Venezuela: el “dolor de cabeza” de la política exterior de Argentina

Fernández durante el encuentro anual de Camaradería de las FF.AA., en julio. Foto: Presidencia

Luego de apoyar una resolución en el Consejo de DD.HH. de la ONU, el gobierno rechazó una declaración del Grupo de Lima.




Mantener una posición de diálogo con Venezuela u optar por la estrategia de presión contra el gobierno de Nicolás Maduro. En ese dilema ha estado el Presidente argentino, Alberto Fernández, en las últimas semanas, con la votación de resoluciones tanto en el Consejo de DD.HH. de la ONU como en el Grupo de Lima. Según el diario La Nación, “Venezuela es el tema más sensible de la política exterior de la Casa Rosada”.

De hecho, pese a que Fernández decidió mantenerse dentro del Grupo de Lima para transmitir su desacuerdo con la postura de ejercer presión económica y diplomática para forzar al chavismo a negociar una salida de la crisis, no apoyó el martes la declaración que pide elecciones libres en Venezuela, que apoya a Juan Guaidó y vincula al chavismo con el narcotráfico.

“La referida declaración expresa su apoyo a un supuesto mandatario al que la Argentina no reconoce y quien nunca tuvo el ejercicio efectivo del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. La Argentina no comparte las referencias sobre el supuesto vínculo de la crisis en Venezuela con la seguridad y estabilidad de la región y su impacto global”, explicó la Cancillería argentina en un comunicado.


Anterior a esto, Argentina suscribió la resolución votada a principios de mes en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, que condenó la situación de los derechos humanos en Venezuela.

“Es, como se diría popularmente, una de cal y una de arena. Votaron a favor del informe de DD.HH., pero luego no del Grupo de Lima. Es como una especie de doble señal, es decir, no nos vamos del Grupo de Lima, pero tampoco acatamos, como para no romper del todo y dejar siempre una puerta abierta”, explica a La Tercera el analista argentino Carlos Fara.

La votación en la ONU estaba basada en algunos documentos. Uno de ellos era el informe de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y el otro era una Misión Internacional Independiente de las Naciones Unidas de determinación de los hechos sobre Venezuela. Esta última fue mucho más dura, puesto que vinculaba directamente a Maduro y a sus ministros más importantes con posibles “crímenes de lesa humanidad”.

Este último informe le generó un importante dolor de cabeza al gobierno transandino. Días antes de la votación en la ONU, un comentario del embajador argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Carlos Raimundi, dio a entender que Argentina rechazaba el informe de la ONU. “Venezuela ha sufrido un fuerte asedio de intervencionismo”, por lo que “hay una apreciación sesgada de lo que son las violaciones a los derechos humanos en determinados países”, dijo Raimundi.

Esto le causó problemas al gobierno y la Cancillería aclaró que no representaba la opinión de la Casa Rosada. Días después el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, salió a defender las declaraciones de Raimundi, pese a que contradijeran su estrategia en política exterior, y aseguró que el informe “sesgado” del que habla Raimundi no era el de Bachelet. “Es casi el mismo informe pero adjetivado por el Grupo de Lima. Sobre eso es lo que Raimundi fijó su posición, pero no sobre el informe de Bachelet. Son dos cosas distintas”, detalló.

El gobierno argentino quiso demostrar a todas luces que respaldaba el informe de Michelle Bachelet. De hecho, Clarín reveló que antes de la votación en Ginebra, Fernández mantuvo una conversación telefónica con Bachelet para “interiorizarse personalmente sobre el informe”.

De todas formas, mientras una rama del kirchnerismo duro estaría presionando sobre Fernández para que el país se retire del Grupo de Lima -renunció la embajadora argentina en Rusia, Alicia Castro, tras la votación en la ONU-, hay otro tema importante para el mandatario: Estados Unidos y la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “El tema es lo que influye la mirada de Estados Unidos, y ahí todo este juego tiene que ver con que Argentina tiene que renegociar con el FMI el programa que pactó en su momento el gobierno de Macri. No creo que (el tema Venezuela) le pueda jugar en contra (a Fernández). Le ha generado dolor de cabeza dentro de la propia alianza, pero lo peor que le puede pasar es que le genere una situación inarreglable con Estados Unidos”, concluye Fara.

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