Una campaña incierta en Brasil: Lula se enfoca en estados del sudeste y Bolsonaro en la periferia

Venta de banderas y banderas de campaña a la salida de la Corte Suprema Electoral, en Brasilia. Foto: AP.

Con un mes para atraer nuevos votos, los candidatos al Palacio de Planalto apuestan a salir de sus “zonas seguras” y conquistar electores más esquivos. De los tres estados más poblados, solo Minas Gerais se inclinó por el candidato del PT.


Con los resultados de las elecciones presidenciales en las manos, estos últimos dos días han sido, tanto para Jair Bolsonaro como para Lula da Silva, un momento para afinar estrategias y replantear la dirección de sus campañas. Este domingo los brasileños no solo votaron por presidente, sino que también por gobernadores estatales, diputados y un tercio del Senado, y la polarización entre el Partido de los Trabajadores, de izquierda, y el Partido Liberal, de derecha, se notó a todos los niveles.

En las presidenciales, Jair Bolsonaro fue el más votado en las regiones sur, centro-oeste y en tres estados de los cuatro del sudeste: Sao Paulo, Río de Janeiro y Espirito Santo, dejando Minas Gerais a Lula da Silva. El expresidente lideró en la zona noroeste, consiguiendo un 66,9%, contra el 26,8% del candidato de derecha.

Aquella región es la que tiene más familias beneficiarias del programa Auxilio Brasil, programa de asistencia social sucesor de la Bolsa Familia, y en el cual el Presidente Bolsonaro había puesto sus fichas desde el inicio de la campaña.

Lula da Silva junto a sus aliados de campaña durante un mitin en Sao Paulo. Foto: Reuters.

Con sus 46 millones de habitantes, el estado de Sao Paulo fue el más observado en la elección pasada, siendo la cuna del PT y el lugar donde Lula se dio a conocer durante sus luchas sindicales. Sin embargo, el bolsonarismo dio una sorpresa, tanto en las presidenciales como en las gubernamentales: en estas últimas, el exministro de Bolsonaro, Tarcisio Gomes de Freitas, se llevó el primer lugar, con un 42% de los votos, por delante de Fernando Haddad, excandidato a la presidencia, con un 35%. Ambos irán a la segunda vuelta, dejando fuera al Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB, elemento que será clave para esta instancia.

El candidato a vicepresidente de Lula, Geraldo Alckmin, pertenece al PSDB, por lo que es visto como una buena carta para llevar a sus votantes, principalmente de centro, a votar por Haddad en Sao Paulo. Asimismo, Fernando Haddad se comprometió a buscar y conversar con el candidato del partido centrista, Rodrigo Garcia, en miras a derrotar a Tarcisio.

En Río de Janeiro, mientras tanto, el abogado y cantor de gospel Claudio Castro, del PL, fue reelecto con cerca de un 60% de los votos para gobernador, dejando en evidencia el arrastre del bolsonarismo entre los cariocas. En el estado, el mismo Bolsonaro recibió un 51% de los votos, contra el 40% de Lula da Silva.

En el segundo estado más grande de Brasil, Minas Gerais, los resultados fueron calcados a los de la elección nacional: el expresidente consiguió un 48% de las preferencias, mientras que Bolsonaro se llevó el 43%. El cientista político de la Universidad de Sao Paolo, Leonardo Sakamoto, se refirió al estado como el “gran termómetro de las elecciones nacionales”, comparándola con el estado de Ohio, en Estados Unidos.

Fernando Haddad y Lula da Silva saludan a la gente durante una marcha silenciosa en Sao Paulo. Foto: Reuters.

Ahora, la campaña del expresidente ya planea un movimiento más radical hacia el centro, lo que incluirá diálogos con políticos alineados con Bolsonaro. La idea sería conquistar espacios en el sudeste, donde vive más de un tercio de la población brasileña. Con su 48%, a Lula da Silva le faltaron un millón 800 mil votos para conseguir la presidencia sin pasar por el balotaje.

Minas Gerais, donde Lula ya ganó en la presidencial, será un lugar donde la campaña pondrá foco: los petistas pretenden reabrir las conversaciones con el gobernador del estado, Romeu Zema, del liberal Partido Novo, y que fue reelecto este domingo. En ese sentido, el candidato ya señaló que su búsqueda de apoyos no será “ideológica”. “Ahora vamos a conversar con todas las fuerzas políticas que tienen voto, que tienen representatividad y significancia política en este país, para que se puede armar un bloque de demócratas contra aquellos que no lo son”, declaró el candidato del PT en un encuentro con coordinadores de campaña.

En esa misma dirección, Lula afirmó que habrá “menos conversación entre nosotros y más conversa con los votantes”. “Aquellos que parece que no gustan de nosotros, que no votan por nosotros, quienes no gustan de nuestros partidos: es con ellos con quienes tenemos que conversar”, señaló. Entre los participantes de la reunión, que tuvo lugar en Sao Paulo, apuntaron que el desempeño en las redes sociales fue uno de los principales problemas de la campaña, y que es preciso invertir ahí.

El Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asiste a una conferencia de prensa junto al gobernador de Río de Janeiro, Claudio Castro, en el Palacio de Planalto, Brasilia. Foto: Reuters.

Por su parte, ya el mismo lunes desde la campaña del Presidente se habló de “ampliar la presencia en las periferias”. Dentro del comando está la convicción de que Lula sigue liderando entre los más pobres y que es preciso conversar más con ese segmento de la población.

Si en el primer turno Bolsonaro pasó más tiempo con sus seguidores y motociclistas, él necesitaría acercarse ahora a sectores más grandes de la población. “Durante la campaña intentamos mostrar este otro lado, pero parece que no le llegó el mensaje a la camada más importante de la sociedad”, diagnosticó el candidato.

El presidente atribuyó parte de su derrota al poder adquisitivo y la conducción de la pandemia por ciertos estados y municipios, sobre todo aquellos que pusieron en práctica el aislamiento social. Como gesto a sus electores más pobres, señala Folha de Sao Paulo, la Caja Económica Federal anunció el adelanto, del día 18 al 11, del pago de los programas Auxilio Brasil y Auxilio Gas.

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