Los paradigmas


Este concepto que viene de Grecia, lo utilizamos en nuestra vida para hablar de ejemplos o modelos que se imponen. En el fútbol también lo usamos para ilustrar, en este caso, un sistema de juego que se implanta constituyéndose en una moda. Ha ocurrido muchas veces, desde que los sistemas tácticos imperan hasta hoy. Quizás si los últimos fueron el paso del 4-3-3 al 4-4-2 con la figura del 9 y medio como transición y luego del éxito de Mirko Jozic con el Colo Colo campeón de la Copa Libertadores, la llegada del líbero y los stoppers con la defensa de 3, que para ser justos ya la había impuesto Lucho Ibarra con la selección chilena juvenil de 1987.

De ahí en más y por la forma de juego imperante, en Chile costaba mucho encontrar laterales que pudiesen tener niveles superlativos. Es que jugaban tan pocos equipos con ellos que el universo de selección se restringió al máximo. Ese modelo y el 4-4-2 convivieron hasta hace unos años, en su mayoría jugando con dos delanteros, hasta que llegó Marcelo Bielsa y trajo de vuelta a los wines o punteros que hacía rato estaban en extinción. Jorge Sampaoli continuó la tendencia, aunque con algunos matices y todo el resto se sumó.

No importa si el equipo tiene jugadores con esas características, los técnicos ponen tres delanteros, muchas veces sacrificando a buenos jugadores que no saben jugar contra la línea. La idea es jugar con tres como sea. Hace un rato escuché a un técnico decir que Bielsa y su discurso, le habían hecho muy bien a los técnicos que lo entendieron, pero muy mal a aquellos que se lo aprendieron de memoria. Tiene razón.

Da hasta cierto pudor escuchar a algunos estrategas en la  primera conferencia de prensa decir que sus equipos juegan al ataque y con tres puntas, como si eso fuera lo correcto, en vez de señalar que intentarán que sus equipos jueguen bien. Observo, también mucho discurso para la tribuna y poca convicción. En el fútbol se juega bien de muchas formas y no sólo de una, sobre todo cuando no se tienen las herramientas. Ojalá en Chile, que vive de modas, se entienda.

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