Del gobierno de emergencia al gobierno que trabaja por usted
"Las urgencias, por definición, son transitorias y de solución apremiante. Así, después de un tiempo, si no se notan cambios sustanciales, la opinión pública comenzará a perder la paciencia y a buscar responsables en la actual administración", dice Roberto Munita, director de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello.
Kast ha asumido la Presidencia con altas expectativas y con la idea del Gobierno de Emergencia como hoja de ruta. Sin duda, es un frame que resultó sumamente útil y eficaz en la campaña, para movilizar a la ciudadanía y conseguir el apoyo, incluso, de electores que pueden haber discrepado profundamente del candidato en ciertos temas, pero que terminaron confiando en él porque, en estos tiempos, se requiere mano dura y responsabilidad.
El problema es que un frame como el de Emergencia es de corto alcance. Las urgencias, por definición, son transitorias y de solución apremiante. Así, después de un tiempo, si no se notan cambios sustanciales, la opinión pública comenzará a perder la paciencia y a buscar responsables en la actual administración.
En todo caso, y quizás advirtiendo esto mismo, ya se ha comenzado a notar tímidamente un cambio. Desde el mismo día de la instalación, el Gobierno comenzó a instalar el eslogan “Trabajando para usted”, una frase que puede generar cuestionamientos desde un punto de vista creativo, pero que conversa muy bien con la idea de la emergencia. En simple: llegó el momento de pasar del dicho al hecho.
¿Cómo puede demostrar el Gobierno que está “trabajando para usted” y conseguir al mismo tiempo que “usted” lo valore?
Durante toda la campaña, el discurso de Kast funcionó en torno a tres grandes emergencias: seguridad, migración y crecimiento económico. La lectura estaba clara: era cosa de mantener el guión y no improvisar. Luego, es evidente que ahora el Ejecutivo se enfoque en estos tres ejes, como una forma de cumplir con las expectativas y, al mismo tiempo, conseguir triunfos legislativos.
Sin embargo, en su primer discurso como Mandatario, el 11 en la noche desde La Moneda, se notó algo adicional: mientras Kast hablaba, lo que más se escuchaba era un grito insistente que pedía “auditoría, auditoría”. Fue, sin duda, un clamor popular que parece generar tanta ansiedad como las tres prioridades ciudadanas ya mencionadas.
Dicho grito dejó entrever que existe una exigencia pública por realizar un profundo escáner al gobierno saliente: revisar programas, cuentas fiscales, contrataciones y uso de recursos públicos. Y, en este sentido, es posible que estemos presenciando el nacimiento de un cuarto eje de relato para el gobierno de emergencia: la limpieza del Estado, lo que va de la mano con reducir la grasa fiscal, fortalecer la probidad y ordenar la casa.
No sólo por deber ético, sino también por razones prácticas: cualquier esfuerzo serio de reducción del gasto —como el propuesto por Hacienda— difícilmente prosperará sin una revisión detallada de dónde se están yendo los recursos.
Si el Gobierno logra avances sustantivos en estos cuatro frentes, el legado se construirá solo. Pero si empieza a dispersarse, abrazando causas que pueden entusiasmar a su base o a su coalición, pero que no necesariamente son prioridad para la ciudadanía, ni cuentan con mayorías en el Congreso, corre un doble riesgo: puede terminar torpedeando sus propias agendas trazadas minuciosamente durante la campaña, malgastando esfuerzos en otros proyectos que quizás no vean la luz, y tensionando innecesariamente la relación con la oposición.
Es decir, a pesar de ser un asunto con fecha de vencimiento, el frame de la Emergencia sigue dando frutos y, por ello, no es recomendable salirse del libreto. Bien lo debe saber Kast, un hombre de campo: quien va por lana, puede terminar trasquilado.
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