El último bastión del 10

Uno de las demarcaciones que más han buscado los equipos nacionales para el Clausura es el de enganche. En Europa es un rol que ha ido mutando, desapareciendo incluso, también en Sudamérica. Pero en Chile aún tiene defensores fervientes. El único lugar que aún acoge un puesto en vías de extinción.

La elegante zurda de Martín Rolle se instala en O’Higgins. Jorge Luna, a Universidad de Concepción tras un año y medio afuera de Chile. Yeferson Soteldo, presentado con bombos y platillos en Huachipato. Pedro Morales, de vuelta al fútbol chileno, en Colo Colo. Byran Carvallo, en Deportes Antofagasta. Joe Abrigo, de Coquimbo a Audax Italiano. Larry Valenzuela busca una revancha a Wanderers y Fabián Carmona quiere sumar minutos en Palestino.

En esta acotada lista se repite una particularidad. Todos se definen como un 10. O, por lo menos, así se formaron y sobresalieron para llegar al profesionalismo. Esa posición que muchos, como Juvenal Olmos, han dado por extinta, pero que aparentemente en Chile genera muchos adeptos. En parte, porque se trata de un lugar de inspiración. Como la que provoca Jorge Valdivia en los hinchas.

“Valdivia era de los pocos que quedaba en Chile por sus características. Sabía jugar de espaldas, tenía una técnica diferente y Sampaoli lo usaba de una manera diferente. Él quizás no se movió de ahí y por eso no pudo sobresalir en Europa. A un 10 le pones un tipo a marcarlo y lo controlas, como pasó, por ejemplo, con Pavez y Buonanotte el año pasado, salvo que Buonanotte sabe moverse por los costados y buscar su posición. A estas alturas, un tipo con buena pegada, pero estático, termina siendo poco útil”, cree Olmos, el hombre que en 2001 puso el tema en discusión en Chile, cuando empezó a dirigir en Universidad Católica. En ese momento, retrasó como volante mixto a Milovan Mirosevic, quien explotó en su rendimiento.

Los refuerzos de la presente liga chilena dejan en evidencia que los entrenadores no transan con el creador. Hubo algunos que hicieron cambios. Martín Palermo no quedó satisfecho con lo que hacía Juan Manuel Rivas, el creador que él mismo había solicitado y cambió su esquema a un 4-4-2 sin 10. En la U, Lorenzetti ha ido mutando a una posición más mixta, tras ser creador por varios años.

“Cada vez es más difícil, es un tema de lectura futbolística, de panorama. Ahora el futbolista es muy básico, muy mecánico, son pocos resolutivos. Ahora cuesta porque el jugador se prepara de otra manera. El jugador ha perdido independencia por cumplir en lo táctico”, afirma Jorge Contreras, uno de los últimos enganches clásicos del fútbol chileno. El Koke es un nostálgico de la posición, pero cree que ahora pocos son capaces de utilizarla.

De hecho, en Europa es un puesto invisible. Lo vivió Marcelo Carracedo hace más de 20 años. El ex Universidad Católica, en el inicio de su carrera, partió al fútbol alemán, donde tuvo que mutar. “Yo sigo creyendo en el enganche típico, tienes que tenerlo. Cuando yo fui a jugar a Alemania me ponían más por los costados. Pero un Riquelme en Europa tendría inconvenientes, tuvo que ser extremo en el Barcelona de Van Gaal. Cada vez se busca menos. Ellos (los enganches) manejaban los tiempos, podían retener la pelota, tenían variantes. Pero ahora se busca mucha intensidad, mucho desborde, y con un jugador así no saben donde ponerlo. Pellegrini lo hizo jugar a Riquelme, en otros puestos, pero con libertades. Y demostró que podía jugar en Europa a su gusto, pero porque se encontró con un entrenador latino. Lo que no le pasó a D’Alessandro en Europa, por ejemplo”, dice el rosarino.

En Europa sobran los casos de jugadores con características de creadores que se han desenvuelto en los costados. Xavi e Iniesta, en Barcelona, debieron jugar en una especie de trivote, mientras James Rodríguez e Isco en Real Madrid no encuentran su espacio y, cuando juegan, lo hacen más de extremos. En Brasil habían dos grandes promesas para calzarse la histórica 10 en esta década. Mientras Paulo Henrique Ganso ha deambulado en el Milan y en Sevilla sin éxito, Philippe Coutinho se ha consolidado como un mediapunta libre, determinante en los últimos metros tanto en la selección brasileña como en el Liverpool.

En España, este cambio de lugar del jugador creativo se da hace cerca de 20 años. “Lo viví yo. Valdano me hacía jugar en la parte delantera de un rombo, y fui al Mundial de 1994. Después tuve que acomodarme a jugar como extremo con perfil cambiado”, cuenta Felipe Miñambres, ex jugador de la década del 90 y actual director deportivo del Celta.

En el conjunto gallego un chileno se ha tenido que adaptar. Pablo Hernández pasó de ser enganche en O’Higgins a transformarse en un interior en el Celta. “Nosotros jugamos con un mediocentro como Díaz, y Tucu se ha tenido que adaptar a esa posición de interior, ya que tiene buen despliegue físico y cabezazo. Poco a poco ha entendido su función y la está llevando muy bien. Son ciclos y ahora toca que este puesto no esté en uso en España”, relata Miñambres.

Los creadores chilenos no están exentos de la necesidad de salirse del centro. “Tú ves que Valencia en Palestino puede ser perfectamente el enganche, pero decidió moverse a los costados porque si no era una referencia muy clara para el resto. O ves al Pájaro Valdés con la necesidad de retrasarse para tener un panorama más claro y no jugar tanto de espaldas, como lo hacía en su inicio”, apunta Olmos.

El ex seleccionador es firme en su posición opositora, a diferencia a dos melancólicos del puesto como Carracedo y Contreras: “Es posible que el uso del 10 en nuestro país, que provoca una menor intensidad en comparación a otros países, sea uno de los motivos por los que estemos en los últimos puestos sudamericanos a nivel de clubes”, afirma Olmos. En Chile, por lo menos, el puesto se niega a morir.

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