¿Estamos preparados para una pandemia digital?
"La discusión tecnológica ya no puede centrarse únicamente en inteligencia artificial, automatización o velocidad de conexión. El verdadero desafío será construir infraestructuras resilientes, seguras y capaces de responder ante interrupciones globales", dice Mailyn Calderón, directora del Magíster en Gestión TI y Telecomunicaciones e investigadora ITiSB de la Universidad Andrés Bello.

Hace solo unos años, la palabra “pandemia” parecía reservada para crisis sanitarias. Hoy, sin embargo, expertos internacionales advierten sobre otro riesgo global: una posible “pandemia digital”.
El concepto no se refiere a un virus biológico, sino a una interrupción tecnológica de gran escala capaz de propagarse rápidamente entre sistemas interconectados y afectar simultáneamente telecomunicaciones, energía, salud, transporte y servicios financieros.
La advertencia fue planteada recientemente por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo especializado de Naciones Unidas para las tecnologías digitales. Y aunque el término puede sonar exagerado, basta observar cuánto depende nuestra vida cotidiana de la conectividad para entender que el riesgo es real.
Chile es un ejemplo claro de esta dependencia. Según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), el país superó los 8,2 millones de conexiones 5G en 2025 y mantiene una de las mayores penetraciones de fibra óptica de América Latina. Además, existen más de 27 millones de accesos a internet móviles y fijos activos en el país.
La transformación digital ha permitido modernizar servicios, optimizar procesos y acelerar la economía. Pero también ha incrementado nuestra vulnerabilidad.
Hoy, un corte masivo de conectividad ya no significa solo quedarse sin redes sociales. Implica hospitales con problemas para acceder a fichas clínicas, interrupciones en pagos electrónicos, fallas en sistemas logísticos, dificultades en servicios públicos y problemas de comunicación en infraestructura crítica. Mientras más interconectados estamos, más sensibles nos volvemos frente a fallas sistémicas.
Lo preocupante es que estas amenazas no provienen únicamente de ciberataques. Expertos internacionales también alertan sobre riesgos asociados a tormentas solares, daños en cables submarinos, fallas satelitales y eventos climáticos extremos.
Más del 95% del tráfico mundial de internet depende de cables submarinos, infraestructura crítica muchas veces invisible para la ciudadanía. Chile, además, busca consolidarse como puente digital hacia Asia mediante proyectos como el cable Humboldt, aumentando la relevancia estratégica de estas redes.
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿estamos realmente preparados? La respuesta probablemente es no, o al menos no completamente. Aunque existen avances importantes en conectividad y digitalización, la resiliencia tecnológica aún parece ir detrás de la velocidad con que adoptamos nuevas tecnologías. Muchas organizaciones todavía carecen de planes robustos de continuidad operacional, sistemas redundantes o protocolos frente a fallas masivas.
La discusión tecnológica ya no puede centrarse únicamente en inteligencia artificial, automatización o velocidad de conexión. El verdadero desafío será construir infraestructuras resilientes, seguras y capaces de responder ante interrupciones globales.
Porque en un mundo hiperconectado, la próxima gran crisis podría no llegar desde un virus biológico, sino desde la fragilidad de nuestra propia dependencia digital.
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