La "dama de hierro" de Hong Kong en su momento más difícil

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La jefa del Ejecutivo, Carrie Lam, ha visto caer de forma dramática su aprobación a raíz de la polémica generada por una ley de extradición, ahora suspendida. Ayer, miles de personas marcharon en zonas visitadas por turistas chinos.




Católica devota, Carrie Lam ha dicho que "hay un lugar reservado para ella en el cielo", porque "hace cosas buenas". Con seguridad, los millones de manifestantes que han salido a las calles en las últimas semanas para protestar en contra de un frustrado proyecto de ley de extradición, que iba a permitir enviar a personas de Hong Kong a China continental para ser enjuiciadas, no piensan lo mismo de la jefa del Ejecutivo de esta región administrativa especial del gigante asiático.

Pero la mujer de 62 años, quien desde 2017 rige los destinos de la excolonia británica, no parece inmutarse por estas históricas manifestaciones. Acusada por sus detractores de ser "la marioneta de China", Lam asegura no haber recibido "ninguna instrucción ni ninguna orden de Beijing para llevar a cabo este proyecto de ley".

Para reafirmar su postura, la "dama de hierro", como es descrita por los altos funcionarios de la administración, según el diario hongkonés The Standard, jugó la carta de la emoción en un discurso transmitido por la televisión progubernamental. "Las personas dicen que traicioné a Hong Kong. ¿Cómo habría podido traicionar a Hong Kong? Nací y fui educada aquí. Crecí con las personas de Hong Kong. Hice muchos sacrificios personales por este lugar", declaró con lágrimas en los ojos, según consignó France 24, destacando que en calidad de madre ella no cedía cuando sus hijos le pedían alguna cosa.

Nacida en Hong Kong, Lam proviene de una familia de clase obrera. Sin embargo, su implacable sensación de convicción -que los críticos llaman arrogancia- la ayudó a salir de un hogar modesto en el atestado distrito central de Wan Chai hasta el pináculo del poder en la excolonia británica. Descrita por The New York Times como una "adicta al trabajo" por su hábito de dormir solo unas tres o cuatro horas cada noche, Lam se unió a la administración pública en 1980 tras graduarse de bachiller en Ciencias Sociales de la Universidad de Hong Kong. Durante su tiempo allí, la enviaron a la U. de Cambridge para cursar un diploma en Estudios del Desarrollo.

De regreso en Hong Kong, en 2006, Lam comenzó a escalar posiciones. Con tal objetivo, renunció a su nacionalidad británica en 2007 para servir como secretaria de Desarrollo, cargo que desempeñó hasta 2012. Durante su servicio se ganó la reputación de "luchadora", debido a su manejo de la controvertida demolición del Muelle de la Reina. Pero el trampolín político para Lam llegó ese mismo año al convertirse en secretaria jefa de la Administración, bajo la gestión de Leung Chun-ying, tildado de "títere de Beijing" por la oposición. Su lealtad al jefe del Ejecutivo hizo que la bautizaran como "la niñera".

Esta imagen negativa se vio reforzada cuando en 2014 apoyó un proyecto de reformas defendido por Beijing y criticado por la oposición por representar una "falsa democracia". Esta iniciativa movilizó a decenas de miles de personas que salieron a las calles para reclamar un verdadero sufragio universal en Hong Kong. Tras los 79 días que duraron las protestas, conocidas como la "Revolución de los paraguas", Lam mantuvo conversaciones con cinco líderes estudiantiles, pero no logró resolver las diferencias.

Ello, sin embargo, no fue impedimento para que en 2017 se convirtiera en la primera mujer en dirigir Hong Kong. Nombrada por un comité de 1.200 personas que representan la ciudad, obtuvo apenas 777 votos. El 1 de julio de ese año, justo cuando se cumplían 20 años de la devolución de la excolonia británica a China, Lam juró en presencia del Presidente chino, Xi Jinping. En su discurso de aceptación, dijo: "Hong Kong está sufriendo una división bastante seria. Mi prioridad será curar esa división".

Y aunque insiste en que es políticamente independiente, Lam alarmó a muchos el año pasado cuando nombró a Xi como el líder que más admiraba. "Lo encuentro cada vez más carismático y admirable en las cosas que está haciendo y diciendo", dijo al Financial Times.

¿Renuncia?

A raíz de la crisis desatada por la ley de extradición, el índice de aprobación de Lam se desplomó 20 puntos porcentuales, ubicándose en 23%, según un sondeo de la Universidad de Hong Kong. El diario The Epoch Times asegura que se trata de un mínimo histórico entre todos los exjefes ejecutivos de Hong Kong desde 1992. Pese al adverso escenario, en una reunión a puertas cerradas con políticos pro-Beijing, Lam hizo hincapié en su negativa a dimitir, mencionando el sólido respaldo de China, informó el diario Hong Kong Economic Times.

Sin embargo, los analistas difieren sobre el futuro político de Lam. "Ella está muy afectada por la crisis, después del 12 de junio quería renunciar, pero Beijing quiere que se quede por el momento. Será reemplazada más tarde, cuando Beijing piense en su sucesor, probablemente antes de fin de año", aseguró a La Tercera Jean-Pierre Cabestan, experto en China de la Universidad Bautista de Hong Kong.

"Aunque este es el momento más crítico en sus dos años en el cargo, creo que no elegiría renunciar en el corto plazo", explica Ivan Choy, profesor en la U. China de Hong Kong. Y da sus razones para ello. "No solo por su personalidad obstinada, sino también porque la decisión final es controlada por Beijing en lugar de ella", concluye.

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