La herencia política de la crisis financiera de 2008

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Protesta con pancartas detrás del director general del banco de Inversiones Lehman Brothers, Richard Fuld Jr, en 2008.

A 10 años de la crisis económica, la previsiones sobre una profunda reinvención del sistema que provocó la crisis no se cumplieron. Sin embargo, en el plano político sí se observó un cambio. Las corrientes nacionalistas y los movimientos populistas se instalaron y van al alza.




Transcurría la madrugada del lunes 15 de septiembre de 2008 y el entonces cuarto banco de inversiones más grande de Estados Unidos, Lehman Brothers, se acogía al capítulo 11 de la ley de quiebras de ese país, declarándose incapaz de hacer frente a sus obligaciones. El colapso no solo abría la puerta a un escenario incierto, sino que también desencadenaba la gran recesión y la mayor bancarrota en la historia de la primera potencia mundial.

Hoy, a 10 años de la crisis, son muchos quienes cuestionan las lecciones aprendidas, considerando todo lo que vino después del colapso de los mercados. Y más aún, porque dada la magnitud del derrumbe, se esperaba que esta pesada herencia incluyera una profunda reinvención del sistema, en todas sus dimensiones. Pero no fue así.

"El proceso establecido por el colapso de septiembre de 2008 de Lehman Brothers ha producido dos grandes perdedores: la democracia liberal y las fronteras internacionales abiertas", señala un artículo del Financial Times publicado el 30 de agosto.

Y es que la secuencia de acontecimientos desencadenados desde aquel momento, puso en tela de juicio el equilibrio internacional de poder, especialmente después de décadas de promesas en pos de la globalización. Poco a poco la dramática cronología de los hechos demostró que no todo era casualidad. La creciente tendencia populista en el mundo sería uno de sus legados.

Descontento social

El efecto dominó de la crisis no solo provocó una serie de cuestionamientos inmediatos en EE.UU. sobre la necesidad de reformas o incluso en China, por la falta de cambios estructurales, sino que también generó ecos en todos los continentes.

En Grecia la crisis fue como el paso de un huracán. La falta de apoyo al Pasok-partido socialdemócrata que gobernaba en mayoría en 2009, cuando colapsó la economía- sirvió como un trampolín para movimiento de izquierda Syriza. El movimiento de Alexis Tsipras prometió salir de la debacle sin "venderse" a los organismos internacionales, que de todos modos fueron los que financiaron el rescate. El pasado 22 de junio, Atenas celebró el fin del rescate financiero y comenzó a dejar atrás ocho años de crisis que provocaron un Estado en la quiebra y una población pobre y desilusionada.

En diciembre de 2010, en el punto de partida de la Primavera Árabe, el joven Mohamed Bouaziziun se quemó a lo bonzo en Túnez para protestar contra las injusticias del sistema de ese país y un mes más tarde el Presidente tunecino Zine el Abidine Ben Alí dimitió tras 24 años en el poder. Poco después, en febrero de 2011, cayó el Presidente de Egipto, Hosni Mubarak y ese mismo año, Muammar Gaddafi fue linchado en Libia. En tanto, Siria se enfrascó en una guerra y en 2014, Yemen comenzó su propio conflicto.

"A pesar de muchas advertencias, el entorno posterior a la regulación fracasó como muchos predijeron y la crisis se convirtió en el éxito de los que ganaban más a costa de todos los que no pudieron reaccionar bien. El populismo fue el resultado", dijo a La Tercera Charles Geisst, profesor del Manhattan College y exbanquero de inversión..

Entonces irrumpió el 2016, el año en el que ganó lo improbable. Aparecieron así los cisnes negros, primero en junio con el triunfo del Brexit en el referéndum sobre la separación de Reino Unido de la Unión Europea. Luego, con el auge de populistas y de la ultraderecha en Alemania, Francia, Italia y Holanda.

La guinda de la torta fue lo que ocurrió en noviembre en Estados Unidos, con la controvertida victoria de Donald Trump, que una vez en la Casa Blanca ha puesto en marcha medidas proteccionistas y nacionalistas.

Mientras, en Europa, nacionalismos comenzaban a consolidar su ascenso.

Mundo unipolar

Un mes después de la quiebra de Lehman Brothers, Alastair Newton, actual director Alavan Business Advisory y quien en esa época era director gerente del banco de inversiones, dio una presentación en Chatham House de Londres sobre las implicancias de la crisis. "Una de las cinco conclusiones clave que extraje en ese entonces, fue que ni el G7 ni el G20 solucionarían los problemas en el sistema financiero mundial que fueron la raíz de la crisis, tal como lo hicieron después de la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis económica mundial de 1998", indica a La Tercera.

Sin embargo, a juicio del experto, hay que ser justos a la hora de realizar el análisis. "Recordemos que después del colapso del Muro de Berlín, la democracia liberal se expandió de una manera sin precedentes", señala Newton. Según él, descartar ese fenómeno es "exagerar seriamente la crisis (...), más bien, diría que lo que estamos viendo es el fin de la hegemonía de Estados Unidos o, si lo prefiere, (el término) del 'momento unipolar'".

Con todo, la profundización del descontento social se reflejó en muchas de las elecciones post 2008. La impunidad de los responsables de la recesión, es decir, de quienes hicieron colapsar la economía mundial, generaron traumas que todavía penan. Ni banqueros, ni reguladores, fueron a la cárcel. Es más, un informe de The Wall Street Journal de 2016, señaló que de 156 casos presentados contra 10 de los mayores bancos estadounidense, solo en el 19% se identificaron culpables y solo uno de ellos pertenecía a la dirección de esas instituciones.

"Ahora somos más prudentes sobre el sistema financiero, pero la misma crisis podría evolucionar fácilmente a través de la acumulación de grandes cantidades de deuda por parte de países y compañías", comenta Geisst.

Ola populista

A nivel global, en los últimos procesos electorales candidatos de izquierda y de derecha se han acusado y responsabilizado mutuamente de las debilidades del sistema político y económico. Y paralelamente, los discursos xenófobos, racistas y nacionalistas, acapararon cada vez más atención, teniendo a Trump como el mayor ejemplo en esta materia.

Aún así, Newton pone paños fríos. "Hasta el momento, ninguna otra economía importante está siguiendo a Estados Unidos en el proteccionismo, a menos que sean medidas de represalia", dice el experto y agrega que mirando los datos "el comercio de bienes sigue (tal vez sorprendentemente) expandiéndose. Y los flujos financieros siguen siendo masivos y en gran medida sin obstrucciones. Entonces, por ahora, dejando de lado la migración, lo que hay en la práctica es globalización a pesar de todas las amenazas".

Con nuevas tensiones a flor de piel, los levantamientos contra las elites no dan marcha atrás. "El populismo es la reacción simple a un intrincado sistema internacional de fabricación y comercio que depende de las habilidades de los trabajadores en muchos países", plantea Geisst.

Según los expertos, a una década de la debacle, no hay seguridad total de que se repita una nueva crisis. Es más, en días en que las guerras arancelarias toman cada vez más protagonismo, la repartición desigual de riquezas reaparece como un gran fantasma. "Aquí es donde nos encontramos hoy. Pero, con suerte, el resultado 'solo' será una guerra comercial, no nuclear", comenta Newton.

Así, amenazas que socavan los esfuerzos para abordar el cambio climático, se han tomado la agenda. En agosto del año pasado, Estados Unidos informó su retiro del Acuerdo de París, asegurando que el pacto "castigaba" a ese país y le costaba millones de empleos.

La decisión no solo fue criticada por dañar tanto al acuerdo como al mundo, dificultando que se alcancen las metas trazadas para 2025, sino que también ha vuelto a dar un impulso al liderazgo de China. Aún así, pareciera no ser suficiente considerando el objetivo de Trump de revertir algunas de las principales iniciativas de su antecesor, Barack Obama.

En medio de esta ola de cambios post 2008, Estados Unidos se enfrentará a otro hito que podría modificar su actual curso político. Las elecciones legislativas de noviembre, en los que se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, serán una suerte de referendo para Trump y los republicanos, que podrían perder la mayoría de la que gozan en el Congreso.

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