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A pesar de una caída en el ritmo anual de expansión, la economía china sigue creciendo a un 6,7% anual, según estimaciones oficiales para 2016. Pero el crecimiento urbano dejó atrás a millones de pobres en zonas rurales.



La pandemia del Covid-19 agregó dificultades a la vida del país. La información sobre lo que ocurre en otros países es suficientemente inquietante respecto de lo que puede pasarnos.

Las proyecciones del Ministerio de Salud indican que un número no menor de personas podría contraer el virus en nuestro país, y que por lo menos casi 50 mil de ellas estarían en situación de necesitar hospitalización. Hasta el momento las autoridades parecen estar actuando con diligencia, pero aún no llega el invierno a Chile, y más vale ponerse en el peor escenario. Será indispensable que el sector privado en general colabore con las autoridades en la máxima medida de sus posibilidades.

El gobierno enfrentará un reto del cual dependerá probablemente el juicio definitivo de los ciudadanos sobre su gestión. Todo estará supeditado a la cuestión vital de la respuesta que dé el Ministerio de Salud y el conjunto del aparato estatal a las nuevas necesidades. En este contexto, perderán relevancia las disputas políticas del último tiempo. Lo decisivo será el liderazgo del Ejecutivo para enfrentar la pandemia.

Quienes lo pierdan de vista y se resten de ese esfuerzo por cálculos de pequeña política, serán juzgados duramente por la comunidad. Sería irracional que algunos trataran de seguir socavando la autoridad presidencial en un momento en que se requiere defender un bien superior y favorecer la cooperación entre todos los sectores. Huelga decir que si se mantienen los actos de violencia de los últimos meses, ello será como atacar a Chile por la espalda. En esa lógica constituye una buena decisión el acuerdo a que han llegado, todas las fuerzas políticas, postergando el calendario de elecciones incluido el plebiscito, realismo que se agradece.

Si antes de la irrupción del coronavirus eran sombrías las proyecciones económicas para este año, ahora son definitivamente oscuras. Las pérdidas causadas por la suma de la crisis social y la pandemia en las 30 empresas del IPSA, el principal índice bursátil de nuestro país, se estiman en varios miles de millones de dólares, afectando en una alta proporción la capitalización en dólares que esas empresas tenían al 18 de octubre pasado, qué decir de los riesgos que corren nuestras pequeñas y medianas empresas y sus efectos dramáticos en la provisión de empleos.

El ministro de Hacienda advirtió que “se vienen meses complicados”, especialmente para las empresas más pequeñas y para sectores como el turismo, comercio y servicios, entre otros. Dijo que, a causa del coronavirus, durante un tiempo la economía funcionará a media máquina -con suerte- lo que se transmitirá al sector financiero. Agregó que muchas empresas interrumpirán su actividad.

Las estimaciones sobre el crecimiento de este año rondan hoy en torno a 0%, pero algunos economistas anticipan la posibilidad de recesión. En cualquier caso, todo apunta a que la suma de la violencia, el retroceso económico y la emergencia sanitaria puede causar serios estragos sociales. Lo más probable es que aumenten el desempleo, la pobreza y la marginalidad. Por ello el plan de emergencia y su financiamiento extraordinario es oportuno y muy probablemente no termine siendo el único anuncio.

Se necesitará mucha fuerza y mucha templanza de los líderes políticos para que el país pueda salir adelante. Ello exige un acuerdo básico de cooperación de todos los sectores.

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