Un desertor del Kremlin y crítico de la guerra en Ucrania: ¿una nueva víctima del envenenamiento ruso?

Anatoly Chubais durante una sesión del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), el 3 de junio de 2021. Foto: Reuters

Anatoly Chubais, que renunció como asesor de alto rango del Presidente Vladimir Putin y abandonó Rusia poco después de la invasión a Ucrania, se encuentra en cuidados intensivos en un hospital europeo por un raro trastorno inmunológico.




Anatoly Chubais, el exzar de la privatización de la Rusia postsoviética que renunció a su puesto como enviado especial del Kremlin debido a la guerra en Ucrania, se encuentra en cuidados intensivos en Europa con un raro trastorno inmunológico, según dijeron a Reuters dos fuentes cercanas al exfuncionario.

Chubais, de 67 años, es el funcionario ruso de más alto rango que renunció a su cargo después de que el Presidente Vladimir Putin ordenara la entrada de tropas en Ucrania el 24 de febrero. Entre 1992 y 1994 ejerció como viceprimer ministro ruso, para luego convertirse en jefe de gabinete del expresidente Boris Yeltsin, entre 1996 y 1997.

Durante el gobierno de Yeltsin, fue el más poderoso de un grupo de economistas que lideró la campaña de privatización de Rusia en la década de 1990, vendiendo algunos de los mayores activos industriales del país.

Ya con Putin en el poder, Chubais fue una pieza clave del gobierno, y de 1998 a 2008, dirigió el monopolio estatal de energía eléctrica de Rusia. Durante los siguientes 12 años encabezó la corporación de nanotecnología de Rusia.

Antes de su dimisión el 23 marzo, se desempeñaba como el representante especial de Putin para los vínculos con las organizaciones internacionales. Chubais asumió en 2020 el trabajo de coordinar los objetivos de desarrollo sostenible de Rusia a nivel internacional. Además, era el representante del país ante la ONU para el cambio climático.

Chubais renunció a sus cargos oficiales afirmando que se oponía a la invasión, según informes de los medios. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó que Chubais había renunciado, pero no especificó por qué, afirmando: “Sí, Chubais renunció por su propia voluntad. Pero si se fue (de Rusia) o se quedó, es asunto personal”.

Según declararon dos personas conocedoras de la situación a Bloomberg News, la dimisión de Chubais estuvo motivada por su “oposición a la guerra del Presidente Vladimir Putin en Ucrania”.

Pero Kira Yarmysh, portavoz del principal crítico del Kremlin, Alexei Navalny, varias veces víctima de los venenos de los agentes rusos, puso en duda las afirmaciones de que se trataba de una protesta contra la guerra, en lugar de que esté temiendo “por su propia piel y su propio dinero”. “Anatoly Chubais se fue de Rusia solo por temor”, tuiteó la vocera del encarcelado líder opositor ruso.

Chubais y su esposa huyeron a Estambul, según el medio de comunicación ruso RBC, aunque a principios de junio el exfuncionario fue fotografiado en un supermercado de Chipre y anteriormente hubo informes de que había estado en Israel.

El 17 de marzo de 2005, Chubais sobrevivió a un intento de asesinato en las afueras de Moscú. Su auto blindado fue ametrallado al tiempo que una bomba explotaba a un lado del camino. Los guardaespaldas, que iban en otro automóvil, respondieron al fuego de los atacantes, mientras el BMW de Chubais escapaba de la escena a toda velocidad. El coronel ruso y oficial de inteligencia militar Vladimir Kvachkov fue acusado por el crimen, pero fue absuelto por un jurado.

“Moderadamente grave y estable”

A Chubais le diagnosticaron el síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad causada por el ataque del sistema inmunitario al sistema nervioso, dijo Ksenia Sobchak, reportera y activista política rusa, según indicó en Telegram.

La activista describió su condición como “moderadamente grave y estable” y puede comunicarse, pero no puede caminar. Su esposa, Avdotya Smirnova, que está con él, le dijo a Sobchak que su esposo se enfermó repentinamente y siente entumecimiento en las extremidades.

Guillain-Barré es una afección grave que, en una minoría de los casos, puede causar problemas potencialmente mortales, como dificultades respiratorias graves o coágulos de sangre.

El presidente de Rusnano, Anatoly Chubais, en el centro, asiste a la toma de posesión del Presidente ruso Vladimir Putin en el Gran Palacio del Kremlin en Moscú, el 7 de mayo de 2018. Foto: AP

Chubais estaba de vacaciones en Costa Esmeralda, Cerdeña, cuando comenzó a tener dificultades para mover las manos y los pies y acudió al departamento de urgencias de un hospital de Cerdeña. Sobchak dijo que se habían enviado especialistas con trajes de materiales peligrosos para examinar la habitación donde Chubais se había enfermado.

Tras el tratamiento de la enfermedad de Guillain-Barré sus síntomas comenzaron a mejorar y por el momento no corre peligro, según el diario La Repubblica.

Desde que salió de Rusia después de su renuncia en marzo, ha estado viviendo principalmente en Italia, dividiendo su tiempo entre Cerdeña y Toscana, donde posee propiedades, dijo el periódico.

“Él piensa que es una enfermedad”, dijo una fuente a Reuters bajo condición de anonimato. “Los médicos dicen que lo encontraron a tiempo”.

Una agencia de inteligencia europea está investigando el caso, pero aún no ha revelado los resultados, dijo esa fuente. Algunos medios y activistas de la oposición habían especulado que Chubais podría haber sido envenenado.

“No creo que sea envenenamiento”, dijo una segunda fuente, que también habló bajo condición de anonimato. “Todavía está en cuidados intensivos”.

El Kremlin señaló que estaba triste por la noticia y le deseó una pronta recuperación. Sin embargo, la situación de Chubais se ha comparado con los numerosos casos en los que los críticos de Putin han enfermado con síntomas de envenenamiento en el extranjero.

Una táctica conocida

El envenenamiento es una vieja táctica conocida de los servicios de seguridad ruso contra los opositores que data desde la era bolchevique. Uno de los casos más conocidos es el de Alexander Litvinenko, un exagente del KGB, que desertó de Rusia en 2000 y huyó a Londres. El 1 de noviembre de 2006 cayó enfermo luego de beber té mezclado con polonio 210 radiactivo. Murió el 23 de noviembre de ese mismo año. Una investigación británica encontró que agentes rusos lo mataron. Sin embargo, Moscú ha negado cualquier participación en el hecho.

Alexander Litvinenko, un exagente del KGB que murió envenenado en 2006. Foto: AP

Antes de su muerte, Litvinenko reveló a periodistas la existencia de un laboratorio secreto de veneno en Moscú que data de la era soviética. También acusó a Moscú de estar detrás del envenenamiento con dioxinas del Presidente ucraniano Viktor Yushchenko en 2004.

Otro ejemplo es el de Anna Politkovskaya, una periodista de investigación, crítica de los abusos en Chechenia, que recibió varias amenazas de muerte. En 2004, se enfermó gravemente después de beber té, mientras viajaba en un avión. La reportera de Novaya Gazeta dijo que fue envenenada para que no informara sobre la toma de una escuela en Beslán, en el sur de Rusia, por parte de un grupo de separatistas chechenos. El gobierno de Putin fue condenado por “fallos graves” durante el operativo, en el que un total de 334 personas, 186 de ellas niños, murieron.

Dos años después, Politkovskaya fue asesinada a tiros afuera de su casa en Moscú. Cinco hombres fueron condenados por llevar a cabo el homicidio, pero nadie por ordenarlo.

Y a la lista sigue. Vladimir Kara-Murza, un periodista y activista ruso fue hospitalizado dos veces con síntomas de intoxicación en 2015 y 2017. Fue aliado del líder de la oposición rusa Boris Nemtsov, quien fue asesinado a tiros en 2015 mientras cruzaba un puente muy cerca del Kremlin, y del oligarca convertido en disidente Mikhail Khodorkovsky.

Kara-Murza casi muere de insuficiencia renal en el primer incidente. Se sospecha envenenamiento, pero no se ha determinado la causa. En 2017, fue hospitalizado por un padecimiento similar repentino. Su esposa dijo que los médicos confirmaron que fue envenenado. Se encuentra en la cárcel desde abril pasado, cuando fue detenido en principio por “desobedecer a la policía” y luego por “difundir información deliberadamente falsa” en virtud de una ley aprobada tras la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Es un cargo que podría significarle 10 años de prisión.

Otro caso es el de Sergei Skripal, un espía ruso que se convirtió en agente doble para Reino Unido. Se enfermó en la ciudad británica de Salisbury en 2018. Las autoridades dijeron que Skripal y su hija Yulia fueron envenenados con el agente nervioso de grado militar Novichok. Los dos pasaron semanas en estado crítico. Londres culpó a la inteligencia rusa, pero Moscú negó cualquier papel en el incidente.

El líder de la oposición rusa Alexei Navalny aparece en un enlace de video desde la prisión ante el Tribunal Municipal de Moscú, el 24 de mayo de 2022. Foto: AP

Pyotr Verzilov, por otro lado, es miembro del grupo de protesta ruso Pussy Riot. Terminó en una unidad de cuidados intensivos después de un presunto envenenamiento en 2018. Los médicos alemanes que lo trataron dijeron que una intoxicación era “altamente plausible”. Al final se recuperó.

Otro caso mediático es el que sufrió el líder opositor Alexei Navalny, quien fue envenenado en agosto de 2020 durante un vuelo que tuvo que aterrizar de emergencia en la ciudad siberiana de Omsk, donde fue inicialmente hospitalizado. Posteriormente, fue llevado hasta Berlín donde se recuperó. Navalny fue envenenado mediante el uso de un agente nervioso de uso militar de la misma familia del Novichok. El veneno era similar al que usó el servicio de inteligencia militar ruso (GRU) contra Sergei Skripal.

En diciembre de 2020, un equipo de investigación de periodistas independientes implicó al Servicio de Seguridad Federal de Rusia en el envenenamiento. El equipo estaba formado por Bellingcat, un grupo de periodismo de investigación con sede en los Países Bajos, The Insider, Der Spiegel de Alemania y CNN. Este hallazgo fue posteriormente confirmado por Estados Unidos. Navalny se encuentra preso en un centro de alta seguridad por delitos que según él tienen motivaciones políticas.

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