¿Permiso para jugar? Los niños, los olvidados de la pandemia

Las juegos infantiles de plazas públicas se mantienen cerrados.

Aislados, encerrados y con pocas herramientas psicológicas para comprender los cambios de su entorno, los expertos coinciden en que el grupo es uno de los más despojados a causa de la pandemia. Con más del 90% de las escuelas y jardines cerrados, y escasas posibilidades de salir a jugar, los más pequeños están sufriendo efectos físicos, emocionales, académicos y cognitivos a causa de la crisis sanitaria. Especialistas advierten que se requieren medidas específicas para los infantes, mientras que en campañas por redes sociales los padres piden un permiso especial para que puedan jugar en las comunas que están en cuarentena.




“Hemos observado alteraciones del sueño, de la alimentación y en el carácter de nuestras hijas. Estamos estresados, cansados y agotados, tanto física como mentalmente, no sabemos cómo ayudarlas”. Así comienza la carta que Marco Antonio Barra y Fabiola Fernández le enviaron a la directora del jardín infantil Mi Mundo, de Valdivia, en la Región de Los Ríos. Allí asistían sus hijas Emilia, de dos años, y Catalina, de uno, hasta que la comuna entró en cuarentena el 16 de marzo, obligando a cerrar los establecimientos educacionales y parvularios.

Luego de 13 meses de cuarentenas, encierros e incertidumbre, la situación que vive esta familia se repite en cientos de miles de hogares a lo largo del país. Y los expertos coinciden en que este grupo es uno de los más despojados a causa de la pandemia: quedaron sin clases, sin amigos, sin espacios para jugar y a cargo de padres superados por el teletrabajo y la presión de las multitareas. En ese contexto, los especialistas critican, además, la falta de medidas orientadas hacia menores durante este período. “El tema niños quedó absolutamente invisibilizado, no ha habido ninguna medida concreta que responda a las necesidades de ellos”, recalca el psicólogo y coordinador del Núcleo de Estudios Interdisciplinarios en Infancias en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (Facso), Camilo Morales.

Actualmente, son 8.698 los colegios y 5.333 los jardines infantiles que están cerrados por encontrarse en cuarentena, es decir, el 92% y el 90% del total de establecimientos que hay en el país.

Y si bien el gobierno emitió ayer el Instructivo para permisos de desplazamiento del plan Paso a Paso, este no incorpora una franja horaria que les permita a los menores salir de sus casas para jugar y pasear, como sí ocurrió en agosto del año pasado, cuando se asignó una hora y media para estos fines en las comunas que persistían en cuarentena.

Padres sobrepasados y la salud mental infantil en riesgo

Al igual que cientos de otros apoderados, los padres de Emilia y Catalina están trabajando, lo que dificulta que puedan atender a las necesidades académicas y emocionales de sus niñas a la par con sus labores. Marco Antonio Barra, el padre, se dedica al transporte, por lo que pasa casi toda la jornada fuera del hogar. Fabiola Fernández, la madre, es académica en la Universidad Austral de Valdivia y realiza teletrabajo. “Nuestra red de apoyo es reducida y no podemos darnos el lujo de perder nuestros trabajos”, comenta.

Esta realidad aqueja a miles de familias que a duras penas compatibilizan el cuidado de sus hijos con las tareas laborales. Es más, de acuerdo al Octavo Informe de Vida en Pandemia, elaborado por la Universidad de Chile en febrero, el 73% de los 2.000 encuestados opina que el gobierno no ha tomado en cuenta “la opinión de los padres, madres y apoderados/as”.

El académico e investigador del Programa Centro de Salud Pública de la Universidad de Santiago, Claudio Castillo, está realizando varios estudios sobre infancia y pandemia. Y una de sus conclusiones preliminares es que “los padres se sobrecargan y los niños sufren los efectos de la falta de preocupación por parte de ellos”. Esto se manifiesta, además, en que “el hecho de que no puedan ver a otros niños, que no puedan salir, hace que lo único que les quede sea la compañía de sus padres, y si eso no lo tienen, los niños y niñas habrán perdido todos sus pilares de apoyo”.

Por otra parte, “ahora que muchos padres pueden, y necesitan, volver al trabajo presencial por motivos económicos”, explica Humberto Soriano, pediatra de la Universidad Católica y expresidente de la Sociedad Chilena de Pediatría, “los niños muchas veces quedan solos y dejan de tener horarios”. Respecto de este punto, la psicóloga infantil y directora del Magíster Clínica Relacional con Niños y sus Padres de la Universidad Alberto Hurtado, Javiera Navarro, destaca que es durante sus primeros años de vida cuando “los niños son como pequeñas esponjas que necesitan de sus entornos, de la vida social, de la rutina y normalidad”. Sin embargo, “están en un entorno que los tiene aislados y su mundo adulto está muy sobrepasado”.

Sobre el agotamiento emocional que viven tanto los menores como los adultos, la subsecretaria de la Niñez, Blanquita Honorato, explica que las Oficinas Locales de la Niñez siguen entregando ayuda a las familias que lo soliciten, de manera presencial o telemática, dependiendo de la etapa en la que se encuentre la comuna. “Cada familia ha recibido acompañamiento psicoemocional por psicólogos/as para la búsqueda conjunta de estrategias de resolución de conflictos, el abordaje de dinámicas relacionales familiares que permitan disminuir factores de riesgo y fortalecer aquellas que contribuyen a proteger a los niños, niñas y adolescentes”, recalca.

¿Una franja horaria para salir a jugar?

Según los datos de la encuesta “Experiencias Educativas en Casa de Niñas y Niños durante la Pandemia Covid-19”, realizada por el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile entre septiembre y octubre de 2020, los menores que no cuentan con un espacio exterior de uso exclusivo en sus viviendas presentan mayor incidencia de problemas socioemocionales. Esta situación se presentó en el 30% de los niños entre cuatro y 18 años pertenecientes a los 4.912 hogares que fueron consultados para el estudio.

En consideración de lo anterior, este lunes entró en vigencia la ampliación de la “Franja Elige Vivir Sano”, impulsada por el gobierno, la cual permite que residentes de comunas en Fase 1 puedan realizar actividades deportivas al aire libre desde las seis hasta las nueve de la mañana, sin requerir permisos especiales. Sin embargo, el académico de la Usach Claudio Castillo considera que es poco viable que los infantes participen de esta franja horaria. “Es muy temprano para sacar a los niños pequeños, sobre todo por las bajas temperaturas de las mañanas”.

A su vez, el académico de la Facso, Camilo Morales, sostiene que “me parece muy complicado que no se pueda considerar como una actividad crucial el jugar, correr, moverse, saltar, que son actividades esenciales para los niños, es lo que a ellos los constituye como sujetos (...) y de las cuales hoy están siendo privados”. De esta forma, el experto opina que “es urgente establecer una franja horaria para que los niños puedan salir de sus casas”.

En este sentido, la educadora de párvulos y sostenedora del jardín infantil Mi Mundo, Kanda Reyes, aclara que los menores “aprenden por imitación, a través de juegos, compartiendo con sus pares en forma directa y espontánea”. Así, Reyes dice que el comportamiento observado en Catalina y Antonia por sus padres es recurrente entre otros apoderados y se debe a que “el encierro en la casa es devastador para el desarrollo socioemocional de los pequeños”.

Castillo respalda que se cree un permiso especial para la salida de los niños, pues “es muy relevante disponer de una franja horaria y de otros permisos especiales para que los padres puedan sacar los niños a las plazas, puedan sacarlos a caminar”.

En los últimos días ha tomado fuerza una campaña por redes sociales que promueve la instauración de permisos para la niñez en tiempos de encierro, a la que han suscrito varios miles de padres.

Sobre esta posibilidad, la subsecretaria Honorato revela que “hemos estado en constante coordinación con el Ministerio de Salud y la Subsecretaría de Prevención del Delito para monitorear este tema. Los factores epidemiológicos y el avance de la pandemia van a determinar si en algún momento es posible restablecer esta franja especial. Por ahora la preocupación es reducir la movilidad y la salud de todas las personas y de los niños y adolescentes”.

Al respecto, la psicóloga infantil Javiera Navarro sostiene que la situación crítica e incierta de la pandemia “es mucho más difícil de afrontarla para los más chicos, porque tienen menos recursos psicológicos para elaborar y procesar estas cosas”. Por ello, asegura, “es muy importante que los niños puedan volver a salir a encontrarse con sus pares y en un contexto de seguridad sanitaria”.

Sobrepeso y sedentarismo: la otra pandemia en niños

De acuerdo a los resultados arrojados por el Mapa Nutricional Junaeb 2020, en el cual participaron los 8.440 establecimientos educativos dependientes de este organismo, la obesidad infantil aumentó de un 23,5% al 25,4%. O sea, uno de cada cuatro niños que se alimenta a través de este programa estatal tiene obesidad. Si a esta cifra se suman los niños con sobrepeso, un 54% de ellos estaría presentando un estado nutricional poco saludable. Específicamente, los escolares de quinto básico, es decir entre 10 y 11 años, son quienes manifiestan el índice más alto de sobrepeso, representando el 64% de los encuestados.

“Nosotros partimos la pandemia con los niños, niñas y adolescentes más obesos del continente y hoy estamos peor. En las consultas los pediatras estamos viendo que los niños han estado tres, cinco, hasta 10 horas conectados a aparatos electrónicos, lo que significa más sedentarismo, también menor coeficiente intelectual”, explica el doctor Soriano.

La nutricionista y académica de la Universidad de Talca Emilia Giacaman revela que, debido a la situación actual, en la mayoría de los hogares “se perdieron completamente las preparaciones saludables y en los horarios establecidos (...). Los desayunos son en la cama o viendo tele”. Y dadas las altas cifras de sobrepeso que presentan los niños en el país, este tipo de malos hábitos “va a perjudicar aún más la alimentación de los niños”, alerta la nutricionista.

“Cuando se está en la casa, angustiado y preocupado, uno come para calmar la ansiedad”, dice Soriano. Entonces, los altos índices de obesidad y sobrepeso registrados en los menores evidencian que la “comida chatarra y la mala alimentación claramente los está afectando”. Además, el pediatra explica que esta situación puede incidir en otros factores que provocan que “tengamos a los adolescentes con más consumo de alcohol y drogas en el continente”.

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