Por Ricardo Olave“El libro que marcó mi vida”: las lecturas que transformaron el mundo de escritores, científicos, deportistas y figuras públicas
Este jueves 23 de abril se celebra el Día del Libro, y para conmemorarlo, les pedimos a 12 entrevistados que volvieran a sus recuerdos para revelar esa lectura que les cambió la forma de relacionarse con la literatura. Desde Charles Baudelaire hasta Jack Kerouac, los títulos cambian, pero la experiencia se repite: hay libros que siguen abiertos mucho después de haber sido leídos.

1. Manuel Silva Acevedo, poeta y Premio Nacional de Literatura
A sus 84 años, el escritor vagabundea en sus recuerdos hasta llegar a un libro de poemas cuya resonancia lo acompaña hasta estos días: “Residencia en la Tierra”, de Pablo Neruda.
“En mi opinión, es en este poemario donde emerge el poeta por excelencia, y su lectura hizo que yo mismo, con mi propia poesía, pusiera los pies en mi propia tierra interior”, analiza sobre la obra que el Nobel escribió durante su estancia en Asia.

“Este poemario puso punto final a mi adolescencia y me hizo hurgar en lo más hondo de mi propia sensibilidad. Me mostró un camino no exento de dolor, que se hizo carne en mi poesía”, complementa.
2. Jilberto Zamora, director del Centro Teórico y Experimental en Física de Partículas de la Universidad Andrés Bello (UNAB)
Desde Suiza, donde lleva una temporada investigando en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), Zamora se aleja de la ciencia para regresar a un poeta maldito.
“ ‘Las flores del mal’, de Charles Baudelaire, cayó en mis manos cuando tenía veinte años, en un departamento en Santiago”, rememora. “Yo ya estaba fascinado por la física cuántica y la belleza fría de las ecuaciones, pero este libro me reveló que la belleza también podía ser oscura, enferma y profundamente humana”, reflexiona.

Como físico de partículas, Zamora pasa sus días en aceleradores y detectores.
“Baudelaire me enseñó a mirar también lo invisible del alma: esa mezcla de ángel y demonio que habita en cada uno de nosotros”
El científico señala que los versos del francés lo han acompañado durante noches de insomnio en el CERN y en laboratorios remotos, recordándole que “la búsqueda del conocimiento y la de la belleza responden al mismo impulso desesperado por trascender nuestra finitud… Hoy, cuando miro el universo a través de datos y modelos, sigo llevando dentro de mí ese perfume extraño y embriagador de sus flores malditas”.
3. Elicura Chihuailaf, poeta y Premio Nacional de Literatura
Desde Quechurewe, lugar de origen del “oralitor” mapuche, autor de “Recado confidencial a los chilenos”, recuerda un almuerzo familiar en el Club Radical de Temuco, cuando un vendedor pasó entre las mesas con su carrito de libros. “Nuestro padre nos dijo que eligiéramos alguno; yo tomé ‘Emilio y los detectives’, de Erich Kästner, editado por Zig-Zag, en su colección Ulises”.
La novela breve, publicada en la Alemania de 1929, tiene de protagonista a Emilio, quien viaja por primera vez solo en tren para llevarle a su abuela un dinero que su madre peluquera ha logrado ahorrar. “Son 140 marcos que ha guardado, prendidos con un alfiler, en un bolsillo de su vestón, pero se queda dormido y se los roban”, relata.
Más tarde, ya en Berlín, conoce a Gustavo, quien lidera un grupo de niños que se ofrecen a ayudarle a capturar al ladrón y recuperar el dinero. El poeta recuerda que esa jornada había cabalgado desde su comunidad de Quechurewe “mirando las estrellas, para alcanzar el tren (con locomotora a carbón) en Cunco, entonces un pequeño pueblo. Era mi primer viaje hacia la gran ciudad: Temuco”, confiesa.

Quien diría que esa tarde veraniega de los años 60 seguiría viva en su memoria, casi resguardando pequeños detalles como los asientos de madera de ese vagón, acompañado por Emilio, Gustavo y otros personajes. “No nos hemos abandonado, hasta hoy”, sentencia.
4. Dra. Brigitte van Zundert, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) de la UNAB
La neurocientífica y también directora del Núcleo Milenio de Neuroepigenética y Plasticidad (EpiNeuro) elige la obra “Martes con mi viejo profesor”, del norteamericano Mitch Albom, que narra la historia real de Morrie Schwartz, un profesor de sociología que enfrenta la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las neuronas del cerebro y la médula espinal responsables del movimiento muscular.
“He investigado esta devastadora y fatal enfermedad durante más de dos décadas, centrándome en su estudio desde la perspectiva de la ciencia básica. El libro aborda la relación entre un profesor y su exalumno, Mitch, ahora adulto, quien, como muchos de nosotros, se ha convertido en un profesional centrado en su carrera exitosa, sin comprender realmente de qué se trata la vida ni cómo vivirla plenamente”, comenta.

“A pesar de las severas limitaciones físicas y su muerte eminente, el profesor Morrie ofrece una profunda lección, transmitiendo la importancia de afrontar cada día con esperanza, fe, amor, empatía y compasión”, dice la investigadora, quien ha regalado este libro a más de quince personas, entre estudiantes del laboratorio, amigos y quienes han atravesado pérdidas profundas. Ella lo ha leído en múltiples ocasiones y, sin excepción, cada vez logra abrir su corazón e inspirarla “tanto en la investigación como en la vida”.
5. Iván Moreno, atleta olímpico
Más que un libro, fueron dos. En medio de un contexto marcado por la tensión política en Chile, Iván Moreno encontró en la trilogía del catalán José María Gironella una forma de entender el conflicto.
Atleta olímpico chileno, Moreno representó al país en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 y, a sus más de 80 años, sigue vinculado activamente al mundo del deporte, y encuentra en la lectura una calma a su estilo de vida.

“‘Los cipreses creen en Dios’ y ‘Un millón de muertos’ me enseñaron que, antes de criticar o contradecir a quien tengo delante, debo escuchar y tratar de comprender por qué piensa así”, afirma. La lectura no solo lo marcó en lo intelectual, sino también en la forma de enfrentar la vida. “Cada situación sabemos cómo comienza, pero no cómo terminará”.
6. Raúl Figueroa, director del Instituto UNAB de Políticas Públicas
El también exministro de Educación comenta que uno de los libros que dejó una huella profunda es “La rebelión de Atlas” de la escritora rusa-norteamericana Ayn Rand. “Más que una novela, es una provocación intelectual que invita a pensar el rol del individuo en la sociedad, la relación entre creatividad, mérito y reconocimiento, y los límites del poder estatal”, analiza.
A través de una trama que combina ficción, filosofía y crítica social, Rand construye un mundo en el que quienes crean, innovan y sostienen el progreso deciden retirarse, poniendo en evidencia la fragilidad de un sistema que no valora su aporte.
“La lectura interpela, incomoda y obliga a tomar posición frente a preguntas que siguen plenamente vigentes… Se puede discrepar de sus planteamientos, pero difícilmente se sale de sus páginas sin haber replanteado convicciones propias”.
7. Shirel, cantante
Para la compositora nacional, la lectura ha sido parte de su proceso creativo. Así llegó a un libro que identifica como decisivo. Hablamos de “El acto de crear” del productor musical Rick Rubin.
“Es un libro muy conocido en el mundo creativo. Cuando me encontré con su manera de entender la creatividad, me despertó muchísima esperanza”, cuenta.

Rick Rubin plantea en su obra que la creatividad no es un talento excepcional, sino una capacidad disponible para todos. “Habla de cómo uno se conecta con ella, de cómo viene de fuentes a las que todos podemos acceder, y de que nuestro rol es generar las condiciones para que esa información llegue”, explica.
Esa idea, dice, transformó su relación con el trabajo artístico. “Como creativa, es fácil perderse y olvidar el porqué de lo que hacemos. Este libro me reconectó profundamente con mi propósito y con la idea de que la creatividad tiene un poder mucho más grande del que a veces le damos”.
8. Mauro Basaure, sociólogo y profesor titular de la Universidad Andrés Bello
El libro que marcó su vida es “Chile actual. Anatomía de un mito”, escrito por el sociólogo Tomás Moulian. Lo leyó a fines de los años noventa, cuando estudiaba dicha carrera en la Universidad de Chile, en un momento muy especial.
“Poco después aparecería el Informe de Desarrollo Humano del PNUD de 1998, dirigido intelectualmente por Norbert Lechner, mientras José Joaquín Brunner hablaba en la prensa de algo así como la muerte de la lengua sociológica”, dice.
En ese contexto, el libro de Moulian tuvo en él un efecto muy fuerte. “Mostró que la sociología podía ser intelectualmente ambiciosa y, al mismo tiempo, tener una resonancia pública real”, explica. Basaure dice que no solo marcó por su diagnóstico sobre Chile, sino porque le permitió ver que “el pensamiento sociológico podía intervenir en la conversación de una sociedad entera”.
9. Alexandra Pardo, abogada especialista en políticas de maternidad y cuidados
“En el camino” del escritor norteamericano Jack Kerouac, es la obra elegida por la también creadora de la cuenta @mama.legal. Para Pardo, el título ícono de la generación Beat “no solo habla de lugares que conocer, sino de libertad y de no quedarse en un solo lugar. Y sí, lo hice… y lo seguiré haciendo”.
Tomando la experiencia de la obra, Pardo fue junto a su hija a recorrer parte de la Ruta 66, a quien pese a su corta edad la invitó a “nunca quedarse en el mismo lugar. Y llevo tatuada una frase del libro en la costilla derecha”.

Con la maternidad, ese viaje cambió, asegura. “Se volvió más interno, más silencioso. Entendí que no todos los caminos son hacia afuera. Y ese camino… también es parte de una transformación”, manifiesta.
10. Claudia Bascur, vicerrectora de Transformación Digital de la UNAB
La académica elige “La nieta” del alemán Bernhard Schlink, donde encontró una historia sobre memoria, identidad y vínculos.
Lo que más la conmovió fue la relación entre un abuelo y su nieta, marcada por dos mundos distintos tras la división alemana. “Es una novela que muestra cómo las ideas y la historia siguen dejando huella en las personas, incluso muchos años después”, señala.

Más que un desenlace, lo que destaca es el proceso: “Cómo ambos van ganando grados de libertad, sin imponerse, en una relación sencilla y profundamente humana”. Una novela pausada, que permite ver con claridad cómo el pasado, las ideas y la historia siguen dejando huella en las personas, incluso tras los eventos históricos.
11. Theodoro Elssaca, poeta
El autor nacional viaja medio siglo para regresar a la obra del narrador argentino Horacio Quiroga y sus “Cuentos de la selva”, señalando que regresa como quien vuelve “al jardín secreto de la casa de los abuelos, donde todavía se respira la adolescencia perdida”.
En sus animales y peligrosas travesías, Elssaca reconoce una época en que “todo parecía infinito, o al menos más grande que uno mismo. Con su prosa precisa, cruda y bravía, Quiroga me devolvió la emoción de mirar el mundo con asombro y temor a la vez”.

Con más de 40 años dedicado a la lírica, reconoce que hoy escribe desde la experiencia de los años. No obstante, la inocencia perdida puede ser rescatada al reencontrarse con la selva de Quiroga. “Por ello, este libro no envejece: aún sigue conversando con el niño que fui y con el hombre que aprendió a resistir”, concluye.
12. María Gabriela Huidobro, académica de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la U. Andrés Bello
Para la historiadora la pregunta es compleja, al haber tantos libros en su recuerdo, cada uno vital dependiendo de la etapa de vida. De todas formas, Huidobro elige “Gabriela Mistral: Magisterio y Niño”, que recibió de regalo de parte de una amiga cuando estaba estudiando historia y pedagogía.
“Son textos compilados por Roque Esteban Scarpa sobre el pensamiento pedagógico de Mistral, que me permitieron descubrir una dimensión de Mistral que va mucho más allá de su poesía”, asegura.

El libro le ofreció una comprensión de la pedagogía como “un acto profundo de amor, entrega y responsabilidad, y también una puerta de entrada para leer a Mistral en otras claves, más complejas y humanas”, señala, alejada de la imagen reducida con la que suele recordarse a la primera Nobel de nuestra nación.
“El libro me ofreció una oportunidad para mirar a las mujeres de la historia desde perspectivas más amplias, reconociendo sus múltiples facetas más allá de las etiquetas con que han trascendido”.
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