Las empresas y el clóset

Hace dos años, la Fundación Iguales creó Pride Connection, una red de empresas que reúne a cerca de 30 compañías y que esta semana dio origen al primer índice sobre diversidad en el mundo corporativo, llamado Equidad CL. Aquí, tres casos de trabajadores que salieron del clóset en sus trabajos.

Ocurrió en Cencosud. Y fue antes del conocido caso de Alessia Injoque, un ingeniero que al interior de la compañía transicionó hacia su actual identidad de mujer. La historia la cuenta Emilio Maldonado, director ejecutivo de Iguales: “Era un hombre que era mujer en todos lados, menos en su trabajo”, dice. “Para ser vendedor de retail iba a su trabajo como hombre”.

El hombre, al que llamaremos Juan, habló el tema con el gerente de su área y encontró empatía en él. Le dijeron que podía empezar a ir al trabajo vestido de mujer, la identidad de género a la que estaba transicionando en ese momento. Y de un día para otro fue no como Juan, sino como Juana. Sus compañeros no estaban preparados y empezaron a hablar por detrás. No entendían mucho. Alguien que ayer era él, ahora era ella. Y empezó a haber roces, porque lo siguieron llamando Juan. Juana comenzó a exigir que le dijeran Juana y surgieron conflictos que escalaron hasta que aparecieron rayados en los baños en su contra.

“En este caso hubo buena intención de la gerencia, pero faltó sensibilización entre los trabajadores, que hubiera un protocolo”, dice Maldonado, a quien le tocó hacer tres charlas con toda la tienda para explicar las razones por las que es importante respetar la diversidad. Tras esas exposiciones, entendieron por qué esa persona se frustraba tanto cuando le decían Juan y no Juana.

Luego vino Alessia, caso para el que sí se activaron los protocolos de sensibilización dentro de Cencosud. Y después de Alessia, vinieron otros dos casos de personas trans dentro de la empresa que hicieron el viaje hacia una identidad femenina. Y ya con la experiencia de un fracaso y otro caso de éxito, Cencosud pudo integrar de manera más fluida a esos trabajadores a una nueva vida laboral, con una nueva identidad.

Ahora, cuando se hace una transición se reúne a todo el equipo y se les realiza una sensibilización, para que el trabajador sea tratado acorde a su nueva identidad de género. “A ellos les cambia el mundo”, dice Maldonado. “Luego, se les imprimen las credenciales con su nueva identidad, se les dice a los compañeros que van a ocupar el camarín de mujer, los baños femeninos y la resistencia termina siendo baja”, explica Maldonado, recordando los dos casos post Alessia dentro de Cencosud.

El tema de la diversidad en las empresas lleva 15 años aplicándose en Estados Unidos. A tal punto ha llegado la inclusión que, entre las políticas de la multinacional McKinsey, que tiene oficinas en Chile, está apoyar económicamente la operación de cambio de sexo de una persona trans. Aunque en Chile sus trabajadores pueden optar a ocupar el beneficio, todavía no se ha aplicado.

El primer paso más formal lo dio la Fundación Iguales en 2016, al iniciar el programa empresarial Pride Connection. Ese año juntaron a 10 empresas comprometidas con la diversidad, y al año siguiente llegaron a 30 empresas, entre ellas IBM, Deloitte, Monsanto, Sodexo y Google. De las 30 empresas, tres cuartos son multinacionales y un cuarto son chilenas, entre las que están Cencosud, Entel, Falabella, Quanam y SB, que agrupa a Salcobrand y PreUnic. “Cuesta más en las empresas chilenas, porque sabemos que las planas directivas son de los mismos colegios, las mismas universidades, pero de a poco se han ido abriendo”, dice Maldonado.

El trabajo va más allá de las charlas. En cada empresa se forman grupos de embajadores LGBT, quienes, a su vez, continúan con el trabajo de sensibilización y funcionan como una red de autoapoyo. Walmart fue un paso más adelante y puso un inserto en los diarios, diciendo que era una empresa diversa y abierta cuando se integró a Pride Connection.
Esta semana, Iguales lanzó el índice Equidad CL, inspirado en el Corporate Equality Index que se hace en EE.UU. desde hace 15 años. En el lanzamiento no solo estaban las 30 empresas que forman parte de Pride Connection, sino que también otras compañías que están evaluando su ingreso, como JP Morgan, Enap, Bupa y Aguas Andinas.

El índice evaluará a las empresas en su compromiso con la diversidad. Entre agosto y noviembre se aplicará una encuesta a las empresas que se sumen y los resultados se darán a conocer a inicios de 2019.

¿Qué ganan las empresas incorporándose al índice?

Medir si están bien en relación a sus pares, si están haciendo bien la pega o no. Y también que después te llegue un sello de empresa como buen lugar para trabajar para las personas de la diversidad sexual. Y eso es importante, sobre todo para diferenciarte de otras organizaciones. En un país que se está volviendo diverso, es un tema que a las nuevas generaciones les interesa. Y no solo importa para la diversidad sexual. Si tu hermano o tu hijo es parte de la diversidad, vas a querer trabajar en un lugar donde no se les discrimine.

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Omar Artunduaga es colombiano, tiene 40 años y llegó a Chile hace casi 13 años. En Deloitte, multinacional canadiense, es especialista informático, es decir, maneja el software que rige los servicios y la contabilidad de la empresa. Estudió comercio internacional y sacó un MBA en finanzas, pero terminó en el campo de la informática.

Artunduaga es del sur de Colombia, de una ciudad amazónica que se llama Floresta. En Deloitte lleva seis años y llegó cuando todavía no había área de diversidad. Artunduaga recuerda: “Mis amigos chilenos me dijeron que no se me ocurriera decir que soy gay, que las empresas chilenas son conservadoras, que cuesta ascender después, así que estuve como dos meses sin decir nada, pero al tercer mes me decidí a contarlo. Quería tener la libertad de llegar el lunes y contar qué hice con mi pareja el fin de semana”.

A nivel de jefatura, a Artunduaga le dijeron que “aquí no ha pasado nada, todo bien”. Él les respondió que no quería tratos especiales, que solo quería ser tratado como todo el mundo. Inclusivamente. A nivel de los socios le pidieron que estuviera diciéndoles a medida que pasaba el tiempo en qué se podía mejorar. Y Deloitte partió por igualarle las condiciones a las de cualquier empleado heterosexual.

Artunduaga y su pareja, que es 10 años mayor, con quien van a cumplir 19 años juntos en marzo, vivieron seis años en Buenos Aires antes de llegar a Chile. Por trabajo de él llegaron a Santiago por seis meses. “No había estabilidad jurídica en Argentina así que decidimos quedarnos”, dice. “Una vez nos devolvieron impuestos y no lo podíamos creer”.

Hace cuatro años, Artunduaga se casó con su pareja en Argentina y en Deloitte le dieron los cinco días libres legales como si se hubiese casado en Chile. Para cuando firmaron el AUC fue igual. Luego, Artunduaga tuvo que trasladarse por un año a Costa Rica, y aunque no estaba casado legalmente en el país, obtuvo los mismos derechos que un empleado casado. A su pareja le pagaron dos veces el pasaje a Costa Rica para que pudieran estar juntos. Al ser una pareja homoparental, aunque sus dos hijos están a nombre del esposo de Artunduaga, en la empresa los niños están inscritos como si fueran sus hijos legalmente y así obtienen los mismos beneficios que el resto de los hijos de los empleados.

Artunduaga ahora es un embajador de la diversidad dentro de la empresa, hace newsletters, da charlas contando su historia y se reúne periódicamente con otros trabajadores LGBT. Ya son cerca de 30 dentro en una empresa de 2.400 personas. Organizan la intervención de salir del clóset que hace Iguales, una dinámica en la que una persona ingresa a un armario y escucha voces con mensajes discriminatorios. Artunduaga, de hecho, se metió al clóset y salió impresionado: “Es muy fuerte el mensaje de que discriminas todo el día”. Sus amigos gays chilenos, de todas formas, le dicen que para él es más fácil, que como no lo conoce nadie, es más simple para él estar afuera del clóset. Su mirada hacia el futuro es más esperanzadora: “Sigue existiendo el miedo entre los chilenos de que si dicen lo que realmente son, no van a poder ascender en las empresas, pero los jóvenes que están entrando llegan con otra mentalidad y desde el inicio dicen que son gays”.

 Fotos: Laura Campos/ La Tercera

Fotos: Laura Campos/ La Tercera

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Fernanda Torres (33) salió del clóset hace cerca de cinco años y calza con su entrada a trabajar a Walmart, empresa en la que va a cumplir cinco años trabajando como periodista de comunicaciones internas. Su proceso fue más bien largo. Salió con hombres hasta que tenía 25 y ahí se dio cuenta de que algo le faltaba y no sabía qué. Ahí entendió que se sentía atraída por mujeres y comenzó su proceso. “Te aprendes a conocer otra vez y después de eso tienes la seguridad para decirle al resto que tus preferencias van por otro lado”, cuenta.

Torres señala que sus padres, en el fondo del corazón, lo sabían. “Fue mágico ese momento y me dio el empuje para salir a enfrentar el mundo. Con ese apoyo sientes que no te va a pasar nada”, dice. “Después puedes sentir que la sociedad no estaba preparada o que las amistades que pensaste que te iban a acompañar no te están acompañando, pero eres tú quien decide cómo enfrentar la vida”.

Su ingreso a Walmart coincidió con conocer a su pareja actual, con quien está hace cuatro años y medio. En la compañía empezó a conversar con sus compañeros de área y fue paulatinamente saliendo del clóset. Sin un protocolo, aunque “la misma cultura de la compañía hace todo más fluido. Los homosexuales contamos con un gran apoyo para desarrollar nuestra vida normalmente sin que nadie te indique con el dedo”
Walmart creó una gerencia de diversidad e inclusión, que no solo ve temas de diversidad sexual, sino que también se encarga de integrar a personas de distintas nacionalidades, etnias y religiones.

Pride Connection trabaja en conjunto con Walmart y a Torres le ha tocado participar en varias actividades, como dar charlas con su testimonio dentro de la empresa, paneles de conversación y activaciones, que son intervenciones relacionadas con salir del clóset. La idea es hacer conciencia de las cosas que vive una persona LGBT.

Foto: Marcelo Segura / Diario La Tercera
Foto: Marcelo Segura / Diario La Tercera

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Pablo Lobos (33) es psicólogo laboral y es analista de selección en SB, empresa que agrupa a Salcobrand y PreUnic y que emplea a 10 mil trabajadores. Lobos lleva tres años trabajando en la compañía y dice que ingresó con cierta mesura. “No hablé de mi sexualidad en la entrevista, porque no lo consideré necesario”, dice. “Me demoré un tiempo en decirlo, pero no fue nada solemne: simplemente dije que había salido con mi novio el fin de semana”.

En otras palabras, Lobos le quitó dramatismo al acto de abrir su sexualidad. Había leído reportajes sobre salir del clóset en el lugar de trabajo y en esos textos recomendaban esperar unos meses, medir la temperatura para saber dónde se está pisando en relación a sus compañeros. Aun así, Lobos decidió anticipar el plan. Y lo dijo a pocas semanas de haber empezado. “No sé si es porque me relaciono con psicólogos, pero vi que las condiciones estaban dadas, sentía que el equipo era más abierto. Y fue un alivio transparentarlo. Las personas malgastan su energía cuando esconden su orientación. Hay síntomas ansiosos, depresivos, de aislamiento, porque estás suprimiendo una parte muy importante de tu ser. Es ponerte una venda en la boca, ojos y oídos todo el tiempo”.

Lobos dice que la discriminación nunca es abierta, que generalmente es sutil y se hace a través de miradas o de lenguaje corporal. “Nadie te va a decir que no le gustas porque eres gay”, afirma. Y recuerda la incomodidad que sintió en el sur -Lobos es de Temuco- cuando fue a entrevistas para cargos en el área educacional. “Cuando postulé a trabajos en educación, en colegios, en liceos, me encontré con más resquemor. Nuestra sociedad es muy religiosa y muchos colegios también lo son. En pueblos más pequeños de la X Región, cuando postulé a liceos me encontré con miradas raras, era como si fueran del FBI y fue incómodo”, cuenta.

Lobos fue a la universidad en Temuco, donde fue activista por la diversidad. A los 20 años, sus amigos ya conocían su orientación. Ellos fueron su primera gran red de apoyo. A los 23 o 24 años se lo hizo saber a su familia. Y para eso también ideó una estrategia. Se lo contó primero a su madre y a su hermana, a quienes veía más abiertas a aceptarlo. “Y cuando las tuve de mi lado me animé a contarle a mi padre, con ellas apoyando en bloque”, dice. “Igual fue difícil para él. Hay un tema con la masculinidad heterosexual rígida que se ha instalado en Latinoamérica. Mi padre me dio un discurso de 1800, de la religión y de Dios”.

Ahora Lobos es parte de una campaña interna de SB con cuatro rostros: un migrante, una persona de la tercera edad, u discapacidatado y él mismo, como representante de la diversidad sexual. “La idea es decirle al resto ‘estos son tus compañeros’”.

Lobos dice que aún falta un trecho, que sigue siendo complicado para trabajadores que están fuera del clóset llegar más arriba en las empresas. “Por eso la comunidad LGBTIQ es integrada más a los mandos medios. Eres más visible cuando estás en un cargo alto. Eso sigue siendo visto por las empresas como tomar una posición valiente”.

Aún así, ya se ve un cambio. Ahora se están modificando las fichas de ingreso y, preguntas que se hacían antes, ya no se haciendo, desde la situación militar hasta la edad. O qué hacer cuando llega una persona trans. “Si su nombre social es Josefina, en la credencial dice ese nombre, aunque en su contrato diga José”, explica. SB también extiende los beneficios para los empleados LGBT que firman el Acuerdo de Unión Civil. “Me interesa que esos derechos existan, aunque no sé si me interesa casarme”, agrega Lobos. “Es una cuestión de igualdad de tener los mismo derechos que los demás”.

Foto: Patricio Fuentes Y.
Foto: Patricio Fuentes Y.

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Emilio Maldonado ya lleva 30 charlas corporativas sobre diversidad y ha estado en varias ciudades: Concepción, Temuco, Valparaíso, Arica. Esto pasó en el Valle de Azapa. Un trabajador aimara se le acercó a decirle que era gay, pero que el ambiente era complicado en una empresa del agro en la que la mayoría eran peruanos, bolivianos y aimaras. “A veces tus gerentes están a favor, pero no los compañeros de trabajo, y eso puede parar todo”.

Esa cierta resistencia hace que no todo sea bueno en las charlas. Existe gente que le dice a Maldonado que en estos temas no la van a convencer, que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y que a los gays se necesita acompañarlos. “Y lo dicen como implicando que ‘hay una enfermedad aquí’, aunque esto ocurre mucho menos de lo que uno pensaría”, asegura.

En las charlas, Maldonado expone que van a ser mucho más felices en su lugar de trabajo diciendo la verdad sobre su sexualidad, porque pueden hablar de sus parejas y sentirse integrados. En una de estas charlas, un gerente que llevaba trabajando varios años en una empresa del agro levantó la mano y dijo que quería participar. Empezó a hablar y a agradecer por la instancia cuando dijo que él mismo era gay. Llevaba más de 10 años trabajando ahí y nadie lo sabía. Sus compañeros se pararon y lo felicitaron. Algunos lo aplaudieron.

“Cuando ya puedes ser quien tú eres y tienes una buena recepción de la empresa, te cambia todo”, cierra Maldonado. “Una persona gay o trans conecta hasta un 40% menos con su equipo de trabajo si está en el clóset. Y más allá del bien o el mal, eso tiene un claro impacto en la productividad del trabajador”.

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