Museo francés rescata del olvido a fauvistas húngaros

Autor: EFE

Pioneros dentro del movimiento, estos artistas no corrieron la misma suerte de sus compañeros americanos, alemanes o noruegos, ampliamente analizados y publicados.

El Museo de Arte Moderno de Ceret explora los orígenes del arte fauve a través de 116 pinturas y 44 dibujos de artistas húngaros, en su mayoría desconocidos, pero que revolucionaron la pintura de su país y abrieron el camino a las diferentes vanguardias europeas.

Coproducida además por el Museo Matisse de Cateau-Cambrésis y el de Bellas Artes de Dijon, en colaboración con la Galería Nacional Húngara de Budapest, la exposición es continuación de la presentada en Ceret sobre Matisse y Dérain en Colliure, 1905, y de la centrada en la figura fauvista francesa Emile Othon Friesz.

La exposición, que estará abierta hasta el 12 de octubre, cierra esta trayectoria y estudio del fauvismo con el trabajo de los artistas seguidores de este movimiento en Hungría, “primer país europeo que inicia una apertura hacia la nueva modernidad que representaba este movimiento”, según ha asegurado la directora del museo, Josephine Matamoros.

Según Matamoros, la muestra rescata del olvido el trabajo de los fauvistas húngaros, que no corrieron la suerte de sus compañeros americanos, alemanes o noruegos, profusamente analizados y publicados.

Sin embargo, los húngaros fueron “los primeros artistas extranjeros en Francia que se interesaron por el fauvismo y por crear los primeros cuadros fauvistas, y aunque sus obras están cercanas a las francesas por sus colores, temas y dinamismo, conservan su propia identidad y una cierta distancia respecto de sus homólogos parisienses”.

Todos los artistas fauvistas, locales y extranjeros, viajaban desde París a la costa mediterránea durante el verano, a excepción de los húngaros, que volvían entonces a su país.

El punto de partida del grupo de artistas húngaros fue a finales del siglo XIX Nagybánya, una popular colonia artística enclavada en Transilvania, y desde allí los viajes y las exposiciones a París fueron frecuentes y, desde 1907, los encuentros con el maestro Matisse.

La primera figura del grupo es Béla Czóbel, que expone junto con los fauvistas parisienses en el Salon d’Automne en 1905 y lidera entre 1906 y 1907 en Hungría el llamado grupo de los “neos”, abreviatura irónica de neoimpresionista.

La segunda figura clave es Róbert Berény, que con sólo 18 años se convierte en “el más fauvista” de todos, con sus colores vivos, sus gestos apasionados y sus característicos retratos, a veces irónicos.

El tercer elemento de la tríada fauvista húngara es Vilmos Perlrott Csaba, alumno de Matisse de 1906 a 1911, sin duda el más grande de los tres, que estableció un vínculo entre la colonia de Nagybánya y el círculo de Matisse.

Los cuadros, que plasman su admiración por el color matissiano aunque asociado a motivos de Nagybánya, en ocasiones se sitúan en la frontera entre el fauvismo y el cubismo, y en otras son la suma del fauvismo con el expresionismo alemán, que muchos de estos artistas conocieron en sus estancias en Múnich y Düsseldorf.

Sándor Ziffer, que descubre con entusiasmo el arte de Gauguin, Lajos Tihanyi, Géza Bornemisza o el matrimonio Sandor Galimberti y Valéria Dénes, que pintan las vistas de la ciudades y los paisajes húngaros son otras figuras destacadas del grupo de los “neos”.

Para Matamoros, si la influencia de Matisse se percibe, sobre todo, en la representación del desnudo y de las vistas de pueblo y los alrededores de Nagybánya, con empastes espesos y colores vivos, la huella de Cézanne, por el contrario, se vislumbra en las naturalezas muertas y en algunos retratos.

Una sección específica se dedica al final del recorrido a la relación de amistad y profesional entre el decano de la pintura moderna húngara József Rippl-Rónai y Arístides Maillol y en ella se exhibe la práctica totalidad de las obras creadas por el artista húngaro en 1899, durante su estancia en Banyuls.

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