Ser flacos, ser felices

Autor: La Tercera

Hace menos de un mes se publicó un volumen llamado Quiero ser flaca y feliz, con tanto éxito que ya se mandó a imprenta la segunda edición. El libro es un cruce muy poco común entre historieta y texto escrito nacido de la colaboración de la dibujante Marcela Trujillo y la sicóloga Karolina Lama. Y su objetivo, como sugiere el título, tiene que ver con el gran tema de salud de Chile: la gordura.

“¿Para qué quiere usted bajar de peso?” Según Marcela Trujillo, esa fue la pregunta de entrada que le hicieron al llegar a su primera sesión en GOCE (Grupo de Obesos en Control de Excesos), un grupo organizado justamente para ayudar a personas deseosas de controlar sus kilos. La pregunta es mucho menos sencilla de lo que parece. Queremos bajar de peso por vanidad, salud, para mejorar nuestras oportunidades laborales y también por simple conveniencia a la hora de comprarnos ropa. Marcela (conocida también en el mundo de la historieta como Maliki 4 Ojos) había tocado el tema de su sobrepeso y su encuentro con GOCE en el capítulo final de su último libro y no le interesaba repetir el testimonio. Pero sí le llamó la atención embarcarse en un proyecto que plasmara en un libro nuevo su proceso de cambio, reflejado en términos físicos y también mentales.

El resultado, un año y medio después, fue Quiero ser flaca y feliz, descrito en su portada como “Un método visual para bajar de peso” pero que es mucho más que otro libro de autoayuda. Es también el registro de la amistad que Marcela entabló con Karolina Lama, la sicóloga de GOCE que durante un año y medio se juntó con la dibujante para discutir y co-escribir el libro. Y, contrario a lo que podría esperarse de alguien involucrado en los aspectos más profundos del problema del sobrepeso, Karolina no tuvo ningún prejuicio a la hora de participar en un proyecto que integraba “monitos” de historieta: “La premisa ha sido tener un lenguaje simple, pero profundo. Que muchas veces pensamos son cosas incompatibles,  pero en ciencia, filosofía y en arte sabemos que muchas veces las respuestas a preguntas sumamente complejas son de una simpleza sorprendente”.

Desde esa óptica, es interesante mencionar que Quiero ser flaca y feliz sorprende porque no tiene ni el tono de sermón ni el aire de superioridad de otros libros sobre dietas y métodos contra el sobrepeso. Es un relato que sigue a Marcela descubriendo las raíces mentales del ansia por comer, acompañada en la ruta por las observaciones de Karolina sobre conceptos como “plasticidad cerebral” y “adaptación hedónica” y donde hay recovecos fascinantes, como cuando se explica la influencia que la masificación del refrigerador y los alimentos conservados de bajo costo tuvieron en la primera oleada de casos de sobrepeso en el siglo XX.

Para la dibujante, trabajar a dos manos con Karolina fue mucho más que un simple atajo para chequear datos del proceso: “Las dos teníamos mucho que decir, ella desde su papel como terapeuta de GOCE y como sicóloga construccionista con su discurso científico, serio y más académico, con citas de sus referentes y con sistemas de clasificación y nomenclaturas técnicas; y yo desde mi rol de paciente y de personaje testimonial que acostumbro a dibujar mi vida sin tapujos ni pudores y que en esta ocasión dibujaría sobre lo alucinante que encontraba este sistema orgánico e inclusivo donde el problema que me impedía bajar de peso y quedarme flaca estaba nada menos que dentro de mí. Y lo más importante: tenía arreglo, porque yo era la única que tenía acceso a él”.

Sin embargo, aunque el resultado luzca como una fusión orgánica entre párrafos de alusiones científicas y caricaturas de mujeres gordas o flacas peleando con neuronas y sándwiches que hablan, antes de discutir el libro la dibujante y la sicóloga debieron sentarse a pensar en su estructura. Según Marcela, las referencias claves vinieron de dos maestros del género. El primero fue Días de destrucción, días de revuelta, un volumen dibujado por Joe Sacco (Notas al pie de Gaza) con textos de Chris Hodges sobre el efecto del capitalismo en las zonas más empobrecidas de Norteamérica. El segundo fue Kafka para principiantes, la hermosa biografía escrita por David Zane Mairowitz e ilustrada nada menos que por el gran Robert Crumb. 

Ambos títulos tenían en común la mezcla mutante y mutada de intercalar páginas de puro texto con otras que sólo tenían dibujos, lo que según explica Marcela “va creando no sólo un doble lenguaje sino también un doble contenido, donde lo que explica el teórico Hedges no es lo mismo que cuenta Sacco en el dibujo”.

La sicóloga escribió el primer capítulo y se lo entregó a la dibujante, que subrayó con un destacador las frases que le sugerían imágenes o escenas atractivas que además convirtieran la frase inicial en un concepto con varias capas. La idea, explican, no era que los dibujos se limitaran a ilustrar los textos, sino que las frases fluyeran hacia escenas que se transformaran en historieta. 

Todo esto era parte del mundo profesional de Marcela, que ya tenía cuatro libros de cómic a su haber, pero no era algo familiar para Karolina, quien se introdujo a la ilustración de la mano de su colaboradora: “Nunca fui fan ni lectora de cómic. Tenía la impresión de que se circunscribía a los superhéroes como Batman o Superman. O bien, a Mafalda y a Condorito. Gracias a Marcela pude conocer la amplitud de temas que toca el medio. La ilustración, además, pasa por una etapa muy prolífera, es un mundo alucinante.  Por eso me interesó la idea de mezclarla con la sicología”.

Y esa mezcla llama la atención porque, aunque tiene humor, datos freak, anécdotas personales e incluso momentos emotivos, Quiero ser flaca y feliz sigue siendo la descripción de una fórmula para perder kilos. Las autoras enfrentan el sobrepeso como un problema de adicción desarrollado en nuestro cerebro a partir de costumbres, autoimagen personal y efectos químicos de sustancias tan dañinas para la salud como el azúcar refinada. Por supuesto, Trujillo y Lama saben que una operación o una dieta relámpago no eliminarán de nuestras cabezas la nostalgia por un barros luco o un trozo de torta. Y lo interesante del libro es que toda la segunda mitad se aboca a la necesidad de asumir una responsabilidad personal más allá de nuestros deseos y angustias clásicas. Lo que a la larga lleva a evitar la trampa de declararse adicto y justificar con eso décadas de mala alimentación y daño al cuerpo.

Todo muy bonito, dice uno leyendo el libro, pero ¿funciona? Al menos sí para Marcela, quien en menos de un año logró bajar 25 kilos siguiendo el método. ¿Significa entonces que es imprescindible estar asistiendo a GOCE para obtener tales resultados? Karolina puntualiza al respecto: “¡Ese era el desafío que nos pusimos cuando empezamos a escribir el libro! Que alguien pudiera hacer un proceso de cambio igual de profundo sin tener que asistir a las sesiones de GOCE. Y a la vez, que los que asisten pudieran profundizar en su trabajo personal, pues ir a un grupo no garantiza el cambio individual si no haces la pega”.

Y la pega, postula el libro, es nada menos que cambiar de vida. Luego de perder 25 kilos, Marcela ha mantenido su peso a costa de voluntad, ejercicio y buenos hábitos alimenticios. Lo que obliga a mirar el libro desde una óptica extra, que es la del simple y directo testimonio personal.

Por eso también le pareció necesario a Marcela que en las páginas iniciales también Karolina hablara de su propia experiencia con los kilos de más: “A la gente con sobrepeso no le gusta que otra persona les diga que están gordas, excepto una ex gorda que triunfó, porque así sienten que ellas también pueden bajar. Hay una especie de competencia que libera a la nueva flaca para ofrecer su ayuda”.

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