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Aumento en los casos de intolerancia al gluten y la lactosa: ¿moda o realidad?

Mejores herramientas médicas y una mayor información sobre el impacto digestivo que tienen estos alimentos han permitido que hoy haya más pacientes con diagnóstico y tratamiento en relación con décadas anteriores. Sin embargo, la preocupación actual es la gran cantidad de personas que se autodiagnostican, motivadas por tendencias que eliminan el consumo de harina de trigo o leche de vaca, atribuyéndoles perjuicios sin evidencia científica.

Cada vez es más común escuchar a familiares, amigos o compañeros de trabajo decir que los alimentos que contienen gluten –proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno– les caen mal, o que la leche de vaca les inflama y provoca problemas intestinales.

Lo que hace hasta algunos años parecía un problema poco frecuente, hoy forma parte de conversaciones cotidianas, listas de supermercado y menús de restaurantes, mientras que las etiquetas “sin gluten” y “sin lactosa” ya son parte habitual del rotulado básico de los alimentos.

Según un estudio realizado en 2025 por CADEM y Aramak, uno de cada cinco chilenos declaró padecer algún tipo de alergia o intolerancia alimentaria. Sin embargo, la encuesta también arrojó una importante estadística: sólo la mitad de quienes dicen sufrir de intolerancia al gluten o a la lactosa tienen un diagnóstico médico. Y la mayoría de quienes se autoatribuyen estos problemas son personas jóvenes.

Se calcula que casi siete de cada diez personas sufrirá algún problema relacionado con el consumo de leche de vaca a lo largo de su vida.

Los avances médicos, una mayor conciencia sobre la salud digestiva, cambios en la alimentación y el impacto de movimientos saludables que promueven la eliminación de ciertos alimentos de la dieta, han contribuido a que hoy se visibilicen más los casos de “alergias” e “intolerancias” al gluten o la lactosa.

Esto da pie a hacerse la siguiente pregunta: ¿existe un aumento real en los últimos años de personas con enfermedad celíaca e intolerancia a la lactosa, o las tendencias que llaman a no comer gluten o a no consumir leche de vaca han provocado que más personas sientan que estos alimentos les causan daño?

Dos realidades fisiológicamente muy distintas

Partamos por revisar las cifras relacionadas con el consumo de gluten. Según la Encuesta Nacional de Salud, aproximadamente un 1% de los chilenos sufre de enfermedad celíaca, un cuadro autoinmune que provoca la destrucción del intestino cada vez que la persona come algún alimento con gluten, y que si no es manejada adecuadamente puede poner en riesgo la vida.

Frente a esta cifra está un 8,5% de chilenos aparentemente sanos, pero que perciben molestias a la hora de comer cereales. Ellos podrían estar en la categoría de intolerantes al gluten, cuadro que causa molestias gastrointestinales, pero que no reviste de la misma gravedad que la enfermedad celíaca.

El gluten es la proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. Quienes sufren de intolerancia o enfermedad celíaca tienen problemas en la digestión de este componente a nivel intestinal.

La enfermedad celíaca, ya sea en niños o adultos, se manifiesta a través de síntomas como el dolor y la distención del estómago, acompañados de diarrea crónica y heces pálidas; también hay pérdida de peso y retraso en el crecimiento en el caso de los infantes. Además, puede provocar otros cuadros como vómitos, anemia y problemas a la piel.

Desde la Fundación Convivir, pionera en el trabajo con personas celíacas en Chile, aseguran que el aumento de diagnósticos es una realidad que observan hace años, porque hay un mayor acceso a la información, pero también porque “más profesionales consideran la enfermedad celíaca dentro de los diagnósticos posibles frente a síntomas digestivos que antes muchas veces eran atribuidos simplemente a colon irritable”, explica Helga Santibáñez, ingeniera en alimentos y coordinadora de la fundación.

Sin embargo, Santibáñez advierte que el subdiagnóstico sigue siendo importante, especialmente fuera de las grandes ciudades y en zonas con menos acceso a especialistas.

El doctor Freddy Squella, gastroenterólogo y profesor de la Universidad Andrés Bello (UNAB), ratifica que, por todas las razones anteriores, hay un aumento real de casos de personas celíacas respecto de décadas anteriores.

Pero la realidad del gluten, por cierto, no es la misma que la de la lactosa. Respecto de esta última, los especialistas no advierten que exista un aumento en su prevalencia, y las cifras del Ministerio de Salud son constantes con el paso de los años.

Los datos evidencian que entre el 40% y el 50% de la población tiene este problema, que ocurre por una razón netamente fisiológica: con el paso de los años, el organismo va perdiendo su capacidad de digerirla. Según cifras del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, cerca del 68% de la población mundial experimentará este problema en algún momento de su vida.

El mercado lechero hoy ofrece un amplio abanico de alternativas lácteas libres de lactosa, que permiten ser consumidas sin experimentar efectos secundarios como hinchazón o diarrea.

En el caso de la intolerancia a la lactosa, lo que sí ha aumentado es la información sobre el tema. De ahí que el mercado lechero se haya adaptado y hoy ofrezca un amplio abanico de alternativas lácteas libres de lactosa, que permiten ser consumidas sin experimentar efectos secundarios como hinchazón o diarrea. A estos alimentos se les introduce una enzima que permite digerir la lactasa –responsable de la intolerancia– en el organismo.

Si hay algo que une a ambas intolerancias es que ha aumentado el número de personas que se autodiagnostican. Pamela Campi, nutricionista y codirectora del Centro CADDA, advierte que hay muchos pacientes que, por ejemplo, llegan a la consulta atribuyendo automáticamente sus síntomas digestivos al gluten, cuando detrás puede haber otras causas digestivas.

“No todo es gluten. Muchas veces los síntomas se relacionan con carbohidratos fermentables presentes en trigo o lácteos, o incluso con cuadros como SIBO”, plantea.

Intolerancia al gluten y enfermedad celiaca: mitos y verdades

Desde Fundación Convivir aseguran que es muy frecuente recibir a personas que pasaron años consultando por molestias digestivas antes de llegar a un diagnóstico correcto. “Muchas veces los síntomas se normalizan y las personas viven largos periodos con anemia, malnutrición, dermatitis o cansancio persistente sin entender qué les ocurre realmente”, señala Santibáñez.

Ojo, porque en este punto, los problemas con el consumo de gluten también podrían confundirse con la intolerancia a la lactosa.

“La enfermedad celíaca puede dañar la mucosa intestinal y producir una intolerancia secundaria a la lactosa, lo que puede llevar a una persona a pensar por años que ‘le hacen mal los lácteos’, cuando el problema de fondo es una celiaquía no diagnosticada. De ahí que sea tan importante tener un informe médico y comenzar un tratamiento adecuado según la gravedad de la dolencia”, dice el doctor Freddy Squella, académico de la UNAB.

¿Es normal haber podido consumir productos con harina de trigo toda la vida y, después de los 40, convertirse en intolerante al gluten o celíaco?

“La enfermedad celíaca puede dañar la mucosa intestinal y producir una intolerancia secundaria a la lactosa, lo que puede llevar a una persona a pensar por años que ‘le hacen mal los lácteos’, cuando el problema de fondo es una celiaquía no diagnosticada", advierte el doctor Freddy Squella.

Si bien la pérdida de tolerancia al gluten puede ocurrir a cualquier edad, el doctor Squella cita estudios europeos que señalan que diagnosticar celiaquía a los 40, 50 o 60 años no es excepcional, por lo que siempre hay que estar atentos a cualquier manifestación anormal del organismo frente al consumo de ciertos alimentos.

Lo que no es recomendable es dejar de consumir gluten per se. Los especialistas hacen hincapié en este punto, ya que es cada vez más común recibir a pacientes convencidos de que “el gluten les hace mal” incluso antes de haberse hecho exámenes.

También reciben muchos casos de personas sin enfermedad celíaca o intolerancia que han dejado de consumir gluten bajo el argumento de que su consumo provoca problemas a la piel, disminuye la energía y la capacidad de concentración; sin embargo, no existe ninguna evidencia científica que respalde los beneficios de eliminar este componente de la dieta en el caso de las personas sanas.

Es más, la doctora Carolina Figueroa, gastroenteróloga de adultos del centro médico Nueva Estoril, es directa: “No es recomendable retirarlo sin supervisión médica, ya que los alimentos sin gluten muchas veces son más procesados o tienen menos nutrientes importantes”, advierte. Junto con eso, estudios internacionales evidencian que dejar su consumo puede acarrear déficits nutricionales, agrega el doctor Squella.

Desde Fundación Convivir comentan, además, que el auge de las dietas “gluten free” ha generado un efecto inesperado: banalizar la enfermedad celíaca y confundirla con una simple preferencia alimentaria.

“Muchas personas asocian lo libre de gluten con algo automáticamente más saludable, pero para una persona celíaca no es una moda, sino un tratamiento médico estricto y de por vida”, plantea Santibáñez.

La coordinadora de Convivir explica que esta banalización también provoca que en muchas oportunidades los restaurantes o servicios de alimentación no tomen con suficiente rigurosidad las medidas básicas para evitar la contaminación cruzada, exponiendo a personas celíacas a pequeñas trazas de gluten, con las negativas consecuencias que esto provoca.

Intolerancia a la lactosa: ojo con dejar los lácteos sin asesoría nutricional

A diferencia de la enfermedad celíaca, los problemas derivados del consumo de lactosa son más manejables, pero igualmente requieren de una intervención médica para descartar un problema de salud mayor.

La doctora Carolina Figueroa explica que la intolerancia a la lactosa puede aumentar con la edad y verse amplificada por estrés, medicamentos, cambios hormonales, mal sueño y hábitos alimentarios irregulares. “Esto no implica necesariamente una intolerancia, pero sí puede hacer sintomática una predisposición que antes pasaba inadvertida”, explica.

Las guaguas también pueden sufrir intolerancia a la lactosa, pero no es un cuadro frecuente. Se trata reemplazando la leche materna por alternativas especialmente formuladas.

Pese a las alternativas que hoy existen para consumir lácteos libres de lactosa, o de suplementarse con enzima lactasa en cápsulas, hay quienes optan por dejar de consumir estos productos de raíz. ¿El peligro de hacerlo sin supervisión médica y nutricional? Bajar el consumo de proteínas, calcio, vitamina D y B12, especialmente en adultos mayores y mujeres en etapa de menopausia, explica la especialista, quien añade que las dietas restrictivas sin vigilancia de un especialista también pueden deteriorar la relación con la comida y aumentar el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria.

Los expertos coinciden en que escuchar al cuerpo es importante, pero convertir cualquier molestia digestiva en una intolerancia puede ser igual de problemático. Antes de eliminar alimentos o seguir tendencias vistas en redes sociales, recomiendan consultar con un médico y realizar exámenes adecuados.

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