Listas de espera, alto gasto de bolsillo y percepción de baja calidad: los desafíos de Salud que enfrenta el gobierno
Un estudio del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello analiza la evolución del sistema sanitario chileno entre 2010 y 2025. Más allá de las contingencias que ha vivido el país durante este período -un terremoto, una pandemia y varias emergencias como los incendios forestales- hay problemas que no cambian, aun cuando ha aumentado la inyección de recursos.

“La evolución del financiamiento total en salud en Chile, entre 2010 y 2024, aumentó desde más de 13 mil millones de pesos a más de 33 mil millones, lo que equivale a un incremento del 142,7% real. Sin embargo, el gasto directo de los hogares fue el que más aumentó, acumulando un crecimiento total del 175,7%, a pesar de la medida del copago cero en FONASA, implementada en 2022″, dicen de entrada Héctor Sánchez y Manuel Inostroza, investigadores del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello y autores del estudio “Panorama y evolución del sistema de salud chileno entre 2010-2025: las crisis, desafíos y resiliencia del sistema, las iniciativas legales aprobadas y las reformas postergadas”.
El informe constata que las listas de espera, el alto gasto de bolsillo que tienen que hacer los usuarios en salud y la percepción de baja calidad en la atención figuran entre los principales desafíos que enfrenta el sistema.
Lo más llamativo de los números -una realidad que lleva varios años repitiéndose- es que muestran que la mayor inyección de recursos no se traduce en una mayor percepción de calidad del servicio por parte de los pacientes.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad en Salud 2025 del instituto, los indicadores de experiencia, percepción y expectativas de calidad se han mantenido en niveles reducidos durante los últimos quince años, con una tendencia a la disminución en la evaluación de la atención recibida.

“Si bien ha habido una leve recuperación del índice de experiencia de calidad en los años posteriores a la pandemia, este índice no es significativamente distinto al que los beneficiarios del sector público tenían al principio del período, en un contexto de mayor costo medio y eficiencia decreciente”, sostienen los autores del estudio.
A esta percepción de menor calidad contribuyen, entre otros factores, las listas de espera, la baja productividad de los hospitales públicos, el aumento del gasto en licencias médicas y la crisis del sistema privado de aseguramiento.
¿Cómo mejorar la eficiencia?
El documento elaborado por el ISP UNAB constata una realidad ya conocida: las listas de espera continúan siendo uno de los problemas más relevantes. La lista para consultas de especialidad no GES llegó a 2,73 millones de personas en 2025, mientras que la de intervenciones quirúrgicas alcanzó 421.535 pacientes, evidenciando la dificultad del sistema para recuperar su capacidad resolutiva tras la pandemia.
Respecto de la atención de patologías GES, “los días promedio de espera, que se habían reducido de 107,5 días en 2016 a 66 en 2019, volvieron a volvieron a aumentar con la pandemia, casi duplicándose y llegando a 131,7 días en 2020, alcanzando un máximo de 156,5 días en 2022. Para 2025, el promedio descendió levemente a 142 días, pero aún se mantiene muy por encima de los niveles previos a la crisis sanitaria, lo que evidencia el impacto sostenido sobre los tiempos de atención”, advierten Héctor Sánchez y Manuel Inostroza.
El estudio también advierte que el gasto de bolsillo sigue siendo una fuente de inequidad. En Chile, el 39,1% del gasto en salud proviene directamente de los hogares, cifra muy superior al promedio de la OCDE, que alcanza el 18%. Esta situación influye en la percepción ciudadana: el 61% de los chilenos declara estar insatisfecho con la disponibilidad de servicios de salud de calidad.
El informe concluye que, aunque el sistema ha demostrado resiliencia frente a crisis como el terremoto de 2010, el estallido social y la pandemia de COVID-19, su sostenibilidad dependerá de impulsar reformas estructurales que mejoren la eficiencia, reduzcan las listas de espera y disminuyan el gasto de bolsillo de las personas, dicen los autores.
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