El profesor universitario que descubrió un dinosaurio y un cocodrilo prehistórico

El geólogo Manuel Suárez, académico de la Universidad Andrés Bello.

Manuel Suárez, académico de UNAB y quien ya había sorprendido al mundo con el Chilesaurus, ahora está detrás del Burkesuchus mallingrandensis, un cocodrilo prehistórico. Aquí habla de las nuevas generaciones de geólogos que están formándose en las universidades y su sueño de implementar un “Parque Jurásico” chileno.




“Todavía en Chile un geólogo tiene que recorrer cerros, lo cual es fantástico”, dice el Dr. Manuel Suárez Dittus, un apasionado por su profesión, académico e investigador de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y protagonista de la última gran noticia científica de este lado del mundo. Junto a especialistas argentinos y chilenos, entre ellos su esposa geóloga Rita de la Cruz, acaban de hacer público su último gran descubrimiento: los restos de una nueva especie de cocodrilo prehistórico de 148 millones de años en la Cordillera Patagónica del sur de Chile, bautizado como Burkesuchus mallingrandensis.

Con esta noticia, publicada en la revista “Scientific Reports”, del prestigioso grupo Nature, Suárez recibe un nuevo impulso para seguir “recorriendo cerros”, como él define a ese aspecto de su profesión que lo apasiona, y que lo llevó a dejar de encabezar la carrera de Geología de la UNAB -fue director de ésta hasta el año pasado-, después de siete años a cargo. “Pedí dejar la dirección para dedicarme a los temas geológicos y paleontológicos de Aysén y de otras partes. Ahora soy profesor titular de la UNAB e investigador, un área que tenía un poco abandonada”, dice el investigador, quien espera que terminen las restricciones por la pandemia para volver a dejar los pies en la tierra. O en las rocas, mejor dicho.

“Me gustaba la especialidad de Sedimentología, que es entender las rocas de los sedimentos continentales o en un fondo marino”, cuenta. Por eso, agrega, hizo un doctorado en Inglaterra y después un año en la universidad de Cincinnati. Trabajó en el Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) y luego me dedicó a todo tipo de rocas. “Al mirar las rocas en detalle, encuentras las estructuras que indican el proceso que las formó, uno puede leer las rocas, y si las miras más en detalle encuentras fósiles, cuando son rocas apropiadas”, apunta.

Una nueva especie de reptil prehistórico, ancestro del cocodrilo moderno que habitó la Patagonia hace aproximadamente 148 millones de años junto a los dinosaurios, fue descubierto en la cordillera de la región de Aysén por científicos chilenos y argentinos.

Para el profesional, la geología, que este año cumple una década como carrera impartida por la UNAB, es una profesión “clave” e incluso “vital” para el futuro: “La geología es necesaria para un país e incluso vital: los estudios de agua, o del paleoclima, son parte del trabajo de un geólogo. Conocer la historia de la Tierra, nos permite predecir lo que va a pasar”.

Suárez parece disfrutar con la enumeración del campo de acción para él y sus colegas: “La geología tiene infinidad de aplicaciones. Lo más tradicional es pensar en el geólogo como quien encuentra un yacimiento de minerales, o de petróleo, o de aguas. Pero no es sólo eso: el geólogo decide dónde está la mina y sus dimensiones. Y el aporte que puede hacer en el descubrimiento de fuentes de agua, es vital”. Un geólogo también es capaz de anticipar peligros geológicos, como las remociones de masas, deslizamientos de agua o el monitoreo de volcanes. “Toda municipalidad debiera tener un equipo geológico, para desarrollar geología urbana”, dice.

Incluso, Suárez amplía el horizonte de lo que suele asociarse a su carrera. “Si se revisan las clases de historia de países vecinos, en muchas áreas la historia que nos enseñan es totalmente opuesta. Desde hace mucho tiempo, hay personas que han dicho que debemos encontrar la historia común de la humanidad, que se puede remontar hasta el origen del sistema solar, del universo. De nuestra conformación biológica, ya se ha dicho que todos venimos de las estrellas, que los átomos de un dedo vienen de estrellas distintas de los que tenemos en otro dedo. Esa es la historia común, de la Tierra, y esa historia la descubrimos con los estudios geológicos, paleontológicos, geoquímicos, astronómicos, entre otros. Pensándolo así, podemos tener un punto de vista más holístico de lo que tenemos que cuidar”.

Y el planeta que tenemos que cuidar está cubierto mayoritariamente por agua, otra área que Suárez destaca: la geología dedicada a los fondos marinos, en que UNAB, a través de su sede de Viña del Mar, ha hecho importantes aportes: “Los fondos marinos chilenos son tremendos territorios, que hay que conocer desde el punto de vista geológico. Para ser realmente soberano, un país debe hacerlo con conocimiento de su territorio”.

“Y está el patrimonio también”, continúa. “Hay un patrimonio natural, que es producto de la geología, como las Torres del Paine, por poner un ejemplo, y por ahí hay toda un área de desarrollo de la geología turística, que es un campo muy amplio que se está abriendo. En Chile, casi todo el turismo es de paisaje, no tenemos un Machu Picchu, lamentablemente”, ejemplifica. “La gente se relaja mirando los lindos paisajes de Chile, y todo eso es fruto de algo interno de la Tierra, que es la geología. Entonces si usted le explica a un visitante cómo se formaron esos cerros, esos lagos, cómo se labraron los glaciares, las rocas, le das un valor agregado a la observación, a la belleza del lugar y esa es un área que en los últimos años está tomando vuelo”.

Parque Jurásico chileno

Él mismo se está transformando en un motor del geoturismo en Chile, al potenciar el “Parque Jurásico” que alguna vez fue la zona conocida como Formación Toqui, cerca de Mallín Grande, comuna de Chile Chico, en Aysén. El mismo lugar donde los Suárez De la Cruz encontraron, hace 16 años, unos fósiles que cambiarían sus vidas y la de su hijo Diego.

Era el verano de 2004, Suárez y su familia montaron sus caballos y subieron la cordillera de Aysén, hasta los 1.400 metros de altura. “Diego tenía 7 años y, como todos los niños de su edad, estaba obsesionado con los dinosaurios y recogía todos los huesos de vacas y caballos que encontraba y preguntaba si eran de dinosauro. ¡Y no po! Pero lo importante es que ahí aprendió a reconocer la textura de un hueso. De repente, pidió un martillo de geólogo y partió solo. Y volvió con dos huesitos chiquitos, que reconoció como huesos fósiles”, recuerda Suárez.

Esos “huesitos chiquitos” en la mano de un niño se transformaron en uno de los mayores descubrimientos científicos de Chile: el primer dinosaurio encontrado en territorio nacional y bautizado como Chilesaurus diegosuarezi. Y aunque su descubrimiento quedó para la posteridad con su propio nombre, Diego Suárez no siguió los pasos de sus padres y ahora acaba de titularse de Ingeniero comercial.

El primer dinosaurio encontrado en territorio nacional fue bautizado como Chilesaurus diegosuarezi.

Manuel y su esposa Rita, geóloga del Sernageomin, siguieron recorriendo la cordillera de Aysén, dando cuenta de un formidable yacimiento fosilífero de reptiles jurásicos con una antigüedad aproximada de 148 millones de años. Allí, los Suárez De la Cruz, junto a especialistas argentinos encontraron el Burkesuchus mallingrandensis, descubrimiento que acaba de darse a conocer, pese a que los primeros hallazgos de este cocodrilo prehistórico son de 2014.

“Los últimos años han sido testigo del auge que la paleontología del mesozoico ha tomado en Chile, y animales como el Chilesaurus y el Burkesuchus ayudarán a cambiar nuestro entendimiento sobre la evolución de los reptiles que dominaron la Tierra en la Era Mesozoica”, dice Manuel Suárez, perfilando su proyecto de formar un espacio para la divulgación científica, con salas de exposición y museográficas en la zona, en el mismo Mallín Grande o en Chile Chico, las dos localidades más cercanas.

Ya tiene trabajo avanzado con el Museo Regional de Aysén: “Parte del fósil de Chilesaurus está en el Museo de Aysén. Ese museo es fantástico y tiene un director de lujo, Gustavo Saldivia, quien concibe un museo no sólo como bodegaje de muestras y exhibición. Él sabe que debe tener investigación y estamos en colaboración con el museo para dar valor a los dinosaurios. Lo que ya sabemos, tenemos que darlo a conocer, de manera fácil”, dice Suárez.

Aunque la tarea es enorme, ya puede enumerar avances: “Los pobladores de la zona están muy conscientes de que todo lo que sea fósil se tiene que conservar, que hay una ley del Consejo de Monumentos Nacionales que protege y establece que todo fósil no se puede llegar y sacar. También hay que preocuparse de la conservación del sitio, y para eso los dueños del terreno, que es privado, están muy conscientes de su cuidado”, remata Suárez, quien proyecta el futuro leyendo siglos de historia escritos en roca.

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