Oriol Junqueras, líder independentista catalán: “Hay una parte de la extrema derecha en Europa que mira con un interés muy egoísta hacia América Latina”

Oriol Junqueras, presidente de de Esquerra Republicana de Catalunya, durante la entrevista con La Tercera. Foto: Mario Téllez

De visita en Chile, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya y exvicepresidente de la Generalitat, conversó con La Tercera sobre el escenario actual del movimiento independentista catalán, así como del fenómeno de la extrema derecha en Europa y su visión de la situación política en nuestro país.


Como uno de los protagonistas de la tentativa fallida de secesión de Cataluña, Oriol Junqueras pagó caro su rol en el referéndum de secesión del 1 de octubre de 2017, que el pleno del Tribunal Constitucional de España declaró como ilegal. El entonces vicepresidente de la Generalitat fue condenado a 13 años de prisión por sedición y malversación, mientras que el jefe del gobierno catalán, Carles Puigdemont, salió del país con destino a Bélgica, país donde hoy vive refugiado de la justicia española.

Junqueras pasó tres años y casi ocho meses en la cárcel tras el indulto otorgado por el gobierno del socialista Pedro Sánchez a los líderes independentistas presos por el “procés”, aunque su inhabilitación para ejercer cargos públicos quedó activa, en principio, hasta 2031, cuando tenga 62 años. Sin embargo, la propuesta del gobierno de derogar el delito de sedición del Código Penal cambia radicalmente el panorama para el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Si bien la prensa española destaca que, en el mejor de los casos, Junqueras podría finalizar su condena de inhabilitación en 2026, la derogación del delito de sedición y la consiguiente rebaja de las penas abriría la puerta del presidente de ERC a ser candidato a las elecciones.

Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, durante la entrevista con La Tercera. Foto: Mario Téllez

Anticipando ese escenario, ERC reactivó el “procés” en el exterior con contactos con Estados Unidos y una gira por Sudamérica para sumar apoyos al referéndum y la amnistía, según consigna el diario El Mundo. En ese marco, Junqueras concluye este martes su visita a Chile, tras escalas en Colombia y Argentina. Se trata del primer viaje del político catalán fuera de Europa después del referéndum de secesión, su ingreso en prisión y condena por sedición y posterior indulto.

El presidente de ERC, quien llegó a Chile el sábado, fue recibido este lunes por la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, con quien habló “sobre el escenario político tanto en España como en Chile”, así como de “la situación de Junqueras y la judicialización en Cataluña”, según dijeron a EFE fuentes presentes en la reunión. Para este martes, agrega la agencia de noticias, tiene previsto reunirse con otros alcaldes chilenos en la comuna de Recoleta, que lidera el comunista Daniel Jadue.

En el marco de su agenda en Chile, Junqueras conversó con La Tercera sobre el escenario actual del movimiento independentista catalán, así como del fenómeno de la extrema derecha en Europa y su visión de la situación política en nuestro país.

¿Por qué escogió a Chile como una de sus escalas en su visita a América Latina?

Ciertamente este es el primer viaje fuera de Europa después de cuatro años en la cárcel por celebrar, coordinar y organizar un referéndum en Cataluña que tenía el apoyo mayoritario del Parlamento, del gobierno catalán y que es una situación en la que hemos recibido el apoyo explícito del Working Group sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas, de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que han exigido no solo la libertad de los presos políticos, sino también el retorno de nuestros exiliados, el fin de la represión, en términos de inhabilitaciones políticas, también en el ámbito del trabajo. Yo soy profesor universitario y siguen prohibiéndome dar clases en la universidad hasta el año 2031. Y también en el ámbito económico, puesto que ha habido intentos de embargar nuestros bienes familiares, las casas donde viven nuestros hijos, etc. La voluntad de venir a América Latina es porque hay muchísimos vínculos entre Cataluña, y Europa en general, con la región, por la presencia de muchos catalanes y muchos descendientes de catalanes en América Latina, también en Chile, y por la presencia de muchos latinoamericanos, y también chilenos, en Cataluña. Nosotros somos un partido que nos sentimos orgullosos de tener en nuestras filas a una diputada en el Congreso español que es brasileña, a una senadora que es uruguaya, una diputada en el Parlamento de Cataluña que es ecuatoriana, y este orgullo de la diversidad de nuestra sociedad, y nuestra voluntad de construir un proyecto integrador, inclusivo, pues también queremos explicarlo aquí en América Latina y en Chile, en particular.

Seguidores independentistas catalanes durante una manifestación en el Día Nacional de Cataluña, en Barcelona, el 11 de septiembre de 2015. Foto: Reuters

Y en el caso de Chile, ¿qué apoyos han tenido respecto de la causa independentista catalana?

Nosotros somos una opción claramente democrática, una opción con 92 años de historia y sin ningún caso de corrupción, y la más represaliada en la historia de nuestro país y nuestra voluntad es explicar aquí en América Latina que creemos muy importante defender la democracia y las aspiraciones democráticas de nuestras respectivas sociedades y que en esto, afortunadamente, coincidimos con tantos organismos internacionales relevantes. Y creemos que es bueno explicarlo también aquí en Chile, que estos organismos internacionales se han posicionado explícitamente a favor del fin de la represión y de la voluntad de establecer una negociación sincera entre los gobiernos de Cataluña y el gobierno de España.

¿Que su viaje se produzca justo cuando Gabriel Boric está en el poder tiene algún simbolismo especial? ¿Cuáles son los puntos de contacto que tienen el movimiento independentista catalán y su partido con el Frente Amplio de Chile?

Sobre todo, lo que existe es una voluntad de defender la democracia y de defender una visión de progreso económico y social de nuestras respectivas sociedades y estamos convencidos de que una parte de los éxitos económicos y sociales que se han producido en Europa y también en Cataluña en las últimas décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, responde a este entrelazamiento de entre democracia, estado de bienestar y desarrollo económico. Y Europa demuestra que estos tres elementos no solo no son incompatibles, sino que son inseparables si queremos vivir en democracias estables y en procesos de crecimiento económico sostenidos en el tiempo. Nos parece bueno explicar esto en un continente en que a veces se plantea el crecimiento de la economía y el estado de bienestar como antónimos, cuando estamos convencidos los países europeos demuestran que pueden ser buenos sinónimos, buenos amigos y buenos hermanos.

Usted calificó la reforma del Código Penal de España que modifica el delito de sedición -por el que usted estuvo preso- por otro de desórdenes públicos agravados como un “gran éxito”. Sin embargo, también denuncia que “los niveles de represión en España son desgraciadamente muy altos”. ¿Cómo se explica esto?

Precisamente porque está en niveles muy altos es imprescindible tomar decisiones, y las decisiones que nosotros apoyamos son las mismas que han exigido estos organismos internacionales a los cuales me refería. De hecho, el Comité de Derechos Humanos de la ONU dio al gobierno español un plazo de 180 días para tomar las reformas legislativas, y por lo tanto también en el Código Penal, que fueran necesarias para impedir que se repitieran situaciones como las que se han dado en nuestro caso. Nuestra posición coincide además con el Código Penal existente en todos los países europeos, donde los delitos por los que supuestamente fuimos condenados sencillamente no existen. Incluso, es una posición avalada casi por un tercio del Tribunal Constitucional de España, que en el voto particular en relación a nuestra sentencia acaba concluyendo que de la lectura de la sentencia que condena en este caso a Oriol Junqueras es imposible deducir por qué razón ha sido condenado, puesto que ninguno de los hechos que se le imputan son constitutivos de delito alguno recogido en el Código Penal.

Oficina del partido Esquerra Republicana de Catalunya en Barcelona, tras un ataque con pintura, el 22 de octubre de 2017. Foto: Reuters

En octubre Junts per Catalunya, el partido de Carles Puigdemont, abandonó el gobierno catalán. ¿A qué responde esta situación? ¿Esto significa un distanciamiento suyo con Puigdemont?

Nuestra posición sigue siendo la misma, la del compromiso con la democracia en todos los lugares del mundo, nuestro compromiso con una república catalana en el marco de la Unión Europa. Por el hecho de que nosotros evidentemente somos independentistas respecto al reino de España, como en su día lo fueron los chilenos, los argentinos, los peruanos, los uruguayos, los mexicanos y tantos países latinoamericanos, y al mismo tiempo somos unos federalistas europeos convencidos. De hecho, nuestro partido está englobado en el Grupo Verde del Parlamento Europeo, el cuarto grupo parlamentario más importante y nuestros compañeros son ministros en gobiernos europeos tan relevantes como Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca, etc., por tanto, nuestra posición sigue siendo exactamente la misma. En cualquier caso, hay otro partido político que tal vez, ante la previsión de una crisis económica, ha preferido ahorrarse la toma de determinadas decisiones ante las cuales podía llegar a sentirse incómodo. Y, de hecho, estas han sido las declaraciones de algunos de sus dirigentes.

La portavoz de Junts per Catalunya en el Congreso, Miriam Nogueras, acusó a ERC de haber aceptado la eliminación del delito de sedición a cambio de facilitar la extradición a España de Puigdemont. ¿Qué responde a ello? ¿Cree que Puigdemont pueda volver en libertad a España?

Es muy sencillo. Nosotros apoyaremos la desaparición del delito de sedición, entre otras razones, porque no existe en ningún otro país europeo. Y, al mismo tiempo, también intentamos adaptar el delito de desórdenes públicos al marco europeo, porque tenía una aplicación, desde nuestro punto de vista, demasiado laxa, porque la ley era poco explícita a la hora de definirlo. Y estamos convencidos de que si una parte de la judicatura del Estado español hubiese querido pedir la extradición por este delito de desórdenes ya lo hubiese podido hacer, con el delito aún vigente y, por tanto, creemos que si no lo ha hecho pues seguirá sin hacerlo. Y, por lo tanto, el presidente Puigdemont en ningún caso será extraditado.

Oriol Junqueras, al centro, camina con el actual presidente catalán, Pere Aragonés, segundo a la izquierda, después de ser liberado de la prisión de Lledoners en Sant Joan de Vilatorrada, cerca de Barcelona, el 23 de junio de 2021. Foto: AP

En julio pasado, Puigdemont dijo a La Tercera que “es evidente que hoy no estamos en el momento más fuerte de nuestro movimiento”. ¿Cuál es su análisis del actual momento del independentismo catalán?

Estamos convencidos de que la causa republicana, democrática e independentista respecto a España y federalista respecto a Europa que nosotros representamos está en un buen momento, en el sentido de que no solo tenemos apoyos populares suficientes para ganar todas las elecciones, sino que además estamos convencidos de que tenemos más complicidades internacionales de las que nunca habíamos tenido. De hecho, hemos conseguido que el tribunal de justicia de la Unión Europea aprobase una nueva interpretación de cuándo debe considerarse diputado electo un diputado electo en el Parlamento Europeo, estableciendo que es desde el momento en que se publican los resultados de las elecciones. Ciertamente, es una posición que en este momento sigue sin ser suficiente para avanzar a una república catalana en este momento.

¿Qué disposición ve del gobierno de Pedro Sánchez en ese sentido?

Nosotros estamos convencidos de que la negociación es una buena herramienta para resolver problemas políticos. De hecho, nuestro compromiso con la negociación va mucho más allá de esta mesa de negociación que hoy existe entre el gobierno español y el gobierno de Cataluña y estamos convencidos de que habrá otras mesas de negociación con otros actores, en las cuales en algún momento habrá actores internacionales, mediadores, facilitadores, etc.

Uno de los temas más controvertidos de cara al reciente plebiscito constitucional en Chile fue el relativo a la plurinacionalidad. Considerando el caso catalán, ¿cree que se debe insistir en ello en el nuevo proceso constituyente?

A mí me corresponde ser muy respetuoso con las cuestiones internas de cada país, de cada sociedad, y al mismo tiempo, me parece que debo ser muy respetuoso con los derechos humanos, con el principio democrático y entiendo por principio democrático la definición que estableció la Corte Suprema de Canadá ante la posibilidad de que en algún momento se plantee un tercer referéndum de autodeterminación en Quebec. Y la definición fue que el principio democrático consiste en que cuando una sociedad, una comunidad política se expresa reiteradamente en el tiempo y de manera cívica, pacífica y democrática en un determinado sentido es obligación del conjunto del marco institucional establecer las medidas necesarias para que dicha voluntad pueda concretarse. Por lo tanto, yo que estoy comprometido con este principio democrático, pues estoy esperanzado que la sociedad chilena también encuentre la manera de hallar una salida, una vía que sea justa, posible y sostenida en el tiempo a la hora de resolver sus cuestiones internas.

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Santiago Abascal, líder del partido de extrema derecha español Vox, durante un acto de campaña.

¿Y cómo se ve desde España al gobierno de Boric?

Pues seguramente se ve con esperanza de que ayude a avanzar a Chile en un camino de democracia, de crecimiento económico, de estado de bienestar, en la línea que lo han hecho todos los países europeos en los últimos 80 años, y al mismo tiempo también conscientes de las dificultades que existen no solo en Chile, sino también en todo el ámbito latinoamericano, en cuestiones como el cambio climático, la crisis energética, el aumento de los precios. Sería bueno un proceso de integración regional en ámbitos comerciales, tal vez incluso en ámbitos monetarios, aunque esto plantea dificultades mayores, de integración política, porque estamos convencidos que América Latina puede jugar un papel relevante en las relaciones mundiales, pero que este papel es más fácil si lo juega de manera coordinada, de manera conjunta, de manera integrada regionalmente.

En ese sentido, ¿le preocupa el avance de la extrema derecha en Europa y su creciente contacto con América Latina, por ejemplo, como sucede con el caso de Vox de España?

Es posible que nos encontremos ante un reto más o menos extenso, más o menos global, en el cual el avance de la extrema derecha tiene como primer objetivo derrotar a la derecha. A veces la primera víctima de la extrema derecha es la propia derecha. Y, tal vez, la derecha debería reflexionar sobre esta cuestión y encontrar alguna medida para no dejarse cooptar, no dejar ocupar el espacio por esta extrema derecha. Hay una parte de la extrema derecha en Europa que mira con mucho interés hacia América Latina, pero con un interés muy egoísta, es decir, que quiere utilizar a América Latina como un elemento para reforzar su propio poder en Europa, no mira a América Latina con la voluntad de que la región prospere, avance en el camino del crecimiento económico, de democracias más sólidas, más consolidadas, más estables. Y, tal vez, sería bueno que aquellos que apostamos por la democracia, por el crecimiento económico, por la libertad de empresa, por la libre competencia, pero también por sociedades más justas, con un sistema educativo más potente, que garantice también el crecimiento económico futuro, deberíamos saber también saber hablarnos y construir grandes complicidades ante esta amenaza que la extrema derecha representa en este momento y que ha representado en otros momentos de la historia con consecuencias nefastas en Europa y también, a menudo, en América Latina.

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