Minería

Este es el principal desafío para que la minería consiga operar con energías 100% renovables

El avance de la electrificación de los procesos mineros ha sido notable, del orden del 51,3% de su gasto energético total, restando reemplazar el 48,7% correspondiente a diésel. La traba principal es disponer de una tecnología capaz de igualar la potencia que hoy entregan los combustibles fósiles a los equipos de gran tonelaje.

Minera Collahuasi, ubicada en la alta cordillera de la región de Tarapacá.

La masificación de las energías renovables en Chile, que ha llevado al país a instalarse entre los líderes mundiales en su uso, ha ido de la mano de la industria minera. Este fue el primer sector en apostar masivamente por ellas, al detectar el potencial de combinar la radiación solar y el potencial eólico con sus propias necesidades energéticas, a lo que se le sumó el interés de avanzar en una agenda de descarbonización -en la que se han embarcado la totalidad de las grandes mineras- y la cercanía geográfica entre los polos de generación con las grandes faenas, sobre todo en el norte del país.

Esto ha llevado a que hoy, varias empresas del sector satisfagan todas sus necesidades de electricidad mediante contratos de abastecimiento basados en energía solar o eólica. A nivel agregado, las cifras son auspiciosas, pero a pesar de que la brecha por cerrar no es particularmente grande, llegar al 100% requerirá desarrollo tecnológico, cambios estructurales en el sistema eléctrico y, sobre todo, trabajo conjunto de distintos actores.

Un aspecto que contribuye es el hecho de que los minerales que produce esta industria son clave para la transición energética -el cobre o el litio chilenos son fundamentales para la electromovilidad global- por lo que la minería, en rigor, cumple un doble rol: liderar la transición energética y aportar los minerales que viabilizan este proceso.

Y si bien los avances son notables, queda camino por recorrer, sobre todo en el reemplazo de combustibles que hoy tienen pocas alternativas competitivas como, por ejemplo, el diésel para las flotas de camiones CAEX.

A esto se suma otro desafío igual de complejo, que es lograr que la mediana y pequeña minería suban al mismo carro en el que ya viaja la gran minería, algo que por escala les resulta más difícil.

Hacia dónde vamos

Las metas son bastante ambiciosas. Según la Política Nacional Minera 2050, el objetivo central es que a fines de esta década, el 90% de la energía eléctrica contratada por el sector minero provenga de fuentes renovables, proporción que deberá llegar al 100% en 2050. Así lo indican desde la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), donde su directora de Estudios y Políticas Públicas, Patricia Gamboa, señala que este es uno de los desafíos centrales para la industria minera en los próximos años.

“El uso de energías renovables es fundamental para la minería. De acuerdo con nuestros cálculos basados en el Balance Nacional de Energía 2024, la industria del cobre representa cerca del 15% del consumo final de energía del país. De ese total, un 51,3% corresponde a electricidad y un 48,7% al uso de combustibles fósiles, principalmente diésel. Esta distinción es relevante, porque la transición hacia fuentes renovables se ha concentrado en el componente eléctrico, donde el avance ha sido significativo: en 2024, el 78% de la electricidad consumida por la industria provino de fuentes renovables, impulsado por las propias compañías mineras”, destaca Gamboa.

Y advierte sobre cuál es, a su juicio, el desafío mayor. “Una parte importante del consumo eléctrico del sector ya está descarbonizada. El principal desafío es avanzar en la sustitución de combustibles fósiles”, advierte.

Una visión similar tiene Bastián Del Mauro, analista de Mercado de Commodities Minerales de Plusmining y adherente de Compromiso Minero. En su opinión, las fuentes renovables son fundamentales para la minería, y su participación en el total de consumo está relacionada con la escala que tienen.

“Las fuentes renovables son hoy un factor central. Según Cochilco, cerca del 80% de la electricidad que consumió la minería del cobre en 2025 vino de fuentes renovables. Varias compañías ya operan con suministro 100% renovable, entre ellas BHP, Antofagasta Minerals, Anglo American, Collahuasi, Sierra Gorda, Glencore, Lundin Mining y Enami”, destaca Del Mauro, quien añade que, si bien la minería del cobre representó cerca de un tercio de la demanda eléctrica nacional en 2025, ese consumo crecerá 20% hacia 2034, porque los yacimientos envejecen y su explotación requiere más energía.

“La electricidad renovable es estratégica y no solo reputacional. Permite que ese mayor consumo no se traduzca en más emisiones y reduce la exposición del sector a la generación eléctrica por medio de combustibles fósiles”, destaca.

Según Del Mauro, las cifras actuales suponen que la adopción, que se ha dado principalmente vía contratos de suministro (PPA), alcanzará un 98,6% de cobertura renovable al 2030, aunque bajaría a cerca de 93%, no por falta de recurso renovable, sino porque la proyección solo considera los contratos ya firmados.

“El desafío es contratar a tiempo y extender la adopción más allá de las compañías que ya lideran. La segunda traba es la transmisión y el almacenamiento. No falta generación renovable, falta llevarla al lugar y a la hora en que la faena la necesita. En 2025 el Coordinador Eléctrico Nacional reportó 5.700 GWh solares y eólicos que no pudieron inyectarse por congestión de redes y desajuste horario. Como una faena opera 24/7, avanzar depende de más redes y almacenamiento”, agrega.

La “última milla” para alcanzar el 100%

¿Qué falta para que la industria minera logre un 100% de uso de energías renovables? Patricia Gamboa, de Cochilco, señala que falta que las tecnologías para reemplazar procesos que hoy usan combustión, como las maquinarias de gran tamaño, evolucionen y ofrezcan alternativas viables.

“La traba principal es disponer de una tecnología capaz de igualar la potencia que hoy entrega la quema de combustibles fósiles en los equipos de gran tonelaje. Las alternativas con autonomía, como los camiones de extracción (CAEX) a batería o a hidrógeno, todavía no alcanzan una madurez tecnológica suficiente para operar a esa escala. Y este cuello de botella se vuelve más angosto por la tendencia estructural que vive la minería: la intensidad energética de la minería ha ido en aumento, producto de leyes minerales más bajas y rajos cada vez más profundos, lo cual se traduce en mayores distancias de transporte para mover el mismo mineral y, por lo tanto, en un mayor consumo de combustible, justo en el segmento donde aún no hay alternativas de reemplazo”, sostiene la representante de la Comisión Chilena del Cobre.

Desde el punto de vista de los consumidores de energía, se ponen otros elementos sobre la mesa, entre ellos el diseño del sistema eléctrico, que no ha considerado aspectos relevantes para la operación de las energías renovables, lo que eleva los costos.

Juan Ignacio Gómez, director ejecutivo de la Asociación de Clientes Eléctricos (ACENOR A.G.), argumenta que “el principal obstáculo está radicado en los pagos laterales; es decir, en todos los costos asociados a la operación del sistema eléctrico que se traspasan a los clientes libres. En la medida que haya más penetración de energías renovables variables, se requiere un esquema de servicios complementarios que permita una operación segura y a mínimo costo. En la medida en que los pagos laterales y, en especial, los servicios complementarios se encuentran en niveles de US$9/MWh, sigue siendo muy difícil una electrificación de todos los consumos, porque ello implicará mayores costos. Para alcanzar esa meta es necesario racionalizar todos los componentes de los pagos laterales”.

Además, el especialista plantea que, sobre todo después de recientes episodios de apagones a nivel de sistema, la operación ha tendido a privilegiar la seguridad por sobre la operación a mínimo costo, cuando lo mandatado por la ley es un equilibrio entre ambos objetivos. “Por ello, más que reformas legales o reglamentarias, lo principal es asumir que la electrificación de los consumos y la transición a las energías renovables requiere de pragmatismo: un sistema caro es tan inconveniente como un sistema inseguro”, concluye Gómez.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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