Gastón Soublette: El árbol del conocimiento

Retrato: Juan Pablo Sierra / Fotos: Documental “El lugar al que llego”, de Patricio González y Felipe Ossandón (@gastonellugar).

Tratar de definir a Gastón Soublette es una tarea imposible, aunque la primera impresión es la de estar frente a un gran árbol, con sombra amplia y tronco fuerte, que ha visto pasar mucha vida ante sus ojos. Este pensador de 93 años, filósofo, musicólogo y esteta, es impulsado inexorablemente por su naturaleza inquieta a explorar en múltiples ámbitos del conocimiento, aunque todos con un hilo en común: la humanidad, su evolución y el camino que hemos recorrido como sociedad desde los tiempos antiguos hasta la modernidad.




Actualmente es profesor en la Pontificia Universidad Católica de Chile, pero su visión personal se extiende más allá de las aulas universitarias, tocando la cultura popular, la cosmogonía mapuche y la sabiduría oriental del I Ching. Sus palabras y sentires son tomados como una guía actualizada del camino a seguir en estos tiempos turbulentos, que permite atravesar con decisión hacia construcciones de nuevos paradigmas y convivencia.

MásDeco llegó a su casa en Limache, donde nos abrió las puertas de su intimidad, conversamos de su amor por la naturaleza y de por qué prefirió la máquina de escribir al computador.

Gastón Soublette.

Yo escogí para estos recuerdos de mi recorrido por la vida un criterio diferente. El criterio que yo escogí es el de mis experiencias con los seres marginales y marginados de la sociedad, desde príncipes y maestros, hasta mendigos y delincuentes.

Gastón Soublette.

Escribió un libro con sus memorias. ¿Hay algún sentido de recapitulación en este trabajo?, ¿por qué hacerlo, hay nuevos descubrimientos en las distintas experiencias vividas?

Las memorias son recuerdos del pasado de una vida. Para escribir sobre eso uno puede usar cualquier formato o criterio. Algunos escriben sus memorias cronológicamente. Nací en tal ciudad, estudié en tal colegio, mis abuelos... mis padres... etcétera. Yo escogí para estos recuerdos de mi recorrido por la vida un criterio diferente, porque no creo que a la gente le interese saber quién era mi padre, ni que nací en tal ciudad y me eduqué en tal colegio. A la gente de hoy creo que le interesa más saber sobre cómo se generaron mis ideas sobre el hombre, el destino, la sociedad, los valores, y eso acompañado del retrato de experiencias concretas que expresan esas ideas.

El criterio que yo escogí es el de mis experiencias con los seres marginales y marginados de la sociedad, desde príncipes y maestros, hasta mendigos y delincuentes.

Soublette y su maquina de escribir.

Compré una computadora y una profesora me ha enseñado lo básico de su manejo para comenzar, pero hay algo en mí que rechaza esos mecanismos, y hasta el momento no creo haber asimilado nada de lo que han intentado enseñarme.

Gastón Soublette.

¿Cómo ha pasado este tiempo de retiro? ¿Qué es lo bueno de este período obligado de introspección?

Hace más o menos un año, entre estallido y pandemia, que estoy encerrado en mi quinta de Limache, porque a los adultos mayores de 75 años nos prohibieron salir de nuestras casas y deambular por las calles. Durante este tiempo he trabajado duro redactando textos para la universidad, pues al no poder dictar cursos fui contratado como profesor investigador, en el supuesto de que tenía algo que ofrecer. Lo que ofrecí fue una larga lista de investigaciones, las cuales están destinadas a ser publicadas por nuestra editorial (Ediciones U.C). En esa larga lista se incluyen el libro que acabo de publicar bajo el título de “Manifiesto”, el de las memorias, que ya está entregado a la editorial, y un comentario sobre el I Ching o Libro de las Mutaciones, de Confucio, ofrecido a la Facultad de Filosofía y Estética de la Universidad Católica. Este último está bastante avanzado y creo poder terminarlo a fines de noviembre. La lista termina con una investigación sobre el Mito del Paraíso, en el cual se combinan líneas de pensamiento teológico bíblico con la antropología filosófica moderna, con el objeto de verificar hasta qué punto lo que dicen los capítulos 2 y 3 de la Biblia hebrea corresponden con los descubrimientos arqueológicos y las conclusiones a las que la antropología filosófica ha llegado sobre la cultura paleolítica.

Soublette en la calle.

“Hay una minoría que renuncia al lucro, a la planificación y a la publicidad. Se constituye en comunidades de gente diferente que en su simplicidad voluntaria están situadas en la buena vía. Esa vía tiene destino, es como el Arca de Noé destinada a salvar a los que quieran salvarse”.

Gastón Soublette.

¿Qué es lo bueno de estar al margen de la tecnología? Cuéntenos el porqué de esta opción.

Vivir al margen de la tecnología de avanzada (no manejar vehículos motorizados, no usar teléfono celular, no manejar computadora, no moverse en el ciberespacio, etcétera) es algo que me resulta espontáneamente. Compré una computadora y una profesora me ha enseñado lo básico de su manejo para comenzar, pero hay algo en mí que rechaza esos mecanismos, y hasta el momento no creo haber asimilado nada de lo que han intentado enseñarme. En tanto que mi hija menor enchufa y aprieta botones, mueve flechas y sintoniza todo lo que quiere.

Lo positivo de esto es que por lo menos en esa parte de mi psique no hay condicionamiento provocado por esos mecanismos; es decir, ninguno de estos entra en mis planes mentales; siempre cuento yo con que otra persona que yo contrato hará la digitación y tendré un original impecable de mis libros pagando una cierta suma razonable.

He conocido varias experiencias de comunidades que viven al margen de la tecnología y han logrado crear entre sus miembros un mundo más pacífico y más humano.

Soublette retrato.
Retrato de Juan Pablo Sierra.

Mientras vivamos pensando en términos de ‘crecimiento’ el problema no tiene solución. La maquinaria de esta civilización industrial no era necesaria para que los hombres viviésemos en plenitud nuestra condición humana.

Gastón Soublette.

Desde su experiencia, ¿cómo podríamos expandir el despertar hacia una cultura consciente, armónica, colaborativa y amable con la naturaleza? ¿Cuál es nuestra tarea principal hoy y lo que debemos estar dispuestos a abandonar para reconstruir?

Mientras vivamos pensando en términos de ‘crecimiento’ el problema no tiene solución. La maquinaria de esta civilización industrial no era necesaria para que los hombres viviésemos en plenitud nuestra condición humana. Desde la edad axial, cuando nacieron los grandes imperios en el mundo, la idea de crecimiento nos dominó al perder el sentido de cuál es nuestra función como seres libres y conscientes. Desde entonces el mundo no ha cesado de crecer, pero vivimos en un planeta de recursos limitados; seguir dominados por el imperativo de crecer es precisamente donde reside nuestra locura. Estamos locos por haber perdido la noción del destino a que está llamado un ser consciente y libre como los de nuestra especie.

El que puede salvarse es el hombre, pero no con este sistema, y esa salvación no viene de las cúpulas de poder, viene de la base anónima, que por el momento es una minoría del 15%; pero va creciendo, gente diferente que redescubre la vida del espíritu y se han transformado en verdaderos seres humanos.

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