Humberto Soriano, ex presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe): “Los niños se dañan con el encierro prolongado”

Crédito: AgenciaUNO

Entre los perjuicios de prolongar el encierro de los menores, según el ex presidente de la Sochipe, estaría la disminución del coeficiente intelectual, la falta de desarrollo socioemocional y malos hábitos alimenticios. Con en el comienzo del año escolar acercándose, el pediatra reitera que el regreso a clases presenciales es “una obligación que tenemos que cumplirle a nuestros niños”.




El Ministerio de Educación ha sido enfático en que no habrá un nuevo plazo: el año académico se inicia el próximo lunes y la presencialidad será la regla. Pero la decisión no ha estado exenta de polémica. Por un lado, la oposición que ha mostrado el gremio de los profesores -que piden aplazar el retorno hasta que todos estén vacunados y se alcance la Fase 4 del plan Paso a Paso-, el temor de muchas familias y también los reparos de alcaldes por el uso de los colegios como sedes de vacunación. Pero el pediatra de la Universidad Católica, Humberto Soriano, ex presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría, es enfático en apoyar el retorno: “No hay ninguna duda, lo dicen los profesores, la presidenta del Colegio Médico, la Defensora de la Niñez, los pediatras y todo el mundo: los niños tienen que volver a clases”.

El experto, que integra el Consejo Asesor “Abrir las escuelas paso a paso 2020-2021” que convocó el Mineduc, sostiene que los efectos del encierro y la educación a distancia tiene efectos tanto en el desarrollo físico como educacional de los menores, cuyos efectos se podrían ver, incluso, a largo plazo, cuando la emergencia sanitaria ya se haya dado por superada.

¿Está de acuerdo con el regreso a las aulas el 1 de marzo?

La pregunta sobre si debemos o no volver a clases, ya está respondida. Todos los que estudiamos el tema decimos ‘hay que volver a clases’. Cuándo va a volver cada colegio, va a depender de la situación sanitaria y de las medidas que logre tomar cada establecimiento. Sin ir más lejos, todos los colegios de los barrios más ricos de Santiago van a volver a clases; es injusto, entonces, que los colegios de barrios más pobres o de comunidades con menos recursos no puedan volver. Es una obligación que tenemos que cumplirle a nuestros niños. El encierro ha sido muy duro para todos, pero en especial para las personas y niños más vulnerables, para los que tienen menos recursos.

¿Cuáles serían los efectos de prolongar la educación a distancia de los menores?

Los niños se dañan con el encierro. Uno de ellos tiene que ver con malos hábitos alimentarios que han ocurrido durante la pandemia. Entonces, si Chile ya era el país más obeso del subcontinente, estamos peor ahora por tener niños sedentarios. También, los niños están mirando mucha más televisión y la exposición a las pantallas no tan solo los estresa, sino que el exceso también disminuye el coeficiente intelectual; o sea, los niños se ponen menos inteligentes. Además, cuando hay problemas con la socialización de los menores y de los adolescentes, se generan daños que pueden tener efecto a largo plazo.

¿Podría explicar un ejemplo de estos problemas de socialización?

Hay fases del desarrollo social y emocional de los niños, y sobre todo de los prescolares que van al jardín infantil, que, si no se cumplen, después no se pueden mejorar. El ejemplo mejor es lo que estamos viendo los pediatras en las consultas. Los niños van desarrollándose (…), desde los dos años van madurando, a los tres son un encanto y a los cuatro son increíbles. Llegan a las consultas y participan, te abren la boca y te conversan, están relajados y pueden estar separados de su mamá. En este momento, con el encierro, nos está pasando a todos los pediatras, que vienen niños de diez años y decimos ‘que bueno, viene un niño que va a estar estupendo’ y está absolutamente apegado a su mamá o a su papá, llorando, estresado, angustiado. ¿Por qué? Porque se ha perdido un año en su desarrollo. Un año de socialización, un año de educación, un año de interacción con otros, un año de desarrollar su autonomía y su independencia.

Usted también menciona los malos hábitos alimenticios como efecto del encierro.

Sí, la otra cosa que preocupa mucho en esta pandemia es la obesidad. Uno puede hacer danza, bailes frente a la pantalla de la televisión, pero es difícil. Es difícil tener la consistencia. Un llamado que hemos hecho los pediatras hace muchos años es que haya actividad física en los colegios una hora diaria. A través del deporte se pueden enseñar valores humanos, valores sociales y buenos hábitos. Les hace bien, no tan solo a su salud mental, sino también a su salud física y a la incidencia de enfermedades como las adicciones, que son una lacra en Chile. Vamos a mirar hacia atrás en tres años, pensando en cómo solucionamos la pandemia, y vamos a ver que nuestros niños están mucho peor que cómo estaban tres años antes de la pandemia, debido a los efectos que ha producido el encierro prolongado.

¿Cómo tiene que llevarse a cabo el retorno a clases?

Es muy importante que la vuelta a clases se haga de forma correcta para que no haya rebrotes. Toda la evidencia muestra que, si se hace bien, los niños no se contagian más de lo que se contagiarían si estuvieran en sus casas, los profesores no se contagian más que otros profesionales en otros trabajos, la pandemia no empeora y los niños se protegen. La verdad es que, los infectólogos lo dicen, no es necesario tener las dos dosis, que si uno toma las medidas que están protocolizadas para evitar el contagio, entonces se va a evitar el contagio.

¿Cuál es la situación del Covid-19 en niños hoy en Chile?

En los niños, el 40% de las veces, el Covid es asintomático. Eso es bueno porque lo que queremos es que se vacune la mayor cantidad de personas posibles para que se logre una inmunidad rebaño. Por suerte, por cada doscientos adultos que se han muerto, ha fallecido un niño por esta enfermedad. O sea, es una cosa trágica, pero poniendo las cosas en contexto, los niños son afortunados en que el riesgo vital, el riesgo de enfermarse grave, es mucho menor. Y hoy en día, ahora que está apurándose la vacunación en las personas, el riesgo de enfermar y el riesgo de morirse, es menor aún. Sobre todo en Chile, donde los médicos nos hemos preparado para tratar ese síndrome inflamatorio que no ha matado a ningún niño en el país.

¿Cómo incentivamos a los niños a protegerse?

En el caso de los niños menores, es una buena idea que las mascarillas de los profesores sean transparentes para que haya contacto con los ojos de la maestra y con la boca. Además, hay que comprarle mascarillas que sean lindas, que sean cómodas, que no le molesten la nariz, que no les apriete las orejas, que tengan dos o tres capas de género y que sean lavables para que protejan el medio ambiente. Sin embargo, no hay ninguna duda que en niños bajo los dos años la mascarilla puede ser peligrosa porque pueden ahogarse.

¿Qué aspectos tendrán que priorizar los profesores?

Tendrán que garantizar que los menores tengan un grupo social reducido para prevenir el contagio, pero a la vez mantenido, para que los niños se sientan familiarizados con sus amigos. Además, poner mucho énfasis en la inteligencia emocional, más que en la inteligencia académica, durante la vuelta a este primer semestre después de un año de pandemia. En Chile somos muy academicistas, pensamos que lo más importante es que los niños tengan los mejores puntajes, las mejores notas, y la parte emocional, que se ha visto en muchos estudios que se correlaciona mucho mejor con el éxito en la vida, esa parte se da por sentada, no se le da una prioridad específica.

¿Qué opina de los docentes que no quieren regresar a los colegios?

Es súper entendible el susto si tú no tienes acceso a la información o si no se te muestran los estudios que dicen que los profesores no tienen más riesgo de enfermarse que las personas en otros trabajos. Pero, en general, los profesores han decidido volver y están agradecidos de que se les esté vacunando antes que otra gente. Además, que haya tantas vacunas es un tremendo logro y eso da mucha tranquilidad. Hay que sacarse el sombrero, pero, no nos podemos relajar.

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