La frontera en las Irlandas: el punto de discordia del proceso del Brexit

Protestas afuera del Parlamento británico. Foto: Reuters

Irlanda del Norte y la República de Irlanda comparten una frontera de 500 kilómetros y sus habitantes la cruzan a diario. Se teme que en el caso de un Brexit sin acuerdo con la Unión Europea se vuelvan a restablecer los controles fronterizos.




Ronan tiene 10 años y vive en Irlanda del Norte, muy cerca de la frontera con la República de Irlanda. Dos veces a la semana cruza hacia el sur para jugar en un equipo de fútbol y también comprar la mercadería con su madre. "Es muy fácil cruzar la frontera para comprar, porque nadie te para y no tienes que mostrar tu pasaporte. Después del Brexit las cosas puede que sean diferentes", cuenta a la BBC.

El temor que tiene Ronan no es aislado. La salida de Reino Unido de la Unión Europea, prevista hasta ahora para el 31 de octubre, no solo ha preocupado a quienes viven en la frontera de esta isla, sino que también a comerciantes y a los habitantes en general, que están acostumbrados a vivir con lo que se denomina

una "frontera abierta", es decir, sin controles.

Irlanda del Norte y la República de Irlanda comparten una frontera de 500 kilómetros y existen 208 cruces para ir de un lado a otro. Pese a lo reducido del territorio, esa cifra es muy superior si se compara con los 137 cruces que la Unión Europea tiene con todos los países del este.

Es tal el nivel de relación entre ambas partes, que es muy común no sólo hacer compras al otro lado de la frontera, sino que muchos tienen familiares en ambas partes y se visitan con alta frecuencia. Es más, al cruzar las personas ni siquiera se dan cuenta, solo cambia el sistema métrico: por un lado la señalética está en millas y en el otro en kilómetros.

Un ejemplo muy común de lo que ocurre a diario a nivel comercial -explica el diario The Guardian- es que la leche sale de Irlanda para ser pausterizada en Irlanda del Norte y que también sea envasada allí, para luego volver al sur y ser vendida en los supermercados.

¿Cómo el Brexit llegó a estar al medio de esta relación? Irlanda es la frontera terrestre que Reino Unido tiene con la Unión Europea y dependiendo de los términos del divorcio que Londres llegue a tener con Bruselas, todo podría cambiar. Esto, porque una vez que se concrete el Brexit, Reino Unido se saldrá del mercado único y de la unión aduanera, que rige a los países miembros del bloque.

"Póliza de seguro"

Es por eso que el acuerdo que el gobierno británico negoció con Bruselas el año pasado tiene una cláusula, conocida como backstop o salvaguarda irlandesa que es considerada como una suerte de "póliza de seguro" que Irlanda quiere que exista para asegurarse que la frontera permanecerá completamente abierta al comercio, las personas y los servicios bajo cualquier circunstancia después del Brexit, incluso vinculando al Reino Unido a las normas comerciales y de otro tipo de la UE, a menos que se encuentre otra solución.

La salvaguarda fue un factor importante en el rechazo del Parlamento británico al acuerdo de Brexit que la expremier Theresa May firmó con Bruselas y el actual primer ministro, Boris Johnson, ha dejado claro que Reino Unido quiere distanciarse de las regulaciones del bloque después del Brexit. Londres propuso a Bruselas la semana pasada que se establecieran normas comunes para el control de los animales y los productos de origen animal en toda la isla de Irlanda como alternativa al actual mecanismo. Se espera que en las negociaciones que está llevando a cabo Johnson con el bloque éste sea un tema clave.

¿Por qué no quieren controles fronterizos? Ese es el gran temor. Muchos tienen en la memoria que durante el período conocido como "the troubles" o los conflictos en Irlanda del Norte, la frontera fue un blanco de ataques. "En el caso de un Brexit sin acuerdo aumenta la probabilidad de que haya una frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Hay preocupación por el impacto económico que tendrá en las personas. Muchos viven en la frontera y causará grandes interrupciones", señaló a La Tercera, Jess Sargeant, analista del centro de estudios Institute for Government.

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