La verdad sobre el sobrepeso del fútbol chileno

Voces autorizadas de las áreas de la medicina deportiva, la nutrición, la preparación física y el fútbol analizan el estado de salud del balompié criollo. La escasa cultura alimentaria de los jugadores, la ausencia de nutricionistas en los clubes y la sombra del sobrepeso, a debate.

Imaginemos por un momento al mejor delantero de Colo Colo y a su homólogo de la U desafiándose con la mirada, al más puro estilo de los púgiles, durante la ceremonia de pesaje previa al inicio de un Superclásico. O al capitán de Universidad Católica, por ejemplo, fiscalizando su peso día y noche durante medio año, controlando la oscilación de cada uno de los gramos de su cuerpo, para poder tomar parte en el encuentro de fútbol más importante del año, tal y como lo hacen los atletas que compiten en las múltiples disciplinas olímpicas cuyas categorías se encuentran delimitadas en función del peso de sus participantes. Cuesta esfuerzo. Mucho. Porque el fútbol, actividad física popular y mediática donde las haya, es casi siempre una isla dentro del mar del deporte profesional. Un rara avis del alto rendimiento que parece regirse, muchas veces, por sus propias normas.

El jueves 23 de febrero, Pablo Guede, técnico de Colo Colo, compareció en conferencia de prensa en la víspera del duelo de su equipo ante Temuco. Al ser consultado por la posible participación en el encuentro de sus futbolistas juveniles, el DT confesó: “Cuando volvieron del Sub 20, (Gabriel) Suazo y (Iván) Morales no llegaron de la mejor forma. El preparador físico lo consideró así y estuvieron entrenando aparte. Morales llegó con cuatro kilos de sobrepeso”. Sus palabras, con tintes de acusación enmascarada, desataron una guerra en el seno de la ANFP. Y, de paso, abrieron un debate.

Cómo un chico de 17 años, inscrito en el plantel adulto de un club de primera línea que acababa de tomar parte en un Campeonato Sudamericano Sub 20 -con bastante participación en cancha, por otra parte- podía haber regresado del certamen con, presuntamente, cuatro kilos de sobrepeso. La respuesta nadie la sabe.

Lo que sí se sabe o, al menos, lo que terminó después por salir también a la luz, es que el atacante colocolino (el mismo, por cierto, que el sábado en Valparaíso necesitó sólo dos minutos de actividad para liquidar a Wanderers anotando el 0-2 en Playa Ancha), no era el único futbolista que había engordado durante el torneo continental. Gabriel Suazo (lo dijo también Guede), titular indiscutible en la oncena de Héctor Robles en el torneo de Ecuador, volvió a entrenar también pasado de kilos. Y Brayan Monsalva, arquero de Huachipato suplente en la justa ecuatoriana, tampoco fue una excepción. “Brayan (Monsalva) tiene una tendencia, pero volvió con cinco kilos de más”, disparó su entrenador, Miguel Ponce.

“No es normal que un jugador suba 4-5 kilos de peso. Eso sólo puede ocurrir si no hay un control adecuado”. El que habla es Carlos Jorquera, nutricionista de Universidad de Chile, para quien un incremento tan notable en el peso de un jugador profesional en un período de tiempo tan corto y en el marco de una competencia tan importante, de carácter internacional, sólo puede obedecer a un precario sistema de fiscalización y control del estado de los futbolistas. “El PF está preocupado de la preparación física y el nutricionista es el que se preocupa de la alimentación. El tema es que no tienen nutricionista en ninguna categoría de la Selección”, agrega Jorquera.

Marcelo Oyarzún, ex preparador físico de la selección chilena, del Colo Colo campeón de la Libertadores en el 91 y hoy responsable de San Luis en esa área, incide también en la importancia de llevar a cabo un “trabajo multidisciplinar” (con un reparto de funciones bien diferenciado) para lograr resultados óptimos: “Si de la alimentación de un equipo de Primera o una selección no está a cargo un nutricionista, estamos ante un enorme retroceso. Un PF no debiera administrar nunca una dieta. Para eso está específicamente el nutricionista o el nutriólogo. Que no hubiera un nutricionista a cargo de la Sub 20 en 2017, con todos los aportes científicos que hay, sería inexplicable”.

El jueves 23 de febrero, el mismo día en que habló Guede, arrancó en Chile el Sudamericano Sub 17. Y César Kalazich, médico a cargo de la Baby Roja, recibió a El Deportivo en el Monasterio Celeste, lugar de concentración. “En las selecciones juveniles somos cinco médicos de la Clínica Meds, entre los que hay dos traumatólogos y el resto somos médicos del deporte, que hemos planificado junto al PF la alimentación de los jugadores”, confesaba entonces el doctor, confirmando la ausencia de la figura del nutricionista, pero explicando después sus métodos de trabajo en materia alimenticia: “Les damos una dieta de entre 2.800-3.000 calorías, que es aproximadamente la estimación calórica que requieren. Primero valoramos la composición corporal y vamos viendo las tendencias que tienen. En base a eso regulamos un poquito las cantidades si es necesario y los estamos fiscalizando constantemente durante las comidas, que son muchas veces tipo buffet. Los pesamos todos los días, antes y después de los entrenamientos y los tenemos graficados. Después de los partidos controlamos cómo se han hidratado. Lo lógico es que pierdan por partido entre 300 y 1.000 gramos”. Y a la pregunta obligada: ¿Es posible engordar cuatro kilos durante un Sudamericano”; la respuesta temida: “Con los controles que llevamos y las dietas, que están pensadas para lo que ellos gastan en actividad, es muy muy difícil que eso ocurra”.

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La educación alimentaria

Pero más allá de lo llamativo que resulta que tres jugadores regresen de un torneo de alto rendimiento con evidentes síntomas de sobrepeso, las consecuencias para la salud del futbolista que el exceso de kilos ocasiona son igualmente difíciles de ignorar. Francisco Verdugo, jefe del centro de medicina del deporte de la Clínica Las Condes, lo tiene claro: “La masa grasa es un lastre, y metabólicamente es como andar con una mochila extra de peso que tienen que soportar por 90 minutos. Se lesionan más rápido, su sensación de esfuerzo físico es mayor y su sensación de fatiga también aumenta. En el fútbol, que no tiene una intensidad permanente, sino piques de intervalos, el cuerpo, más que grasa, usa los carbohidratos como energía. Y en ese sentido el tener grasa dentro del musculo no favorece”. Una tesis que suscribe Luis Vergara, médico deportólogo de Red Salud UC: “Con mayor peso, el músculo tendrá que trabajar más, el sistema cardiovascular también y aumentará la frecuencia cardíaca”. Una alimentación adecuada resulta, entonces, fundamental para evitar el sobrepeso (ver infografía abajo).

En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina 2016, señalaba que Chile es el país con mayor índice de sobrepeso de toda Latinoamérica -aproximadamente un 63% de su población adulta-, además del segundo estado de la región con mayor consumo de alimentos ultraprocesados. El pasado jueves, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaev), lanzaba su Plan Contrapeso, un conjunto de 50 medidas llamadas a reducir en un plazo de cuatro años las alarmantes cifras de obesidad y sobrepeso infantil registradas en el Mapa Nutricional 2016, que según sus últimos resultados afectan ya a más del 50% de los niños chilenos de entre cinco y siete años.

Con tales guarismos, cuesta creer que el fútbol patrio pueda vivir al margen de una tendencia social tan arraigada. Y probablemente no lo hace. “Lo que se sugiere es que el deportista tenga buffet porque le da más posibilidades de elegir, pero el problema es que no hay educación alimentaria en términos de qué elegir y en qué cantidad. El tema central, entonces, es que no tienen educación alimentaria”, sentencia Carlos Jorquera. “Obviamente el fútbol se ve salpicado por esa tendencia social que es una lacra en toda Latinoamérica. Es una cuestión de cultura alimentaria, pero la solución es muy simple, si a ti te gusta comer el doble, entrena el doble”, añade.

La clave, entonces, pasa por la autoexigencia, es decir, el profesionalismo. “En nuestro acceso a jugadores de elite, hemos establecido que en el 99% de los jugadores evaluados en nuestro laboratorio, que pertenecen a los mejores equipos de Europa, los valores de masa grasa están bajo 17% y la masa muscular siempre se encuentra sobre el 50%”, ilustra, al respecto, Carlos Henríquez, fisiólogo del ejercicio de la Clínica Meds.

“Lo más importante es eso que nosotros llamamos entrenamiento invisible. Y Cristiano es el mejor ejemplo. Tiene cámaras hiperbáricas en casa, cuatro fisioterapeutas a su cargo, se ejercita a doble jornada todos los días. Tiene 32 años y pretende jugar hasta los 40. Y lo va a lograr. Su chequera obviamente le permite tener todo eso, pero no hace falta tener una chequera grande para comer bien. Siempre ha habido superdotados técnicos, como Ronaldo el brasileño, capaces de jugar con sobrepeso, pero no es lo aconsejable. Messi puede tener cuatro kilos de más y seguir siendo Messi. Cristiano, por ejemplo, no ”, argumenta Marcelo Oyarzún, quien señala a “Suazo, Rozental o Luis Núñez” como ejemplos icónicos de futbolistas chilenos con exceso de kilogramos. Otros, como Marco Estrada, llegaron a firmar contrato en Primera con hasta ocho kilos de sobrepeso. “El nivel competitivo es también fundamental, influye muchísimo. Yo trabajé en Argentina, en el primer equipo de Newell’s, y el sobrepeso allí es impensado. Desde los 12 años los jugadores se preocupan de su alimentación. La cultura es un factor, pero sobre todo la seriedad con la que trates el alto rendimiento”, concluye el PF.

Según los citados estudios sociológicos, la causa de la mala alimentación de los chilenos está relacionada, en la mayoría de las ocasiones, con “factores sociales y económicos”. Una variable que, en el caso del futbolista profesional – billetera en mano- cuesta esfuerzo siquiera considerar. Es, por tanto, una cuestión de voluntad. Así lo resume Agustín Farías, quien jugó en Argentina y hoy juega en Chile, un futbolista profesional en activo cuyo testimonio invita a reflexionar: “En Argentina se controla mucho más la alimentación que en Chile. Yo aquí descubrí que hay muchos jugadores que no cenan. Que toman once y no cenan. Allá no pasa eso. Yo trato de comer lo mismo que comemos cuando concentramos y me hice también un estudio que se llama ALCAT (un test de tolerancia alimentaria) tras el que dejé de comer algunos alimentos. En Palestino no tenemos nutricionista, así que la alimentación depende un poco de cada uno. Uno ve jugadores y se da cuenta de que deberían tener unos kilos de menos. Acá eso lo noto más. A mí me gusta cuidarme porque es mi cuerpo con lo que yo trabajo”, explica el capitán de Palestino.

Que la balanza del fútbol chileno no se termine venciendo por culpa del sobrepeso parece, pues, una cuestión de educación, profesionalismo y voluntad.

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