Pruebas clínicas con piel hecha en base a microalga partirían en 2017

Experto chileno desarrolló una piel artificial que usa la luz para lograr que tejidos se regeneren. Producto está autorizado por el ISP y se negocia con hospitales las primeras pruebas en humanos.

Al principio eran vistos con incredulidad: un grupo de científicos presentando una piel artificial verde, compuesta en parte por un microorganismo fotosintético, a la que además llamaban Hulk(como el Hombre Increíble), que en realidad es el acrónimo en alemán para hiperoxia bajo condiciones de luz.

Hoy ya no parece tan absurdo, cuando el mismo grupo chileno-alemán -liderado por Tomás Egaña, del Instituto de Ingeniería Biológica y Médica de la U. Católica y la empresa Symbiox -ha mostrado que es factible: las microalgas pueden vivir en el cuerpo de un ratón, producen oxígeno al estar en contacto con la luz, la piel se regenera y no hay rechazo. Demostraron ser capaces de crear tejido fotosintético.

¿Por qué con microalgas? El cuerpo humano no almacena oxígeno por lo que no tiene dónde acudir en caso de heridas o infarto, en los que se pierde tejido. Las plantas sí. “Evolutivamente, uno no almacena oxígeno porque no se puede, porque va a explotar, porque es muy reactivo o va a oxidar el resto de las moléculas. Pero si miras otros animales, ves que las ballenas sí lo almacenan, los delfines, los mamíferos marinos lo hacen, demostrando que el cuerpo es capaz de hacerlo”, dice Egaña.

Para lograr su tejido fotosintético se centraron en la Elysia chlorotica, molusco que hace fotosíntesis, y se conoce como plantimal, una simbiosis entre planta y animal. Esta especie puede estar ocho meses sin comida y oxígeno, produciéndolos ella misma si está en contacto con la luz. “Nos desarrollamos en una atmósfera rica en oxígeno, por ello evolutivamente se inventó el sistema cardiovascular, para transportar este oxígeno en el cuerpo. Es parecido a lo que le pasa a un pez de agua dulce, que no tiene tejidos para almacenar agua porque vive en ella, nosotros no tenemos tejidos para almacenar oxígeno, porque vivimos en él”, dice.

En la mayoría de los casos no es necesaria una reserva de oxígeno, pero cuando aparece un tumor, un infarto, una herida o se requiere un trasplante, sí convendría producirlo para que el tejido infartado no muera, para que la herida cicatrice o para que el órgano a trasplantar esté más tiempo fuera del cuerpo. Eso podrían lograr con Hulk.

Nuevas especies

Un problema, que también puede ser una ventaja, dice Egaña, es que a 10 días de ser implantadas, las algas mueren. “Queremos que duren más tiempo (para tratar heridas, por ejemplo), por lo que estamos buscando microalgas o microorganismos de ambientes extremos que resistan mejor estas condiciones”, dice. El desierto de Atacama será una de las zonas donde buscarán esos extremófilos.

Es parte de lo que resta investigar, como también cuántas algas se necesitarán para un tratamiento en humanos, cuánta luz, qué materiales y qué tipo de pacientes.

Ya tienen la autorización del Instituto de Salud Pública (ISP) para iniciar las pruebas clínicas y negocian con hospitales, donde tienen que pasar por comités de ética. Ya hay interesados en Chile y Alemania. “La idea es que salga el próximo año”, dice Egaña y sería un piloto con 20 pacientes con ulceras crónicas, con heridas tan severas que deberían ser amputados. Si resulta exitoso, podrán probarlo con más pacientes y con heridas menos graves.

También trabajan en la tecnología para vendajes y hasta en un hilo para suturar.

Este y otros proyectos serán presentados el 15 de noviembre en el Centro de Extensión UC, en el seminario “Bioingeniería: Ciencia y tecnología para la vida”, organizado por Fundación Copec UC. Inscripción en www.bioingenieria2016.cl.

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