuevas generaciones.

En esa línea, ¿cómo ve la alianza del gobierno de Boric: Apruebo Dignidad (AD) y Socialismo Democrático (SD)?

Noto un mejoramiento en la coordinación y en la superación de niveles de desconfianza, pero esto será lento. Tiene que haber una acción intergeneracional que está pendiente, porque un sector (Frente Amplio) se creó con la idea de destruir a la Concertación para reemplazarla, y ahora se impone una tesis distinta, que es que esas fuerzas frenteamplistas tienen que ir encontrando un cauce común con las nuevas generaciones de la izquierda democrática, para renovar. El SD tiene que apoyar cuestionando, mostrando caminos, señalando lo que no está bien. Un ejemplo positivo es la reforma de las pensiones, donde hay un esfuerzo serio que está dando frutos. Aquí no hay ruptura, hay continuidad y progreso.

Además, Boric está frente a un país distinto al que creía cuando ganó la elección presidencial a fines del año pasado...

Efectivamente, el péndulo tiene hoy un arco bastante mayor que antes. La opinión pública está mucho más difícil de seguir, de entender qué es lo que defiende cada cual para sí mismo y qué es lo que entiende que debe ser el proyecto del conjunto. Pero la mejor respuesta a esa pregunta es el cambio que ha tenido el propio Presidente. Es cuestión de ver lo que decía (Boric) y lo que dice hoy, y sentirse contento de que hay una mirada más verdadera de la realidad. Habrá que ver si un sector importante que lo respaldó lo sigue a una velocidad que sea útil para hacer los cambios y no se impone este grupo de gente que continúa en la línea de cuestionamiento al pasado y de creer tener una superioridad moral, como las recientes declaraciones de un senador (Juan Ignacio Latorre). Hay que apoyar al Presidente.

Ya se habla de una etapa posplebiscito...

El efecto a largo plazo del plebiscito va a durar más de una década, porque obliga a un reordenamiento del tipo de democracia que queremos. ¿Cuán social es esa democracia, o cuán conservadora? Y uno de los efectos mayores que va a tener históricamente, es el fracaso de la radicalidad identitaria de sectores de izquierda o de personas que no tienen una formación del diálogo político para resolver los problemas. Eso va a quedar instalado y va a ser muy difícil defender el fracaso de esa oportunidad histórica que tuvo Chile y que pudimos haberla logrado.

¿Cómo se imagina que terminará el gobierno de Boric?

En condiciones difíciles y ojalá con algunos logros. El desafío del Presidente Boric es establecer armonía entre ambas coaliciones en algunos objetivos concretos, porque no lo va a haber en todo, y en la lectura de la realidad.

No es muy optimista.

Al no tener una cohesión programática clara, un proyecto de futuro claro y tener dos coaliciones diferentes sin mayoría en el Parlamento, el gobierno debe ir avanzando paso a paso. Esto, en medio de condición económica nacional y mundial compleja. Hay que contar con gente que operalice rápido, porque los cuatro años pasan muy rápido y se está yendo el primero.

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