Historias de la Parada Militar: su origen, la primera "chicha en cacho" y el desaire al Presidente al inicio de la transición

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El tradicional desfile de las Fuerzas Armadas se inició en 1832, pero sería en 1915 en que se decretaría el día 19 como la fecha de su realización. En estos años, han ocurrido varias anécdotas. Acá dejamos algunas.




Dentro de la celebración de las Fiestas Patrias, uno de los hitos más tradicionales es la realización de la Parada Militar, en el Parque O'Higgins. Esta ha dejado un montón de historias a su paso.

La primera parada, tal como la conocemos, fue en 1832. En esa ocasión, fue organizada por iniciativa del entonces ministro del Interior, Guerra y marina, Diego Portales Palazuelos, cuya figura aún resulta controversial, debido a la revisión que alguna historiografía ha hecho sobre su actividad política y personal.

Sin embargo, existe cierto consenso en considerarlo un personaje relevante. Por ello, Fernando Wilson Lazo, profesor de la Universidad Adolfo Ibañez, explica el motivo tras la organización de esta ceremonia. "Dado el rol de Portales en la consolidación del 'Estado en Forma' chileno, esa Parada puede ser considerada como el antecedente de la celebración del rol del Ejército en la consolidación de la Independencia. Más aún cuando Chile ya salía de los desórdenes de la Anarquía post independentista".

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Desfile de 1972.[/caption]

Sin embargo, este desfile no se realizó el 19, sino el 18 de septiembre. Además, en esa oportunidad las tropas no marcharon por la explanada del Parque O'Higgins, sino en el sector de Santiago que hoy es conocido como el barrio Yungay.

¿Cuándo se cambió al Parque O'Higgins? Fue durante el gobierno de Jorge Montt, en 1896, en que se decretó al Parque Cousiño (actual Parque O'Higgins) como el escenario oficial del desfile.

Wilson Lazo explica que el origen de esta tradición se enmarca en la idea de las autoridades de montar una exhibición de las fuerzas armadas. "Durante el siglo XIX, la costumbre del periodo era de retener un muy pequeño ejército en tiempos de paz, compuesto de personal profesional y básicamente dedicado a la contención de las posiciones en La Araucanía y para actuar como instructores en caso de una amenaza internacional (las dos campañas de la Confederación, la guerra contra España de 1865/66, la Guerra del Pacifico, etc). Ese núcleo profesional proveía el núcleo de expansión para formar un Ejército de Campaña. Ese núcleo de fuerzas, más las distintas formas de milicias que se configuraban en el periodo, eran revistadas por el mando político en las distintas efemérides nacionales como forma de evidenciar el poder militar del Estado y, sobre todo, confirmar su capacidad de combate. Estas tradiciones tienen origen colonial y español, y si nos remontamos a lo más antiguo, tendríamos que llegar hasta la tradición militar medieval hispana".

La Parada ha sido testigo de varios hechos anecdóticos.

La primera en el día 19

En 1915, fue el Presidente Ramón Barros Luco (sí, el mismo del sándwich) quien decretó por medio de la Ley Nº2.977, firmada el 28 de enero de ese año, que el Día de las glorias del Ejército sería el 19 de septiembre, y no el 18, y que por lo tanto, la Parada militar se realizaría ese día, lo cual se mantiene hasta hoy. En la ocasión no solo hubo desfile de cadetes, también lo hicieron tres aeroplanos de Ejército que sobrevolaron el sector causando la admiración del bigotudo Mandatario y del público presente. Cabe recordar que la Fach aún no existía, nacería 15 años después, en 1930.

El desfile fue encabezado –como hoy- por la Escuela Militar, a continuación siguió la Escuela de Suboficiales, luego pasaron otras unidades como la Escuela de Aeronáutica, con su personal a bordo de automóviles.

El Timbalero y el "León"

La Parada Militar de 1936 tuvo un toque musical. Siendo Presidente Arturo Alessandri Palma, -en su segundo gobierno-, el Ejército hizo gala del Timbalero. Ante la atónita mirada del "León de Tarapacá" y su ministro de Defensa, Emilio Bello, un oficial entró galopando a la elipse del Parque O'higgins. El uniformado iba guiando a su corcel solo con los estribos, y al mismo tiempo, iba tocando dos grandes timbales, puestos en la montura del caballo, con unos mazos. Pese a lo llamativo que era, la participación del Timbalero se fue perdiendo y recién se retomó en la edición de 1999 de la Parada.

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Pedro Aguirre Cerda en la parada militar de 1941.[/caption]

Desfilando bajo la lluvia y el debut de la chicha en cacho

¿Qué pasa si en alguna ocasión el sol se niega a aparecer y se lanza una lluvia? Eso ocurrió en 1948 y el desfile se realizó igual. El entonces Presidente Gabriel González Videla presidió la ceremonia y fue la primera vez en que un Jefe de Estado realizó un brindis con chicha en cacho, cortesía de un huaso llamado Enrique Quinteros. El serenense bebió el trago de buena gana, olvidando por un momento la copiosa lluvia que caía. Sin embargo, los cadetes tuvieron problemas para desfilar. Hasta ese entonces, el parque no estaba pavimentado (recién se hizo en 1972) por lo que los efectivos tuvieron que marchar en medio del barro, que amenazaba con causar más de un problema. Misma dificultad enfrentaron las unidades de las brigadas motorizadas.

El toque emotivo corrió por cuenta de los veteranos de la Guerra del Pacífico, quienes desfilaron ante la ovación cerrada del público que se encontraba en el Parque. Seguro se acordaron de las líneas de Jorge Inostroza mientras marchaban con los viejos estandartes.

¡No hay primera sin segunda!

Otro momento que se ha vuelto parte del protocolo de la parada, es el "esquinazo" ofrecido a las autoridades, el que consta de tres pies de cueca. La primera vez que esto se realizó fue en 1969, durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva. Aunque en nuestros días es común que se presenten varias parejas a la vez, con sus coloridas y muy cuidadas vestimentas, en esa soleada tarde a fines de los sesentas, María Isabel y Vïctor Muñoz bailaron frente al palco oficial.

Mujeres adelante

163 años debieron pasar para que las mujeres fuesen incluidas en la ceremonia. En 1995, el paso de las Escuelas Matrices de oficiales, fue encabezado por las subalféreces de la Escuela Militar. Esta medida se enmarcó en una creciente apertura hacia la carrera castrense que buscaba equiparar oportunidades, ya que hasta las décadas anteriores, las interesadas en integrar las fuerzas armadas, eran asignadas solo a funciones administrativas o del área de salud. De hecho, en la edición de 1962, las enfermeras del ejército pasaron por la planicie del parque, sentadas a bordo de camiones.

Con la década siguiente vendrán más hitos. En el año 2006, dos mujeres encabezaron el desfile. La entonces Presidenta Michelle Bachelet -que a su vez, fue la primera en ocupar la cartera de defensa, durante la administración de Ricardo Lagos-, y la entonces Ministra del ramo, Vivianne Blanlot.

Ese mismo año, la gente miró al cielo. Los aviones cazabombarderos F-16, fueron la atracción. Volaron apenas a 200 metros de altura, pero su velocidad era tal, que el público presente solo los vio por cuatro segundos.

Cuando Parera no pidió permiso

Una tradición del desfile, es que el Jefe de las Fuerzas de Presentación, a cargo de las tropas, se dirige al Presidente de la República a fin de solicitar su autorización para iniciar el acto ¿ha ocurrido alguna vez que un militar no lo haga? Sí, en 1990. En ese año con la "democracia de los acuerdos" todavía muy fresca y la presencia de Augusto Pinochet en la Comandancia en jefe del Ejército, el entonces Presidente Patricio Aylwin Azócar enfrentó su primera Parada Militar.

No fue simple, puesto que las relaciones cívico-militares aún estaban bastante tirantes, y se respiraba tensión en el ambiente. Ya en el desfile preparatorio, el día 15, el ministro de Defensa Patricio Rojas fue literalmente tapado en pifias. Eso encendió las alarmas en el gobierno. Luego, en La Moneda se enteraron de que tendrían solo 800 de 5.000 entradas disponibles para las tribunas. El ambiente iba a estar bravo.

Para completar el cuadro, quien tradicionalmente pide permiso al Presidente para iniciar la Parada es el jefe de la Guarnición de Santiago, en esos días, ese cargo lo tenía el brigadier general Carlos Parera Silva. Este, según cuenta Ascanio Cavallo en su Historia oculta de la transición (Grijalbo, 1998), era un duro de verdad. Paracaidista y comando. En los días previos, el 11 de septiembre, había liderado una férrea defensa de la obra del régimen militar visitando a Pinochet en su casa y entregándole su apoyo irrestricto.

https://www.youtube.com/watch?v=y_WP6MvB4Kk

El 19 de septiembre, Aylwin hizo su entrada al Parque O'higgins bajo una sonora rechifla. Pero lo peor estaba por venir. Parera, quien debía pedirle permiso, se limitó a bajarse del jeep donde venía, ubicarse frente a la tribuna oficial, cuadrarse, realizar el saludo militar, y sin mover los labios, se dio vuelta y no pidió permiso. El Mandatario quedó contrariado ante el provocador e insólito acto, pero se mantuvo en su sitio con tranquilidad, aunque se notó un rictus de amargura en su rostro. Su revancha llegaría días después.

Ya en octubre, el Ejército le entregó a Aylwin la nómina con los nuevos ascensos de oficiales, todo parecía ir bien hasta que en La Moneda notaron que Pinochet pretendía ascender nada menos que a Parera, de brigadier general a mayor general. Por supuesto, Aylwin vetó el nombre. Pinochet ensayó una defensa, pero no bastó. El destino estaba sellado. Parera Silva debía pagar por su osadía. Así, terminó destinado en 1991 como agregado militar en Sudáfrica, y al año siguiente, pasó a retiro.

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