¿Qué es la “fatiga pandémica” y cuáles podrían ser sus consecuencias?

Eliminación del pase de movilidad, uso voluntario de mascarillas, no más límites de aforos y vacuna anual son algunas de las medidas que anunció la autoridad sanitaria. Pero ¿estamos dispuestos a seguir vacunándonos? Un estudio realizado por un grupo de entidades donde participó la U. San Sebastián, reveló que un porcentaje cada vez más alto de la población se cansó del proceso de vacunación. En esta nota te explicamos por qué ocurre el efecto “fatiga pandémica” y cuáles podrían ser sus consecuencias si no intentamos revertirlo.



No es nuevo escuchar que Chile ha sido uno de los países líderes en combatir la pandemia. Su eficiente trabajo en las medidas de control (Pase de Movilidad, uso de mascarillas, entre otras) y la campaña de vacunación ha logrado posicionarlo internacionalmente.

Sin embargo, luego de más de dos años, estas medidas sanitarias trajeron consigo consecuencias a nivel nacional, generando, entre otras cosas, lo que los expertos han llamado “fatiga pandémica”.

Así lo revela la encuesta MOVID-IMPACT-C Desafíos para el abordaje del COVID-19 ante el actual escenario de fatiga pandémica en Chile, realizada en junio pasado por un grupo multicéntrico, donde participó la Universidad San Sebastián, en colaboración con la Universidad de Chile, Universidad Central, el Colegio Médico y la Escuela de Psicología de la Universidad Diego Portales.

La encuesta se aplicó por teléfono a 1.247 personas mayores de 18 años a lo largo de todo el país, arrojando que el 68,9 por ciento de los encuestados tenía cuatro dosis; el 26,6%, tres dosis; el 4,1%, dos y el 0,4% contaba solamente con la primera.

María José Monsalves, doctora en Salud Pública y académica de la Facultad de Medicina y Ciencia de la USS, una de las autoras de la investigación, dijo que “el objetivo de este estudio es aportar con información para avanzar en la continuidad del plan de vacunación contra COVID-19 y poder generar una estrategia que sea sostenible en el tiempo; pues a pesar de que nos encontramos en un escenario favorable, ya que el 71,4 por ciento de la población tiene disposición para inocularse anualmente, nos preocupa el aumento de las personas que dicen estar cansadas o fatigadas del proceso”.

María José Monsalves, doctora en Salud Pública y académica de la Facultad de Medicina y Ciencia de la USS.

De hecho, casi un 28% de los encuestados no quiere volver a vacunarse, porcentaje que aumenta en el grupo entre 30 y 59 años, e incluso llegando a 41,9% entre los 18 y 29 años. También se encontraron diferencias importantes de género: las mujeres expresan sentirse más fatigadas (22,4%), frente al 16,9% de los hombres. La disposición a vacunarse anualmente en los grupos priorizados (mayores de 60 años o enfermos crónicos) alcanzó un 62,9%.

Estos porcentajes nos proponen desafíos, pues son personas que, en su momento, estuvieron dispuestas y seguras ante el esquema primario y ahora no lo están, debido -principalmente- a las dificultades para encontrar tiempo para vacunarse en horario laboral, la espera en los vacunatorios o la disponibilidad de vacunas de laboratorios específicos.

Josefina Aubert, académica de Vinculación con el Medio de la Facultad de Medicina y Ciencia de la USS, otra de las autoras de la investigación, asegura -no obstante- que, de los rezagados con alguna de las dosis, “es positivo que el 66,4% sí está dispuesto a hacerlo, si es que se les ofrece vacunarse dentro de las próximas dos semanas en que se efectuó la encuesta; pero que por los obstáculos de tiempo, lejanía o colapso de los mencionados locales de vacunación, no lo habían hecho”.

Josefina Aubert, académica de Vinculación con el Medio de la Facultad de Medicina y Ciencia de la USS.

La Dra. Monsalves indica que “algunas de las razones de esta fatiga pandémica es que había más expectativas en cuanto al tiempo de inmunidad de las vacunas, y que, a su vez, la alta efectividad de éstas en la reducción de desenlaces graves en salud, como mortalidad, ha producido una disminución de la percepción del riesgo de la enfermedad. Pero debemos recordar y destacar que el favorable escenario actual es gracias a la vacunación”.

En la misma línea, la Dra. Loreto Twele, infectóloga pediatra, académica de la Facultad de Medicina y Ciencia USS y jefa de Pediatría del Hospital de Puerto Montt, asegura que “lo que pasa con las vacunas COVID-19 no es nuevo, ya que como sí son efectivas, pagan el precio de su fama, porque la gente se empieza a olvidar de sus beneficios. Contra la Polio, una enfermedad muy antigua que está reapareciendo, por ejemplo, no vacunaron a tiempo a los niños en Europa y Estados Unidos. Es decir, si no nos vacunamos, las enfermedades reemergen”.

Loreto Twele, infectóloga pediatra, académica de la Facultad de Medicina y Ciencia USS y jefa de Pediatría del Hospital de Puerto Montt.

Foco en la vacunación

Pero el cansancio y la baja en la adherencia a vacunarse, según Twele, también se puede atribuir a la diversidad y confusión de la información y las medidas sanitarias que hasta hace poco teníamos, incluso con un porcentaje tan alto de población vacunada. “Estos factores, entre otros, han frenado a un grupo no menor de personas a querer seguir vacunándose. Con las nuevas medidas de des-escalamiento de las restricciones, el camino poco a poco comienza a despejarse y a cimentarse en evidencias científicas para poder seguir adelante y avanzar en la vacunación”, sostiene la pediatra.

Asimismo, Twele agrega que “se está haciendo lo correcto al terminar con las restricciones, como la toma de temperatura en los locales, el uso obligatorio de las mascarillas en algunos recintos, puesto que ya no se justificaban desde el punto de vista científico. Pues ahora con una población altamente vacunada se desestima su beneficio”.

La especialista añade un problema anexo provocado por dos y medio años de restricciones y aislamiento en los niños y adolescentes que ella ha constatado en terreno: “En Pediatría del Hospital de Puerto Montt tenemos muchos niños adolescentes hospitalizados por problemas psiquiátricos. Hemos tenido una ola increíble de depresión y suicidio por el poco contacto social de los niños y jóvenes, y ni hablar de la alteración y los eventuales daños del desarrollo lingüístico y social de los niños pequeños por el hecho de no poder ver las emociones y expresiones faciales debido a las mascarillas”.

Para las académicas entrevistadas, lo más importante es que las autoridades se enfoquen en un fuerte programa de inmunizaciones con foco en las personas de riesgo, con el apoyo de investigadores y académicos que enfaticen la difusión de información con evidencia científica que permita que la población entienda el beneficio de las vacunas, “por lo que desde el gobierno y las universidades se debe comunicar activamente, a través de las redes sociales, lives y entrevistas, sus beneficios, de modo de tranquilizar a la población y seguir insistiendo con un refuerzo positivo de lo importante que es vacunarse. Nadie se cuestiona cuando vamos a vacunar a los niños de 2, 4, 6 meses, porque sabemos que nos va a evitar meningitis y muchas otras enfermedades infecciosas, lo mismo debemos lograr con el COVID”, sostienen las especialistas.

En materia de comunicación de riesgo, es imprescindible contar con directrices simples y precisas. Twele dice que “se deben dar instrucciones de qué hacer con antígenos positivos, los que se pueden encontrar en una farmacia; comunicar los días de resguardo desde que alguien comenzó con síntomas, facilitar la entrega de licencias médicas y, sobre todo, concientizar a la población, traspasando la responsabilidad, generando cambios en nuestra manera de cuidarnos entre todos, donde si es que tienes síntomas, debes guardarte y testearte, para cuidar a quienes tienen más riesgo de contraer el virus de manera grave”.

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