Papa Francisco durante visita a Irak: “Que las mujeres sean respetadas y defendidas, que se les brinden cuidados y oportunidades”

La catedral de la Inmaculada de Qaraqosh fue quemada en el 2014 por un grupo de yihadistas del Estado Islámico. Este domingo el Papa fue recibido por mujeres con coloridos trajes tradicionales y apuntó: "las mujeres de este país son valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas".




Hace siete años, Munir Jibrail abandonó Qaraqosh cuando los yihadistas plantaron allí sus banderas negras. Hoy ha regresado y espera al Papa vestido totalmente de blanco.

¡Es maravilloso ver al Papa! Uno nunca habría imaginado que llegaría a Qaraqosh”, ciudad que fue destruida junto con su iglesia por el grupo Estado Islámico (EI), dice a AFP el profesor de matemáticas de 61 años.

Tal vez esto ayude al país a reconstruirse y que nos traiga por fin el amor y la paz”, asegura, mientras a su alrededor todos se agitan por la primera visita de un Papa a Irak.

El pontífice, de 84 años, entró en Qaraqosh en medio de una multitud que agitaba palmas y ramas de olivo. Un símbolo de paz que necesitaban los residentes, que en el verano de 2014 vieron llegar las camionetas con las banderas negras del EI .

En pocos días, casi todos los 55.000 cristianos de la ciudad se marcharon. Igual que Munir Jibrail, la gran mayoría fue rumbo al este, hacia el Kurdistán iraquí.

Durante tres años, echaron de menos su ciudad, donde los yihadistas intentaron borrar cualquier rastro de los cristianos que estaban allí desde hacía siglos.

Vestidos de colores y termómetros

En 2016, inmediatamente después de la liberación, Mounir Jibrail regresó y tardó cuatro años en reconstruir su casa.

Actualmente, unos 26.000 cristianos vuelven a estar en Qaraqosh y cientos de ellos están ahora en el camino del Papa hacia la iglesia de Al Tahira (Inmaculada Concepción), renovada y limpiada de arriba abajo para la ocasión.

Dentro, entre los afortunados que consiguieron una entrada para el Ángelus de este domingo, hay mujeres con coloridos trajes tradicionales, niños con mascarillas llevando rosas y hombres con traje de domingo.

Y si la alegría es tan intensa es porque los recuerdos dolorosos no están lejos.

En este mismo lugar, los yihadistas impusieron sus castigos, su régimen brutal y medieval, con mercados de esclavos y flagelaciones públicas.

“No se desanimen”

“El camino hacia una recuperación total podría ser todavía largo pero les pido, por favor, que no se desanimen” dijo el jefe de los 1.300 millones de católicos del mundo.

Se necesita capacidad de perdonar y, al mismo tiempo, valentía para luchar”, instó Francisco, en un país donde las tensiones religiosas siguen latentes.

Amal Ezzo, directora de una escuela católica de Qaraqosh, dijo que los cristianos, como todas las víctimas del Estado Islámico, no tienen apoyo de las autoridades de Bagdad, sumidas en la peor crisis económica de la historia del país.

“Ahora es el momento de reconstruir y volver a empezar”, dijo el papa.

Pero según Amal Ezzo “el gobierno no nos ha ayudado a reconstruir nuestras casas, son las organizaciones internacionales las que lo han hecho”.

En la asamblea, las mujeres son más numerosas y, sobre todo, más visibles con sus coloridas ropas decoradas con lentejuelas de todos los tonos.

El papa les prestó especial atención. “Quisiera agradecer de corazón a todas las madres y las mujeres de este país, mujeres valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas. ¡Que las mujeres sean respetadas y defendidas! ¡Que se les brinden cuidados y oportunidades!”, dijo el papa.

En Irak, la tasa de empleo de las mujeres es una de las más bajas del mundo y en uno de cada diez hogares una mujer está al frente de la familia, en un país desgarrado durante 40 años por guerras que a menudo se han llevado a un padre, a un marido o a un hijo.

Para el padre Ephrem Azar, un dominico presente en Al Tahira, los iraquíes escuchan por fin a “un hombre que dice cosas verdaderas y sencillas”.

Pero todos los desafíos tendrán que esperar. Hoy, dice el cardenal Louis Sako, que lleva años trabajando en esta visita, “celebramos el regreso tras el éxodo”.

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