Obesidad en Chile: El costo detrás de la pandemia ignorada

Esta enfermedad amenaza con ser devastadora para Chile en los próximos 10 años, alcanzando al 36% de los adultos para 2030, generando un impacto no solo en la salud de la población, sino que también en la economía, pues acarrearía un gasto fiscal de 7 mil millones de dólares.




La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como la “acumulación anormal o excesiva de grasa que presenta un riesgo para la salud”, y que tiene un origen multifactorial, ya que tanto el estilo de vida como los antecedentes genéticos influyen para alcanzar esta condición.

En las últimas décadas el mundo ya ha sido alertado por el peligroso aumento de esta enfermedad tanto en adultos como en adolescentes, alcanzando la denominación de ‘pandemia no contagiosa’, y, sin ir más lejos, cuando el Covid 19 amenazó la salud pública de todas las naciones, el sobrepeso asomó como uno de los principales factores de riesgo.

Son muchas las comorbilidades asociadas, lo que hace aún más necesario el tratamiento oportuno y las políticas de prevención, principalmente en países de ingresos bajos y medianos, como detalla un informe de la Unidad de Inteligencia de The Economist.

La publicación del prestigioso semanario inglés se titula: “Abordar la obesidad adolescente en América Latina, el costo de la inacción en Brasil, Chile y Colombia”, y viene a hacer un llamado sobre la imperiosa necesidad de actuar a tiempo para evitar el millonario gasto fiscal que se avecina como costo directo e indirecto de su tratamiento.

¿Por qué Chile, Brasil y Colombia?

Sudamérica ha experimentado un aumento dramático en los índices de esta enfermedad en los últimos años como consecuencia de una serie de cambios socioculturales y de apertura económica que han modificado sus hábitos alimenticios. Como detalla el estudio, “mientras una nación aumenta su PIB, también lo hace la prevalencia de la obesidad”, y es justamente lo que ha ocurrido con estas ‘naciones emergentes’.

Los números de The Economist son tajantes: se estima que para Chile el costo total de la obesidad en adultos fue de 3.600 millones de dólares el año 2020, representando el 16,13% del gasto nacional en salud, y el 1,49% del PIB nominal.

Casi todos costos directos, debido principalmente al tratamiento de enfermedades asociadas, como diabetes, hipertensión, cáncer colorrectal, infarto y enfermedades coronarias crónicas. Diabetes es la comorbilidad de mayor prevalencia con un 50% de la muestra.

El problema epidemiológico es severo, pues cuatro de las cinco principales comorbilidades ligadas al sobrepeso se encuentran entre las diez principales causas de muerte en Chile: enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, hipertensión y diabetes tipo 2.

Según las estimaciones, para 2030, el 36% de los adultos chilenos sufrirán de obesidad, generando un gasto fiscal de alrededor de 7 millones de dólares. Las cifras son alarmantes, pues se trata de una carga socioeconómica difícil de asimilar para cualquier país de ingresos medios.

¿Por qué es el momento de actuar?

En el mundo, el número de jóvenes que vivía con obesidad se multiplicó por 10 en los últimos 40 años, pasando de 11 millones en 1976 a 124 millones en 2016.

Y en Chile, según datos de la OMS, el 14% de los adolescentes vivían con obesidad en 2016, y sin una acción oportuna, se prevé que estas cifras aumentarán a 17% para 2030.

Lo preocupante es que la trayectoria de la adolescencia con sobrepeso desemboca en adultos con la misma condición, por lo que el momento de mayor impacto sobre una buena salud es en la etapa infanto-juvenil.

El informe de The Economist señala que, si se aplicaran intervenciones tempranas, dirigidas y multidisciplinarias, que consigan ayudar al 20% de los adolescentes que viven con obesidad a alcanzar un peso saludable, Brasil, Chile y Colombia ahorrarían más de 4.000 millones de dólares acumulados entre 2020 y 2030.

La publicación reconoce que en Chile desde 2016 a la fecha se han realizado interesantes esfuerzos para concientizar a la población, a través de programas de gobierno, como Elige Vivir Sano, y políticas sanitarias, como La Ley 20.606, conocida como ‘Ley de Etiquetado’, que informa sobre la composición nutricional de los alimentos y también restringe la publicidad de productos “Altos en” dirigida a niños y jóvenes menores de 14 años.

Nuestro país ha sido pionero en este tipo de medidas, al punto que recién este año en Argentina se zanjó la discusión a favor de esta misma ley, teniendo a Chile como principal referente de ‘caso exitoso’.

Sin embargo, el impacto de estas políticas no ha podido ser comprobada en estos primeros años, y atendiendo a los alarmantes números y su proyección, se hace imperioso un accionar más concreto y dirigido.

El informe sostiene que Chile debe hacer hincapié en algunos aspectos fundamentales, como la ejecución de intervenciones escolares, donde, por ejemplo, la actividad física se transforme en eje principal del plan de estudios.

Ligado a esto señala que es imprescindible que los niños y jóvenes tengan fácil acceso a infraestructura y espacios deportivos, no solo en sus escuelas, sino también dentro de su comunidad.

También detalla la necesidad de generar alianzas con distintos actores sociales e instituciones, para crear un entorno de apoyo y de monitoreo que asegure el cumplimiento de las políticas públicas de deporte y vida sana, para conseguir que finalmente redunden en la generación de hábitos saludables.

Si las tasas de obesidad entre los adolescentes chilenos no se detienen y continúan aumentando como pronostica el estudio, el costo acumulado durante los próximos 10 años ascenderá a 2.600 millones de dólares, lo que representaría casi el 0,2% del PIB actual, sumándose al gasto por el tratamiento directo en adultos, que alcanzaría los 7 millones de dólares al finalizar esta década.

El estudio es concluyente. El momento de actuar es ahora, pensando en una sociedad más sana y vital, y que contagie de esta forma a su economía.

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