Rubens Ricupero, exministro de Medio Ambiente y de Hacienda de Brasil: "El actual gobierno en Brasil tiene una posición claramente hostil a la causa ambiental"

Rubens
Foto: Agencia Brasil

En entrevista con La Tercera, Ricupero asegura que el actual ministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro fue puesto en el cargo "para destruir los mecanismos de control".


El nombre de Rubens Ricupero es una referencia obligada en la diplomacia brasileña. En su larga carrera, que se extendió entre 1961 y 2004, fue asesor internacional de Tancredo Neves, consejero especial del Presidente José Sarney, representante permanente de Brasil ante la ONU en Ginebra, así como embajador en EE.UU. e Italia. Posiciones a las que, entre 1995 y 2004, sumó también las de secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y subsecretario general de la ONU. En su vasto currículum, asimismo, figuran sus cargos de ministro de Medio Ambiente y luego de Hacienda, hacia el final del gobierno de Itamar Franco (1992-1995). En esta última cartera sustituyó a Fernando Henrique Cardoso, quien ya preparaba su candidatura a la Presidencia. Por ello, Ricupero es considerado por algunos como el "verdadero padre" del Plan Real.

A sus 82 años, Ricupero se ha mostrado crítico del manejo de la crisis medioambiental en la Amazonía por parte del Presidente brasileño, Jair Bolsonaro. Desde su óptica diplomática, cree que el país "vive la mayor crisis de imagen de los últimos 50 años", como dijo al diario O Globo en alusión a "los ataques a países y líderes que pedían una solución a la cuestión ambiental". En esta entrevista con La Tercera, el exministro de Medio Ambiente tampoco escatima en críticas al mandatario. "Actualmente se ha convertido en el gobernante que merece más desprecio internacional", lanza.

En una entrevista con el diario británico The Guardian usted señaló que la imagen de Brasil en el extranjero nunca había sido más sacudida que en la crisis provocada por la quema de la Amazonía...

Es verdad. Como he subrayado en mis declaraciones, eso se debe en gran medida al actual Presidente, Bolsonaro. No se trata simplemente de declaraciones provocativas, ofensivas. Hubo un cambio muy claro de políticas, un desinterés en combatir la destrucción, una política deliberada de impedir que los fiscales, que los agentes ambientales, puedan combatir a los criminales que cometen la destrucción. Al comienzo él quería suprimir el Ministerio de Medio Ambiente, quería trasladar sus tareas el Ministerio de Agricultura, lo que era un absurdo. Además, ha tomado siempre una actitud muy provocativa frente a la opinión pública mundial y el resultado es ese. Nosotros desgraciadamente tenemos un Presidente y algunos ministros que se comportan casi como rufianes, gente que no es capaz de medir la gravedad de las declaraciones, que lo hacen como si todo no tuviera ninguna consecuencia. En la diplomacia, en la relación entre países hay que tener respeto, hay que medir las palabras, las expresiones. Nosotros estamos muy desconsolados, porque yo, que he sido diplomático toda mi vida, veo ahora con enorme tristeza que el país practica la antidiplomacia. Es la primera vez que tenemos gobernantes que agreden a los demás de esa manera irresponsable.

De hecho, usted dijo que Bolsonaro se ha convertido en "el líder más despreciado y detestado" en la Tierra. ¿Cree que Brasil arriesga aislarse internacionalmente?

Sí, usted tiene toda la razón. Brasil se está aislando de todo. No creo que sea una exageración esa expresión de que él actualmente se ha convertido en el gobernante que merece más desprecio internacional. Yo hice esa declaración después de que había mirado una selección de todo lo que han publicado los diarios más importantes del mundo, y yo vi en todos ellos la misma cosa. Hubo un momento en que quien era condenado de esa manera era Rodrigo Duterte, el hombre de Filipinas, pero hoy día yo no veo ningún otro que ocupe tanto la atención mundial y, lamentablemente, la ocupe de esa manera. Eso provoca el aislamiento internacional. Por ejemplo, una cosa que me llamó mucho la atención durante el encuentro del G7 fue que Brasil estuvo ausente. En otros tiempos habría estado presente, porque solía tener una diplomacia muy activa en medioambiente. El actual gobierno en Brasil tiene una posición claramente hostil a la causa ambiental.

¿Se puede decir que Bolsonaro toma esta posición porque, de alguna manera, se siente respaldado por Donald Trump, que es su referente y que también no cree en el cambio climático?

Sí, él se siente respaldado, porque encuentra en EE.UU., en el gobierno de Trump, no en la sociedad norteamericana, a una persona, a un grupo que comparte sus ideas. Ahora eso mismo es una ilusión. Si tenemos dificultades comerciales con Europa y creemos que eso se va a compensar con EE.UU., esa es una ilusión doble. Porque, primero, los productos que Brasil vende a Europa son productos del agro y en esos productos EE.UU. es nuestro competidor, no es un mercado. Y, en segundo lugar, hoy el Congreso norteamericano requiere cláusulas ambientales muy estrictas en todos los acuerdos comerciales.

Usted junto a otros exministros de Medio Ambiente de Brasil presentaron una carta pidiendo una moratoria sobre los proyectos que fomentan la deforestación y que actualmente están en discusión en el Congreso. ¿Es optimista?

Hay varios proyectos en el Congreso que se animaron un poco con esa política de Bolsonaro y quieren cambiar, por ejemplo, las exigencias de licencias ambientales. Lo que nosotros queremos es que se declare una moratoria, que se establezca una comisión especial del Congreso, con gente del agro y con gente del movimiento ambiental. Nosotros ya no tenemos necesidad de destruir el bosque, la Amazonía, porque ya tenemos mucha tierra. Incluso, hay en Brasil millones y millones de hectáreas de pastaje que están degradadas y que con poco esfuerzo pueden ser convertidas en tierra de cultivo.

Y sobre las políticas medioambientales de Bolsonaro, ¿hay alguna posibilidad de revertirlas?

Yo espero que cambie la posición, pero para eso será necesario no solamente, como hicieron hasta ahora, tomar medidas espectaculares. Por ejemplo, esas medidas sobre el Ejército, ese tipo de cosas son medidas de impacto. Lo que en realidad hicieron hasta ahora fue enviar a 400 soldados a la Amazonía, lo que no es nada, porque es una zona de cinco millones de km2. Y lo que siempre pasa es que después de que el tema pierde un poco la atención mundial, las cosas vuelven a lo que eran antes. Lo que es necesario es que se cambie el discurso y la política, y para eso sería necesario cambiar al ministro (de Medio Ambiente), un tipo que ha sido puesto en el ministerio para destruir los mecanismos de control.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.