El plan de la UE contra el tráfico de inmigrantes

Tras la masiva llegada de migrantes africanos, la Unión Europea aprobó la intervención militar en puertos o en territorio libio.




La cifra abruma: en lo que va del año, 1.800 africanos subsaharianos, sirios o bengalíes han muerto en el Mediterráneo, un número 20 veces mayor al del mismo período de 2014, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). En un desesperado intento por llegar a Europa, miles de inmigrantes se embarcan en un viaje que la mayoría de las veces termina en una pesadilla: meses en barcos clandestinos en pésimo estado y con traficantes que les quitan dinero y pasaportes. Más encima, antes de embarcarse, deben desembolsar miles de euros e incluso se le agregan tarifas dependiendo de las paradas y el lugar de destino.

La operación "Glauco II", que comenzó en mayo de 2014 tras la tragedia de Lampedusa en la que murieron 366 personas, permitió desmantelar una banda en Sicilia. Durante la investigación se determinó que los traficantes cobraban hasta cinco mil euros por llevar a las personas desde su país de origen hasta Libia, donde tenían que pagar mínimo otros 200 euros para "centros de acogida". Pero los pagos no acababan ahí, ya que después debían desembolsar otros 1.500 euros por el viaje hasta Italia y posteriormente otros 1.500 si es que querían llegar al norte de Europa.

Los traficantes de inmigrantes han aprovechado las circunstancias que viven los países de Medio Oriente y de Africa para potenciar su negocio. La mayoría de los trayectos comienzan en Libia, país que vive en la anarquía tras la caída de Muammar Gaddafi en 2011, donde además fracasó la Primavera Arabe, mientras que ha aumentado la presencia del Estado Islámico.

La desesperación, tanto de los libios como de los desplazados por la guerra de Siria, ha permitido que el negocio del tráfico de personas aumente día a día. Según Frontex -agencia europea encargada del control de las fronteras- sólo en el primer trimestre de 2015 se han introducido 57 mil personas a Europa, el triple respecto del mismo período de 2014.

Frente a esta realidad, hace algunas semanas la Unión Europea planteó la necesidad de crear una operación para desmantelar las bandas de tráfico de inmigrantes y frenar el creciente número de personas que llegan al continente. Tras un largo debate, los ministros de Exteriores y Defensa de la UE aprobaron finalmente ayer uno de los proyectos más arriesgados  y controvertidos dentro de su política de defensa.

El plan contará con tres fases y el foco estará puesto en los traficantes. La primera etapa será identificar y recabar información sobre las redes de traficantes, para lo cual se utilizarán diversos instrumentos, como satélites o drones.

La segunda etapa corresponde a buscar y requisar los barcos que se encuentran en alta mar y sean sospechosos del traslado de inmigrantes ilegales. La UE podrá registrarlos y confiscarlos. A pesar de que es peligroso tanto para los uniformados europeos como para los inmigrantes, se piensa que de esta manera se podría controlar el flujo de personas.

Finalmente, se dio luz verde a las intervenciones militares contra bandas de traficantes en puertos o el territorio libio, algo extremadamente complejo según los expertos, ya que se necesitaría la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Este punto generó gran controversia en un principio, ya que se planteó la destrucción de barcos sospechosos destinados al transporte de inmigrantes. Aunque el texto no menciona esto en concreto, se piensa que se emplearán todos los medios necesarios para impedir el paso de los barcos ilegales por el Mediterráneo.

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