Los desafíos de la educación financiera infantil en la era de internet

Ya no basta solo con el clásico chanchito. Hoy la llegada de las compras digitales y el exceso de estímulos a través de redes sociales hacen cada vez más importante el desafío de incluir la educación financiera a temprana edad.




La introducción de la educación financiera a temprana edad es cada vez un elemento más crucial para poder aprender desde bien temprano, como tener conductas responsables no solo en el ámbito monetario, sino que también en la vida en general.

Según la Unicef, es recomendable comenzar a enseñar las primeras nociones sobre el dinero incluso antes de los 5 años, comenzando por el valor del dinero, el concepto de precio y por supuesto el ahorro.

De cierta forma, el clásico chanchito alcancía para guardar vueltos, mesadas y regalos de familiares era en su momento, una forma simple y efectiva de enseñar educación financiera infantil. Y si bien sus materiales y formas han ido variando, es un sistema que sigue siendo efectivo a la hora de enseñar desde muy temprano el valor del ahorro.

Pero hoy la realidad a la que se enfrenta un niño es muy diferente a la que había décadas atrás. Hoy el dinero no solo se expresa en monedas y billetes, sino que también en tarjetas, suscripciones y hasta transacciones digitales dentro de videojuegos y aplicaciones.

Y por lo mismo, las formas de abordar este proceso conllevan mucha más responsabilidad y un rol activo por padre de los padres y educadores de los niños. Por ejemplo, es de vital importancia que el concepto de ahorro no sea definido solo por los montos, sino que por una capacidad que sirve tanto a grandes como a chicos para obtener recompensas a través del tiempo.

Uno de los principales consejos que hoy se ha puesto de moda, es que en lugar de una alcancía, los niños tengan tres espacios para ir guardando el dinero que van recibiendo: una para ahorrar -que se recomienda que sea opaca-, otra para gastar, que puede ser un frasco transparente o bien un fondo administrado por los padres y finalmente una tercera alcancía hecha para compartir, en donde el dinero solo puede ser sacado si se va a usar junto al de otro hermano, amigo o miembro de la familia para adquirir algo que sea de beneficio de más de una persona.

Pasando ya los 5 años, y entendido el concepto del ahorro, se recomienda ir paso a paso enseñando nuevas nociones. Entre 6 y 9 años, por ejemplo, se debería empezar a explicar la diferencia entre necesidades y deseos, el reconocimiento de la labor de los bancos -a través de una cuenta de ahorro, por ejemplo- y los servicios financieros, como, por ejemplo, dar a entender que las tarjetas de crédito no producen dinero “de la nada” y que todo finalmente debe pagarse.

Más adelante, es posible ir enseñando planificación a corto y largo plazo, efectos de la publicidad, el concepto de poder adquisitivo y por cierto, los delitos financieros.

Las compras digitales

Pero también es necesario enseñar desde pequeños, el control y el valor de las transacciones digitales que hoy en día están presentes en decenas de videojuegos tanto para celulares como para consolas. Y muchas veces, estas transacciones no muestran valores directos en monedas como pesos o dólares, sino que en divisas únicas dentro del juego como “oro”, “diamantes”, “gemas”, “pavos”, y otras denominaciones de fantasía.

Así es como es común conocer historias de cuentas gigantes que aparecen a fin de mes hechas a través de juegos y tiendas de aplicaciones. Y a veces no es culpa de los niños, dado que muchas veces estas divisas digitales son diseñadas precisamente para no parecer dinero real.

Es por eso que es muy importante, sobre todo cuando se le da acceso a un niño a tener un teléfono con aplicaciones y juegos o bien, una consola de videojuegos, saber que lo que se compra allí cuesta dinero y tiene un valor. También, en lo posible, será necesario tener cierto control respecto al uso de estos juegos y los gastos. Por ejemplo, habilitar una cuenta sin acceso a compras y que todas tengan que hacerse a través de sistemas de regalos. O incluso habilitar algún tipo de “mesada digital” en donde se pueda pedir una cantidad mensual de divisas digitales, para entender que incluso en esos contextos es posible ahorrar.

Acá, el uso de herramientas de gestión, junto con la educación de los padres es clave, y la idea es ir aflojando esas restricciones en la medida que los hijos vayan creciendo y entendiendo el valor del dinero.

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