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Verano 2026 en Chile: cifras que entusiasman

"Si logramos unir crecimiento, planificación y sostenibilidad, el verano dejará de ser solo una estación intensa y se transformará en una plataforma de desarrollo para el turismo chileno del futuro", dice Daniela Guarda, directora de la carrera de Ingeniería en Turismo y Hotelería de la Universidad Andrés Bello.

El gasto de los argentinos en Chile con tarjetas de crédito RAUL ZAMORA/ATON CHILE

Cada verano, Chile cambia de ritmo. Las ciudades costeras se llenan de vida, los paseos se iluminan hasta tarde y miles de familias recorren el país buscando descanso, experiencias y reencuentros. Es una escena que conocemos bien. Pero detrás de esa postal hay algo mucho más relevante que una buena temporada: el turismo se ha consolidado como una actividad estratégica para el desarrollo del país.

Las cifras oficiales lo demuestran. Según datos del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), en 2025 Chile recibió 6.004.567 turistas extranjeros, el mejor registro desde 2017 y un crecimiento de 14,6 % respecto a 2024. No se trata solo de una recuperación pospandemia; es una señal clara de que Chile vuelve a posicionarse con fuerza en el mapa turístico internacional.

En términos económicos, durante 2024 el turismo internacional generó más de USD 3,2 mil millones en ingresos por visitas de extranjeros, lo que significó un aumento de más de 33% en comparación con 2023, superando los niveles previos a la pandemia y evidenciando el dinamismo del sector en sectores como hotelería, gastronomía, transporte y comercio.

Para este verano 2025–2026, las proyecciones oficiales estimaron la llegada de cerca de 2,6 millones de visitantes extranjeros entre diciembre y marzo, mientras que el turismo interno alcanzaría alrededor de 28,8 millones de viajes dentro del país, con un crecimiento cercano al 5% respecto a la temporada anterior. Es decir, no sólo llegan más extranjeros: los propios chilenos siguen apostando por recorrer su territorio.

Creo que la conversación debe ir más allá de celebrar las cifras. Porque el desafío hoy no es solo cuántos turistas llegan, sino cuánto valor generan y cómo ese valor se distribuye en los territorios.

Las playas llenas son una buena noticia, pero no garantizan un desarrollo sostenible. El verdadero indicador estratégico es el gasto promedio por visitante, la duración de la estadía y la capacidad de diversificar experiencias. Si logramos que quienes nos visitan permanezcan más días, recorran más regiones y consuman productos con identidad local, el impacto económico será más profundo y más justo.

Chile tiene todo para lograrlo. Desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia, pasando por nuestros viñedos, parques nacionales, rutas patrimoniales y una gastronomía cada vez más reconocida, contamos con una oferta diversa y auténtica. El desafío está en articularla mejor, en integrar destinos y en ofrecer experiencias que vayan más allá del turismo tradicional de sol y playa.

También debemos enfrentar con realismo nuestros desafíos estructurales. La conectividad sigue siendo clave: más rutas aéreas, mejor infraestructura regional y accesos adecuados permiten que el crecimiento no se concentre en pocos puntos. La sostenibilidad es otro eje central. No podemos medir el éxito de una temporada sólo en ocupación hotelera; debemos considerar el cuidado de playas, el manejo de residuos y el bienestar de las comunidades locales.

Y, por supuesto, el capital humano. El turismo es, ante todo, servicio. La calidad de la experiencia depende de personas preparadas, con competencias en gestión, innovación y atención al cliente. Si queremos competir en un mercado global cada vez más exigente, necesitamos profesionalización constante y visión de largo plazo.

El verano 2026 nos encuentra en un momento alentador. Las cifras acompañan y el interés por Chile como destino está vigente. Pero el verdadero desafío es convertir esta temporada alta en una decisión estratégica de país. Que cada turista que llegue —sea extranjero o nacional— no solo deje una fotografía en redes sociales, sino también oportunidades reales para emprendedores, trabajadores y comunidades.

Las playas llenas emocionan. Las cifras entusiasman. Pero lo que realmente importa es lo que hacemos con esta oportunidad. Si logramos unir crecimiento, planificación y sostenibilidad, el verano dejará de ser solo una estación intensa y se transformará en una plataforma de desarrollo para el turismo chileno del futuro.

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