Fernando Zegers y la agenda valórica: "Este país ha ido en retroceso y la discusión se ha ido polarizando"

Uno de los expertos más reconocidos en fertilidad y medicina reproductiva del país, teme que Chile termine arrollado por el desarrollo científico en estos planos. Cree que existe un veto a la discusión de estos asuntos. Y piensa que no es verdad que todo esté resuelto. Todo lo contrario: a su juicio, hay mucho que discutir. Fernando Zegers y la agenda valórica:




A sus 66 años, Fernando Zegers es una persona reconocida en la práctica e investigación médica. Sigue atendiendo en la consulta que tiene desde los ochenta en la Clínica Las Condes y sigue habiendo que esperar varias semanas para conseguir hora con él. Pero una parte importante de la cabeza y el tiempo de este especialista en infertilidad está puesta en la discusión en torno a la "agenda valórica" y el manejo de la sexualidad y reproducción de las personas. Hace dos años, cansado con el tono del debate, se acercó al rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, y le dijo que había que crear una instancia para el análisis secular, no religioso, en estas materias. Así nació el Programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la UDP que dirige desde 2012 y desde donde busca generar información para promover la discusión y la toma de decisiones. Como médico y consultor e integrante del comité de ética de la Organización Mundial de la Salud (OMS) le ha tocado ver el impacto de los desarrollos científicos en su área a escala global. "Eso me hace mirar la realidad chilena desde distintas perspectivas y desde los mínimos morales más que de los máximos morales; desde lo que debe ser común a todos más que desde lo que acomoda a unos pocos".

Como estudiante "hice todo como tiene que hacerse", dice riéndose. Cuando salió del colegio Saint George entró a medicina en la Universidad Católica, siguió la especialidad en ginecología en la de Chile, y como estaba interesado en la investigación, a fines de los setenta se fue becado por la OMS a estudiar a Inglaterra y Bélgica. Desde ahí le mandaba cartas entusiasmado al doctor Juan Luis Alcalde, otro conocido ginecólogo que hoy atiende en la Clínica Las Condes, en las que le hablaba de lo que se venía: "Muy luego se van a poder ver los ovarios con ecografías y vamos a poder mirar los folículos para poder saber cuándo ovulan las personas". Pero mientras estaba allá, en el año 78, ocurrió algo que cambió la conversación: nació en Manchester Louise Brown, la primera "bebé probeta" del mundo y él volvió a Chile decidido a seguir ese camino. "Ya en Inglaterra empecé a curiosear en estos temas y llegué con la idea clara de hacer in vitro en Chile".

En 1982, Zegers se sumó al grupo de médicos que fundó la Clínica Las Condes. "Me fui con todo para allá y pensé 'aquí voy a formar un centro de investigación'". Ahí, hace justo 30 años, el doctor hizo con éxito su primera fertilización in vitro y desde entonces ha participado desde el laboratorio en el nacimiento de más mil niños y niñas con un procedimiento que, tanto entonces como ahora, tiene reparos de la iglesia Católica y la Evangélica, que se oponen a las técnicas de reproducción que reemplazan el acto conyugal y también al congelamiento de embriones que se utiliza en muchos casos en este tipo de tratamientos.

¿Cómo lo hicieron en ese momento?

Partimos en silencio, pero por supuesto que una vez que se empezó a hacer público, hubo réplicas. Además, en el año 86 salió un documento vaticano que se llamó Donum Vitae -Dar vida- que se opone a todo lo que gente como yo estaba haciendo en esa época. Tuve unas discusiones duras en la televisión, por ejemplo, con el cardenal Fresno.

Después han venido otros interlocutores y discusiones como el congelamiento de embriones, la entrega de la píldora del día después o ahora, más recientemente, el aborto, cuya despenalización apoya cuando existe inviabilidad fetal, está en riesgo la vida de la madre y en caso de violación. "Nadie que se dedica a generar nuevas vidas está a favor de un aborto, lo que uno hace es decir: frente a una situación dramática ¿a quién hay que priorizar? Decir si un embrión vale moralmente y se le debe el mismo respeto que a una persona o lo contrario. En mi opinión en esas tres situaciones, es la mujer la que debe ser protegida y cuidada más que el embrión".

Autonomía es la palabra que usa con más frecuencia para explicar sus posturas en materias reproductivas. "La autonomía tiene que ver con el uso de la anticoncepción, la tecnología para embarazarse, los derechos a reproducirse o evitar la reproducción. El derecho de las personas a ejercer su sexualidad de manera placentera, tranquila y confiada". Por eso, se ha convertido en un polemista de esos debates que nunca terminan en las secciones de opinión y cartas de los diarios. "Al contrario de lo que uno podría pensar, que con el tiempo los países se van haciendo más libres, autónomos y tolerantes, en Chile ha pasado al revés. Este país ha ido en retroceso y la discusión se ha ido polarizando de una manera increíble. Pasa en todo lo que nos toca enfrentar, en el tema del acceso a los tratamientos médicos de reproducción de alta complejidad, el aborto, la píldora del día después y para lo que va a venir en investigación sobre el genoma, sobre clonación, todo". Él cree que eso ocurre tanto en el ámbito público como en el privado: "Si yo hoy quisiera partir con un programa nuevo y revolucionario en la Clínica Las Condes, probablemente no podría".

¿Por qué hay un retroceso?

En 1968, durante el gobierno de Frei Montalva, se hizo el programa de regulación de la fertilidad con anticonceptivos gratuitos. ¡El 68! Antes que Inglaterra en Chile, bajo un gobierno de la DC y en el momento en que se publicaba la encíclica Humanae Vitae (1968) que se opone al control artificial de la natalidad. Este país era más libre entonces de lo que es ahora. Que un gobierno haya implementado un programa nacional de la regulación de la fertilidad hoy es impensable.

El doctor ha criticado varias veces a la Iglesia Católica porque considera que sus posturas son conservadoras en estas materias: "Mi problema no es con Jesús, es con la estructura de la Iglesia. Soy muy seguidor de la enseñanza de Cristo, recito los poemas de San Juan de la Cruz de memoria, soy médico de las Carmelas Descalzas desde el año 78, sigo cantando en los benedictinos muchas veces y meditando, soy un ser espiritual. Pero las enseñanzas de la Iglesia sobre todo en temas de la moral sexual reproductiva son absolutamente contradictorias conmigo y para mí es imposible coexistir con ellas".

Los temas que hoy se discuten en este país "son realmente una minucia en relación a los que éste y todos van a tener que enfrentar en cualquier minuto". Lo que teme, dice, es que los dilemas que genera el conocimiento científico terminen explotándole en la cara a Chile. Recuerda, por ejemplo, en 1996 cuando nació la oveja Dolly, el primer mamífero que fue clonado. "Nadie sabía lo cerca que estaban de lograrlo los investigadores, fue una gran sorpresa. La ONU rápidamente inició una convención sobre el tema". A él le pidieron que participara y que fuera a dar una conferencia: "Yo dije, pero si no soy experto en clonación sino que en reproducción", cuenta. "Nadie es experto en clonación", le respondieron, y explica que la posibilidad de la clonación humana reproductiva, a la cual él se opone, ha obligado a volver a preguntarse por la dignidad de los seres humanos.

En los últimos años se siguen sumando investigaciones y procedimientos que plantean nuevos desafíos, y da ejemplos: la investigación en genoma humano posibilita, por una parte, identificar mutaciones genéticas que hacen a las personas y sus descendencias más proclives a problemas como, por ejemplo, la depresión o alcoholismo. "El manejo de esta información es de las cosas más complejas que existen, tanto que la Unesco pone al lado de la Declaración de los Derechos Humanos, la Declaración del Genoma. Yo participé en eso, y hace ver los derechos de las personas a que su información no sea divulgada, pero eso es algo muy frágil. En la medida en que los seguros de vida, salud e isapres tengan acceso a esa información, la autonomía y la vida privada se verán seriamente afectadas y este país no está enfrentando ese desafío".

Además, agrega, esas investigaciones también harán posible "detectar con enorme precisión enfermedades en los embriones que permiten a sus progenitores embarazarse de un hijo sano. Identificar y seleccionar personas. Las preguntas que vienen entonces son: ¿cuál es el derecho de los papás a tener hijos sanos? Pero también ¿cuál es el derecho de las personas a nacer sanas, y a no hacerlo cuando están enfermas? Son preguntas fundamentales y para responderlas no basta con decir: todas las personas tienen los mismos derechos desde la concepción y no hay nada que discutir. ¡Hay mucho que discutir!", dice enfático el doctor.

Otro caso que le gusta citar -probablemente porque sabe que da vértigo- es el de la medicina regenerativa. "Hace un tiempo un científico de Gales identificó el gen responsable de que una célula que cumple una determina función vuelva para atrás y se convierta en célula madre (que tiene la capacidad de convertirse en cualquier otra célula), gen al que llamó Nanog, eterna juventud. Le inyectas a una célula madura estos genes y entonces vuelve atrás y la reorientas. Se están haciendo muchas líneas de investigación, para hacer retinas nuevas, médula espinal, páncreas para un diabético. Todo esto está ahí, no es el futuro sino el presente. Es muy nuevo y nos pone en el dilema sobre el envejecimiento y la juventud". Además, explica que también tiene implicancias para la investigación en reproducción. "Lo que se ha hecho en ratones es que de estas células madres generadas desde la química puedes generar óvulos y espermatozoides y puedes hacer un nuevo individuo de la nada, de una célula de un músculo. Esas son las cosas que están pasando y nos han hecho volver a plantearnos dónde está nuestra dignidad. Estas son las cosas que una sociedad abierta tiene que discutir y prepararse".

¿Qué hacen otros países?

Varios países han formado comités, grupos de trabajo con especialistas y expertos para tratar estos temas y generar políticas. En Inglaterra existe The Human Fertilization and Embryology Authority (HFEA), organización con reconocimiento público donde están los científicos, abogados, obispos, y discuten hacia dónde va a orientar el país su ciencia en estas áreas.

¿Y nosotros?

Aquí en Chile lo fundamental es clasificar a las personas, más que escuchar las ideas, y una vez que las clasificaste, las aislaste. Nuestros legisladores llevan años diciendo que no hay nada que discutir sobre el aborto porque los médicos hacen lo que se tiene que hacer siempre, lo que es mentira por lo demás, y porque la ley protege al que está por nacer, y listo. Ahora se está hablando de las tres causales para hacer un aborto por presión de la presidenta Bachelet, nada más.

¿Cree que nos estamos tapando los ojos?

Sí, y lo que de verdad ocurre es que la gente con más acceso al conocimiento y recursos aprende, se informa y después se van a Estados Unidos o Bélgica a hacerse sus tratamientos. Sigue siendo como siempre una fuente de inequidad.

Usted critica a los conservadores, pero ¿qué han hecho mal los liberales?

Bueno, no han hecho nada. Yo estoy poniendo extremos. Estamos donde estamos porque hay extremismos. Aquí hay un problema general de falta de una discusión civilizada en la que primen las ideas, y no las clasificaciones y las descalificaciones. (…) Mientras tanto, la gente vive su sexualidad y asume sus derechos reproductivos de una manera completamente distinta del extremismo con que se dan los debates. Eso es lo contradictorio de este país. La gran pregunta es si el debate que se da en los medios representa algo o sólo representa las visiones particulares de los que participamos. La segunda es si nuestros legisladores realmente legislan para regular la manera en que la gente quiere vivir o si legislan en función de cómo ellos piensan que debe vivirse la vida.

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