Rodolfo Santander, jefe de Unidad de Paciente Crítico de ex Posta Central: “Si es necesario instalar un hospital de campaña en calle Portugal, lo haremos”

Tras una orden del Minsal, el médico intensivista se prepara para que su unidad crezca a 250 camas críticas. Optimista, señala que “la Posta Central es la nave insignia de este combate”.




“Estilo Churchill: Si se agotan las camas, usaremos camillas. Si se agotan las camillas, usaremos colchones en literas. Si se acaban los ventiladores, usaremos máquinas de anestesia o ventiladores de transporte, pero no nos rendiremos. No se gana una guerra lamentándose o rindiéndose”, tuiteó el jueves el jefe de la Unidad de Paciente Crítico (UPC) de la ex Posta Central, Rodolfo Santander.

Días atrás, y mientras guardaba aislamiento preventivo por un posible contagio de Covid-19, el doctor pensaba en el enojo que iba a sentir si es que salía positivo. “Pensé que existía una alta posibilidad de salir positivo, lo que me tenía enfurecido. ¡Cómo me voy a perder lo mejor de la guerra!”, dice -medio en broma y medio en serio- el médico que, en las próximas semanas, debe prepararse para cumplir una orden emanada por el Minsal, que ordena convertir la totalidad de las camas del recinto en cupos intensivos.

¿A qué se refería cuando habló de un manejo al estilo Churchill?

Él decía “si tenemos que pelear calle por calle, lo haremos. Si nos invaden, seguiremos peleando desde nuestras colonias”. O sea, una determinación, por eso le llamaban el bulldog. Y esa determinación tiene que estar presente. Si se acaban las camillas, pondremos literas. Si eso se nos acaba, montaremos un hospital de campaña. Y si tengo que cerrar la calle Portugal y poner una carpa gigantesca -como se vio en la pandemia de 1918-, se tendrá que hacer. Eso es el mandato ético del personal de salud. Y afortunadamente, yo creo que no exagero, la gente de la Posta Central está comprometida a ese grado. En algún minuto, yo recogía varias frases que circulaban en los pasillos de la Posta, y una de ella decía “el turno muere, pero no se rinde”. Nosotros tenemos esa ventaja, esa mística que no todo el mundo la tiene.

Nos enfrentamos a semanas críticas, a su juicio, ¿cuál sería la clave para salir con éxito de esta emergencia sanitaria?

Una de las cosas que no se dice es que no importa cuántos ventiladores o dispositivos de ventilación tú tengas si no los sabes gestionar. A mí me critican, pero me parece que es muy gráfico hacer un símil entre lo que nos pasa hoy con la pandemia y una situación de guerra. No soy fanático del lenguaje bélico, sino que un amante de la historia. De la misma forma que hay pandemias, hay momentos de grandeza, son hechos de la causa. El punto es que la logística es muy importante.

¿Se ganará la batalla?

Este es un escenario de absoluta incertidumbre en todo sentido. Y cualquiera que crea que sabe lo que va a pasar está especulando. Hay un reconocimiento reciente de que algunas situaciones no se habían visualizado, pero esta es una matriz muy compleja. Más que dedicarme a sacar cuentas, eso se lo dejo a otras personas, yo soy un operativo, práctico y pragmático.

En medio de esa logística, la Posta Central se transformará en un hospital intensivo.

En gran medida, aunque la Posta siempre ha sido una gran UPC. Por años nuestros pacientes han sido complejos. Lo que pasa es que ahora estamos monotemáticos con el Covid-19, por decirlo de alguna forma. La gran mayoría de estos pacientes son pacientes Covid-19 complicados. Hoy día tenemos 89 ventilados y de esos, 85 son coronavirus, entonces nuestra atención está localizada allí. En la Posta estamos intubando entre tres a diez pacientes diarios.

Eso es una alta demanda.

Sí, pero siempre hay que entenderlo como flujo. Me explico: si yo intubo 12, y saco del ventilador mecánico a 14, gano dos camas. Camas calientes las llamamos nosotros. Ahí, nuestra prioridad es liberar cupos del servicio de Urgencia. Cuando se produce un cupo en la UPC lo trasladamos de inmediato.

Usted dijo que no quiere procedimientos invasivos en caso de necesitar un ventilador por la enfermedad.

Yo tengo 63 años y una expectativa de vida saludable de siete años. Una mujer de 35 años, con dos hijos, tiene una expectativa de vida saludable de 35 años y una responsabilidad de criar a dos niños. Ese ventilador es mejor que salve a esa mujer, y segundo, yo he sido un tipo que he hecho deporte toda la vida, muy activo, y estar semanas en ventilación mecánica invasiva, y salir con una polineuropatía -secuelas tras un procedimiento invasivo-, o una atrofia, no me interesa. Cuando uno normalmente usa un ventilador mecánico, sabe en el momento en que intuba al paciente a que lo expone a secuelas posteriores, un 34% de “eventos”, que decimos eufemísticamente en el mundo del intensivismo, es decir, riesgos incluida la muerte. Lo que más me preocupa de mis pacientes es el síndrome post UCI, que tiene secuelas físicas, económicas y psicológicas.

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