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Cómo el plan de Trump para adueñarse de Groenlandia remece la vida en la isla ártica

A pesar del cambio de retórica del mandatario estadounidense de no anexar la isla mediante la fuerza, los groenlandeses no bajan la guardia ante una posible ocupación. Residentes del territorio ártico cuentan a La Tercera cómo les ha afectado en la vida diaria el conflicto diplomático con Washington y señalan qué está en juego.

Imagen del 17 de enero de 2026 del primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen (4° a la derecha), visto durante una manifestación en contra de las acciones y comentarios de Estados Unidos, en Nuuk, capital de la isla. Foto: Xinhua/Anders Kongshaug Anders Kongshaug

En 2019, durante su primer mandato, Donald Trump se refirió por primera vez su intención de comprar Groenlandia. Aunque reconoció que no era una prioridad en ese momento, la declaración sacó de lugar a muchos. Sobre todo a Dinamarca, que tiene el control de la isla ártica bajo la categoría de territorio autónomo. “Debe ser una broma del Día de los Inocentes”, publicó en ese momento, vía Twitter, el exprimer ministro danés Lars Løkke Rasmussen. La opinión de su sucesora, la actual premier Mette Frederiksen, aunque en la misma línea, fue más escueta. “Absurdo”, dijo.

Con el inicio del segundo mandato de Trump, la discusión se retomó. El inquilino de la Casa Blanca subió el tono de la demanda por Groenlandia y calificó el asunto de “absolutamente necesario en interés de la seguridad nacional”.

Después de la captura de Nicolás Maduro por parte EE.UU. el 3 de enero pasado, los focos han estado puestos sobre Groenlandia. En una reunión que tuvo con representantes de empresas petroleras luego de la incursión en Caracas, Trump afirmó que “vamos a hacer algo respecto a Groenlandia, ya sea por las buenas o por las malas”.

Desde entonces, distintos funcionarios de la Casa Blanca han confirmado las intenciones de tomar control de la isla más grande del mundo, ya sea por la fuerza o mediante la negociación. Por ejemplo, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Stephen Miller, afirmó que Groenlandia debería pertenecer a Estados Unidos y que “nadie va a luchar contra Estados Unidos” por ella.

Sin embargo, esta semana, en su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, Donald Trump insistió en que quiere “obtener Groenlandia, incluyendo derechos, títulos y propiedad”. Pero, en un cambio de retórica, afirmó que no emplearía la fuerza para lograrlo.

Ya sea por sus riquezas minerales o por su posición estratégica en las rutas comerciales del Ártico, en las últimas semanas el gobierno estadounidense ha priorizado en su agenda las declaraciones en torno a la compra de la isla, debilitando su relación con Europa en el camino. Y los groenlandeses no son indiferentes a ello.

Protesta en Dinamarca en apoyo a Groenlandia. Crédito: @pelledragsted

Groenlandia es una isla de más de 2 millones de kilómetros cuadrados atravesada por el círculo polar ártico, y cuya población no alcanza los 60 mil habitantes. Esto es como si todas las personas de un país del tamaño de México cupieran en el Estadio Nacional. La Tercera entrevistó a cinco residentes de la isla para conocer cómo las amenazas de Trump han impactado en uno de los lugares más aislados del planeta.

Surrealismo

Sara Næss, estudiante de la Universidad de Groenlandia, comentó que la tranquilidad característica de la isla sigue presente en gran parte del territorio, pero en zonas más pobladas como Nuuk, la capital, se siente la tensión en las calles. Señaló que “la presencia militar y policial aumentó drásticamente. También, los periodistas están por todas partes. En la calle, en supermercados, restaurantes, y algunos incluso llegaban sin cita previa a negocios e instituciones, abrumando a la gente”.

Mads Hyldahl, ingeniero en comercio internacional, dijo algo similar. “Sin duda, hubo cambios notables desde que Trump retomó el tema de Groenlandia. La reciente escalada de la presencia militar no ha pasado desapercibida, y causa mayor inquietud e incomodidad para algunos”.

Un caso distinto es el de Aputsiaq Isaksen, operador de una barcaza minera del pueblo sureño Nanortalik. Él comentó que las amenazas de anexión de Trump han significado “un cambio muy significativo en la vida cotidiana y el diálogo con los cercanos. Pero la vida sigue igual por ahora, sin soldados a la vista”.

“Sí, la conversación a menudo gira en torno al ‘¿qué pasaría si?’, y varias familias han empezado a prepararse. Aparte de eso, todo parece más o menos igual que siempre”, agregó Lasse Nymand, piloto de helicóptero de búsqueda y rescate.

Soldados del Comando de Defensa de Dinamarca desembarcando en Nuuk, Groenlandia. Foto: @forsvaretdk

Sin embargo, Isaksen añadió que “no puedo evitar pensar que la tierra en la que vivo podría no pertenecernos a los inuit –el pueblo originario de la isla–, sino a otros que la quieren. Es surrealista”.

Dependemos de decisiones tomadas en el Despacho Oval y tenemos la inquietante sensación de no saber qué nos deparará el mañana”, agregó Hyldahl.

Groenlandia tiene una larga historia en torno al debate de la independencia del país nórdico. Existe un sentimiento nacionalista inuit muy presente en la población, que logró la autogobernanza en 2009. Así, los locales también comentaron sobre las preocupaciones que les provoca la actitud de “libre disposición” que tiene Washington sobre ellos.

Simon Lynge, cantautor de Alluitsoq –otro pueblo al sur de la isla–, dijo que “es doloroso y muy irrespetuoso. Me entristece y me enoja profundamente. Somos fuertes, sobrevivientes, pero también personas muy amables y gentiles”.

“Hay mucha rabia”, prosiguió. Hyldahl, agregó que se sienten “deshumanizados, reducidos en valor, tristes y sin voz”.

“Me irrita de verdad la falta de respeto de Estados Unidos. Deberían mantenerse alejados”, dijo Nymand, el piloto de helicópteros. “Te sientes pequeño e irrespetado. ¿Qué pasaría si fuéramos independientes y no perteneciéramos a la OTAN?”, se preguntó el operador de barcaza, Isaksen.

Imprevisibilidad y pérdida

A mediados de esta semana, el gobierno local de Groenlandia presentó una guía para preparar a la población en caso de crisis. En específico, el folleto presentado era un instructivo sobre cómo responder a “eventos que hagan particularmente vulnerable a la población” con la preparación de un kit de supervivencia de cinco días.

Tasiilaq, pueblo de Gronlandia. Foto: Pixabay

La Tercera habló con los locales sobre esto. Hyldahl indicó que los planes de la población groenlandesa son variados. “Existen muchas opiniones entre la gente, desde no hacer nada hasta considerar contraatacar directamente como civiles”, sostuvo.

“Nosotros, como familia, decidimos abastecernos de artículos esenciales hace unos días. Debido a la imprevisibilidad del actual presidente de Estados Unidos”, continuó.

“Sí, la gente se está preparando”, afirmó Lynge por su parte. “Almacenando combustible, comida y haciendo planes. Algunos tienen cabañas en las montañas a las que planean escapar. El gobierno animó a la gente a abastecerse de rifles de caza, munición y equipo de pesca. Aunque las armas no son para la guerra, sino para sobrevivir. En Groenlandia, todos cazamos”, agregó el cantautor.

A diferencia de la familia de Hyldahl, Isaksen dijo: “Les decimos a los niños que no se preocupen demasiado, que simplemente vivan con normalidad por ahora. Sin kits de supervivencia, sin pánico, por ahora”.

Nymand afirmó que “con mi familia hemos hablado de qué haríamos si ocurriera lo peor y Estados Unidos decidiera anexarnos. Si salir del país o quedarnos. Esa es una decisión que nadie quiere tener que tomar”.

Sumado a lo anterior, los temores de la población no solo se relacionan con la violencia de una ocupación extranjera, sino con la posterior pérdida de la identidad cultural y ambiental de la isla. “Hemos visto cómo la administración estadounidense trata a los nativos americanos y sus territorios sagrados. Integrarnos a Estados Unidos pondría en riesgo nuestra cultura y forma de vida”, argumentó Hyldahl.

Næss, se sumó a esto. “Observemos cómo tratan a la población nativa estadounidense para comprender hasta qué punto EE.UU. se desentiende de los pueblos indígenas y sus derechos. Ellos representan todo lo que Groenlandia no. Aquí hay atención médica gratuita, escuelas, derechos LGBTQIA+, libertad de expresión y comunidad”, señaló.

Isaksen comentó sobre esto que “no creo que perderíamos nuestro idioma –el kalaallisut–, pero sí nuestra forma de vida, la naturaleza prístina, la vida salvaje y las tradiciones de caza”.

Los campos de hielo de Groenlandia constituyen una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo. Foto: Archivo

En la misma línea, Nymand sostuvo: “Mi mayor temor es perder nuestra conexión con la naturaleza, nuestra lengua y nuestra cultura. Estamos profundamente conectados con la tierra, y la historia nos demuestra que Estados Unidos no ha tratado muy bien a los pueblos indígenas. Los explotan y contaminan”.

“Sería como cortarle la pierna a un corredor, quitarle el bosque a una tribu indígena sudamericana o quitarle el océano a una ballena”, comparó después.

Todo lo que nos hace groenlandeses tal vez se pierda”, especuló Isaksen.

Finalmente, Hyldahl comentó que “nuestro mayor anhelo es convertirnos en un Estado soberano capaz de autocuidarse. Puede que no seamos soberanos, pero conseguimos un gobierno autónomo y hablamos por nosotros mismos en nuestros propios asuntos (…) Me temo que todos esos progresos se perderían si Estados Unidos nos anexa”.

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