Del sueño petrolero a la tragedia del terremoto: la historia de los miles de chilenos que decidieron migrar a Venezuela
La primera década de la dictadura en Chile, sumado a la crisis económica de la época, coincidió con una de las más prósperas épocas del país caribeño y motivó a que más de 25 mil chilenos hiciera de Venezuela su hogar durante varias décadas. Eso sí, con el paso del tiempo, esa cifra se ha ido reduciendo.
Cuando Jorge Córdova llegó a Venezuela en 1977 tenía 26 años, un título profesional recién obtenido y pocas oportunidades en Chile. Una de sus hermanas se había instalado antes junto a su esposo y le insistía en que cruzara el continente. Allá había trabajo, los extranjeros eran bien recibidos y el país vivía una prosperidad difícil de imaginar 50 años después.
Aceptó la invitación convencido de que sería un viaje sin retorno. Y así fue, por lo menos durante varias décadas.
“Me impresionó lo ordenado que era y lo feliz que era la gente”, recuerda hoy, a sus 75 años. Allá construyó su vida. Se casó, tuvo hijos y participó activamente de una numerosa comunidad chilena que organizaba fondas, celebraciones patrias y actividades para mantener vivas las costumbres. Sus hijos crecieron sintiéndose venezolanos y chilenos al mismo tiempo.
Solo regresó en 2014, de vacaciones, cuando sus hijos ya se habían instalado en Chile empujados por la crisis política y económica venezolana. En 2019, fueron ellos quienes terminaron convenciéndolo de volver definitivamente al país donde nació.
La historia de Córdova es también la de miles de chilenos que, entre las décadas de 1970 y 1980, encontraron en Venezuela un destino de oportunidades. Una migración que hoy vuelve a cobrar protagonismo tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que devastaron parte del país caribeño y que, hasta ahora, han dejado cuatro ciudadanos chilenos fallecidos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores confirmó este lunes una cuarta víctima fatal nacional, mientras mantiene contacto con las familias afectadas y coordina asistencia consular. La tragedia ocurre en un país donde, pese al éxodo masivo de los últimos años, todavía residen cerca de 12 mil chilenos.
Aunque el golpe militar de 1973 llevó a cientos de exiliados políticos a Venezuela, la mayor ola migratoria chilena hacia ese país fue económica.
La académica Claudia Rojas, doctora en Estudios Americanos y actual académica de la UTEM, realizó un estudio donde destacó que el exilio político existió y fue relevante, pero representó una fracción del fenómeno migratorio total. La mayoría de quienes llegaron lo hicieron atraídos por una economía que atravesaba uno de los mayores ciclos de expansión de América Latina gracias a la riqueza petrolera.
Las cifras reflejan ese fenómeno. Según el Censo venezolano de 1990, en 1950 vivían apenas 519 chilenos en ese país. En 1961 ya eran 2.051 y en 1971 sumaban 3.093. Pero el verdadero salto ocurrió durante el auge petrolero. En 1981 la comunidad alcanzó los 25.200 residentes y en 1990 todavía superaba los 20 mil.
La bonanza coincidía, además, con uno de los momentos más difíciles para la economía chilena. Las crisis de mediados de los años 70 y comienzos de los 80 impulsaron a miles de profesionales, técnicos e ingenieros a buscar mejores salarios en el extranjero.
El gobierno venezolano necesitaba justamente ese tipo de mano de obra para desarrollar gigantescos proyectos de infraestructura, minería, electricidad y siderurgia. Empresas e instituciones incluso reclutaban trabajadores directamente en Chile. Ingenieros, profesores, médicos, arquitectos y técnicos encontraron empleos con remuneraciones muy superiores a las disponibles en Chile.
La investigación de Rojas Mira distingue claramente dos procesos que muchas veces se mezclan en la memoria colectiva. Por una parte estuvieron los perseguidos políticos que escapaban de la dictadura militar y que encontraron refugio en Venezuela gracias a políticas de asilo impulsadas principalmente durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Pero, paralelamente, arribó un contingente mucho mayor de migrantes económicos que buscaban estabilidad laboral y mejores ingresos. En muchos casos, ambos grupos convivieron dentro de una misma comunidad chilena. Participaban en las mismas organizaciones, celebraban las Fiestas Patrias y construían redes de apoyo que terminaron formando una de las colonias chilenas más numerosas fuera del país.
Asimismo, Sarahí Rueda, académica del Centro de Investigación en Sociedad y Salud de la Universidad Mayor, destaca que Venezuela facilitó la inserción de exiliados chilenos gracias a la afinidad cultural, ausencia de barreras idiomáticas y trámites burocráticos sencillos, especialmente para la revalidación de títulos. Eso, según dice, permitió una rápida integración laboral, y sobre todo en universidades.
Eso fue precisamente lo que vivió Jorge Córdova. Tuvo un auge laboral que contrastaba con la realidad que vivía en ese tiempo en Chile. Además, recuerda que con el paso de los años nunca se despegó de la identidad chilena. Ya con esposa e hijos venezolanos, los llevaba a fondas organizadas por la comunidad chilena para mantener vivo el arraigo, pese a los miles de kilómetros de distancia.
Pero ese escenario de prosperidad comenzó a cambiar durante los años 90 y, sobre todo, tras la profunda crisis política, económica y social que atravesó Venezuela durante las últimas dos décadas. Muchos hijos de aquellos migrantes retornaron primero a Chile. Después lo hicieron sus padres.
La colonia chilena se redujo paulatinamente desde más de 20 mil personas hasta las cerca de 12 mil que actualmente se estima permanecen en territorio venezolano.
Sin embargo, miles optaron por quedarse. Algunos porque construyeron toda su vida allá; otros porque ya tenían hijos y nietos venezolanos; y muchos porque, simplemente, Venezuela dejó de ser un lugar de paso para transformarse en su hogar.
Hoy son precisamente ellos quienes vuelven a estar en el centro de la preocupación tras los terremotos que han dejado más de 1.791 fallecidos. Chile desplegó equipos USAR de Bomberos especializados en búsqueda y rescate para colaborar en las labores de emergencia en la zona de La Guaira, mientras Cancillería continúa monitoreando la situación de los connacionales.
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