Menores en familias de acogida alcanzan peak y superan a los ingresados a centros del Sename

Adopción menores

En 2019, el 56% de los niños que llegó al sistema de protección fue derivado a familias de acogida. En 2015 el porcentaje era solo del 32%, lo que evidencia un cambio en la tendencia.


Son las 7.00 y en la comuna de Padre Hurtado, lo primero que hace Roxana Fonseca tras levantarse es preparar la leche de las dos niñas que cuida, tarea en que también colaboran su esposo y sus tres hijos. Cuenta que hace cinco meses se convirtió en madre de acogida de la primera menor y hace solo tres semanas de la segunda.

Fonseca y sus parientes conforman una de las familias temporales de niños vulnerables, tendencia que ha experimentado un alza sostenida desde 2015.

En Chile existen proyectos de familias de acogida desde comienzos de la década de los 90, pero solo habían sido ejecutados por organismos colaboradores. Eso hasta la década del 2000, periodo en que el Servicio Nacional de Menores (Sename) lanzó el programa de Familias de Acogida Especializada (FAE); una forma de cuidado alternativo y transitorio para niños de 0 a 17 años, quienes son víctimas de desprotección o han sufrido vulneraciones en sus derechos. La acogida es determinada por un tribunal de familia, por medio del ingreso de un recurso de protección.

Según Sename, los niños, niñas y adolescentes ingresados a estos programas, en 2019, alcanzaron su máximo histórico con 4.279 derivaciones, superando las entradas a residencias. En este sentido, el año pasado, el 56% de los menores quedó al cuidado de una familia de acogida, mientras que el otro 44% ingresó a un centro de protección del Sename.

La voz de las familias

Roxana Fonseca ha postulado para ser familia de acogida desde 2015. Ese año les tocó cuidar a una niña durante un año. "Fue dolorosa la experiencia, porque la primera vez siempre es la que te marca, tú no sabes qué es lo que va a pasar, qué va a pasar con los niños. Es una incertidumbre constante", cuenta la mujer.

Pasaron nueve meses y Fonseca, junto a su esposo e hijos, volvieron a tomar la decisión de recibir un nuevo "hermano de corazón", como les dice ella. Para eso, estuvieron un par de meses en entrevistas sicológicas, hasta que le dieron la bienvenida al nuevo integrante.

Otro caso es el que vive Jessica Espínola, quien reside en Valdivia y es madre de acogida de un niño de cuatro años, quien fue ingresado a su hogar el 21 de octubre del 2015, a través del programa FAE PRO Villa Huidif. "Lo que hacemos es simplemente por amor y por querer cerrar un círculo vicioso (...) Además, este programa pretende evitar que los niños vayan a los hogares del Sename", comenta Espínola.

Pero el proceso de cuidado de una familia de acogida, para el caso de Espínola, no es fácil, ya que en los próximos meses comenzarán con los trámites de adopción, como cualquier otra familia que esté interesada en cuidar de manera permanente al menor. No tendrán preferencia en el proceso, pese al vínculo que han generado con el niño durante más de cuatro años.

"Este tema se habla, se conversa, se llora y también te da rabia. Cuando el niño se va de tu cuidado es tan fuerte como cuando tus hijos crecen y se van de la casa, es una pérdida", relata.

En Santiago, comuna de Las Condes, se encuentran Othoniel Loyola y Patricia Justiniano, quienes bordean los 60 años y decidieron volver a ser padres. Hace tres años recibieron a una niña, la que primero había sido cuidada por su hija, pero cuando esta última quedó embarazada, ya no pudo seguir a cargo de la menor. Hace tres semanas esta niña se fue, ya que logró encontrar una familia adoptiva.

Ellos señalan que la infante -que conocieron a los tres meses de edad-, tuvo un "cambio en 180 grados". "Al principio no tenía mucha expresión, así que la fuimos estimulando, mirándola a los ojos, entrando en una conexión", dice Patricia Justiniano.

Antes de esa experiencia, ambos ya lideraban el Movimiento de Acogida para captar más familias.

Subvención

Desde el Sename se destinan subvenciones a los proyectos que tienen a su cargo las familias y también realizan una supervisión de los recursos entregados.

Según la institución, en el caso de organismos colaboradores, el servicio debe entregar mensualmente a cada familia -como mínimo- el 35% de la subvención que reciben por cada niño o niña. De esta manera, el monto fluctúa entre $ 70 mil y $ 80 mil, aproximadamente, al mes por menor.

En el caso de los cuidadores temporales, que dependen directamente del Sename, no puede haber un aporte monetario, pero se les entregan kits o canastas mensuales de insumos necesarios para la crianza y manutención de un menor.

Así sucedía con Loyola y Justiniano, padres que postularon al FAE administrado por Sename. "Una vez al mes teníamos que ir a la institución para recibir recursos como silla para el auto, coche, cuna, pañales mensualmente y útiles de aseo, entre otros", cuenta Loyola.

Falta de familias

El jefe del Departamento de Protección del Sename, Juan Ignacio Carmona, explica que el aumento de las familias de acogida -que en promedio duran 19 meses- "ha sido un gran avance. Sin embargo, la mayoría de las familias de acogida siguen siendo 'extensas', es decir, parientes del niño o niña, y todavía son pocas las familias 'externas', como se denomina a aquellas que están dispuestas a cuidar temporalmente a un niño con el cual no tienen nexo biológico".

Carmona explica que las familias 'externas' no superan las mil en todo el país. Por eso, este año está considerado hacer una campaña para incentivar a más personas a postular, "ya que en la medida que haya más familias de acogida, los tribunales tendrán más posibilidades de escoger esta alternativa, en vez de ordenar el ingreso de los niños a centros residenciales, que debieran ser la última alternativa posible".

La jueza del Primer Tribunal de Familia de Santiago, Gloria Negroni, plantea otra complejidad: la ausencia de "familias de acogida de urgencia, como para poder cambiar a los niños cuando haya una situación compleja en la familia extensa". Esta deficiencia del sistema genera listas de espera.

Frente a este panorama, Paulina Fernández, directora de Abogacía de la ONG Aldeas Infantiles, asegura que se ha detectado otro problema: "Muy pocos (cuidadores) están dispuestos a cuidar niños con discapacidades, a grupos más grandes de hermanos y niños mayores, preadolescentes o adolescentes".

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