Envenenados: Rudolphy se prueba como dramaturgo y director

Con fecha de estreno fijada para el 7 de julio en la sala Finis Terrae, el actor detalla la obra que escribió, dirigió y co-produce.

Es febrero de 2014; se estrena la película Brillantes en Viña del Mar. Y en el reparto, Alvaro Rudolphy ocupa un lugar protagónico. De aquella experiencia, y puntualmente tras un cruce de ideas entre actor y director, a Rudolphy le fue difícil desvincularse completamente de la pantalla grande. La ambición por armar un guión que pudiese llegar al cine ganó terreno. “Comencé con un guión basado en el monólogo que hice hace años -Escape Libre (2008)- y dije: ‘Esta historia tiene muchas imágenes’. Pero me quedó grande el poncho. Sentí que no me logró cuajar el guión cinematográfico. Pero me quedó una escritura rica y seguí escribiendo, y resultó todo esto. Algo mucho más cercano a lo que estudié, a lo que hago”. Así Rudolphy mudó la historia de un matrimonio tensionado al formato teatro, Envenenados, que se estrenará el próximo 7 de julio.  

Con esta obra, el actor abrirá con los fuegos de una tríada teatral que se cierra con dos piezas faltantes y por desarrollar: El Velorio y El bar las llama hoy. Sin embargo, él mismo advierte: “Vamos por parte”. Antes de abocarse a las siguientes producciones – aunque las actrices Coca Guazzini y Paola Volpato ya tienen el texto de El Velorio en sus manos- debe afinar este montaje que describe como un “thriller sicológico realista negro, donde hay oscuridad, sordidez, ironía” y que escribe, dirige y co-produce junto a la sala donde estrena. Multiplicidad de tareas que rememoran los días de Escape Libre, cuando el actor de Mega escribió, actuó y se auto-dirigió. 

Envenenados es la historia de un matrimonio que se casó feliz – Mario (Francisco Celhay) y Ana (Paulina Eguiluz)- y que hoy está con problemas internos -la incapacidad de tener un hijo ha generado una crisis obsesiva, distanciándolos- y externos -la llegada de Luis (César Sepúlveda), un ex amigo de Mario de la universidad que acaba de romper con su ex señora-. 

“Son personajes que están envenenados de las relaciones de la vida. Y uno empieza a descubrir en la obra que todo lo que parece que es, no es. El montaje plantea la subjetividad de la verdad. La que depende del punto de vista. Y que el absolutismo es irreal. Pienso que el espectador entonces empieza a tomar partido, pero se da cuenta que cada uno tiene su verdad”, reflexiona Rudolphy sobre el juego de certezas que propondrá durante dos meses en la sala de la U. Finis Terrae. Razón por la que optó por este lugar. “Ensayar dos o tres meses para estar un mes en cartelera es un sinsentido”, continúa ahora en calidad de productor: “La escenografía, el vestuario está haciéndose. Diría que está lista dos tercios de la obra”. 

Un regreso a las tablas, tras renegar del quehacer teatral: “Había dicho hace algún tiempo: no hago más teatro, no tiene ningún sentido. Y acá estoy. Es un poco la contradicción de quien escupe al cielo. Y a mí me ha pasado muchas veces en la vida. Y hacer teatro, además, con las dificultades de quienes hacemos menos teatro y más tele. Los actores de televisión, siento, tenemos a veces más dificultades de volver al teatro. Se nos hace más cuesta arriba. Hay mucho prejuicio”, repasa el protagonista de la teleserie Pobre Gallo, de lo más visto en la TV nacional estos días. 

Ahora bien, ¿No es un facilitador la televisión?: “Yo diría que no es un facilitador. Creo que son mundos distintos el teatro y la televisión. Y la gente suele encasillarte un poco y le cuesta permitir o dar espacio para que tu transites dentro de las otras áreas de tu oficio”.

Sesenta minutos, o quizás un poco más, es el tiempo que baraja Rudolphy. El hoy director y dramaturgo armó un reparto con el que asegura no ha tenido que golpear la mesa al dirigir: “Antiguamente hice una obra con la Pao Volpato y la Coca Guazzini: Night Mother, de Marsha Norman. Y ahí, era un poco más ‘visceral’, por decirlo de alguna manera. Era más duro para dirigir. Más Agresivo. Ya no, no me da para gritar. Encuentro que no sirve de nada y me canso el doble. Estoy preocupado de que las cosas resulten. Aunque claro, habría que preguntarle eso a los actores”.  

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